martes, 12 de mayo de 2015

UPyD Y LA POLÍTICA MUNICIPAL. AGRADECIMIENTO A TANTOS.

“UPyD no ha nacido para hacer política municipal, no es algo prioritario. Todo lo que hagamos en política municipal debe estar supeditado a los objetivos políticos nacionales”. Esto fue lo que le dije a una compañera hace unos años en una reunión del Consejo Territorial de Andalucía en la que establecíamos prioridades y organizábamos el trabajo.
Aunque ya lo hice en su momento, hoy me toca reconocer públicamente mi error. Rocío, tenías razón, la política municipal no sólo es tan importante como el resto, sino que además se trata de un ámbito en el que UPyD puede, tan bien como en cualquier otro o incluso mejor, demostrar para qué existimos. Mientras el cargo de concejal de urbanismo en este país esté bajo sospecha, UPyD no es que sea necesario, es que es urgente.
Es cierto que la razón de nacer, el Manifiesto Fundacional de UPyD y las propuestas políticas que nos han identificado han tenido como objeto principal cuestiones de ámbito estatal, la regeneración democrática y revisión de la arquitectura política, administrativa, institucional y competencial que hace de España un Estado poco eficiente, cuando no verdaderamente un escollo para el desarrollo y la prosperidad de los españoles. Pero no lo es menos que la política local es uno de los ámbitos donde a falta de capacidad legislativa y posibilidad de impulsar las reformas necesarias, existe la posibilidad cierta, posiblemente la mejor, de poner en práctica las políticas de buen gobierno, de gestión responsable y enfoque profesional de la toma de decisiones. UPyD no es reconocido por tener un mejor criterio a la hora de diseñar el alumbrado público o planificar la política de movilidad de un pueblo o ciudad. No, definitivamente no están ahí nuestras señas de identidad. Pero sí lo están en la gestión profesional, en la despolitización de la administración que es la que permite que las decisiones más adecuadas en materia de alumbrado o movilidad las tomen los técnicos y no los políticos.
Es posible que no hayamos valorado lo suficiente, cuando no despreciado, a nuestros hombres y mujeres que en cada pueblo han defendido nuestras ideas con la sana ambición de mejorar la vida de sus vecinos desde la institución más cercana, desde la que más directamente afecta el día a día de los ciudadanos. No sé otros, pero yo siento la necesidad de pedir disculpas.
Pido disculpas a mi agrupación local de El Puerto de Santa María, en cuya vida no participo, por no hacerlo y por poner cara de tonto cuando me hablan de alguna persona del gobierno municipal a quien no conozco porque jamás me ha interesado la política municipal, porque jamás se me ha ocurrido comprar la prensa local ni ojear las noticias locales cuando llega a mis manos un diario en la cafetería.
Pido disculpas a todos esos afiliados que esperaban de las personas que hemos estado en puestos de dirección, mayor comprensión hacia sus intereses y motivaciones, de sus deseos de hacer política desde su ciudad, a esos afiliados aislados que en sus pueblos han tenido dificultades para llevar a la práctica sus deseos de hacer política muchas veces desanimados por nuestros inflexibles marcos organizativos. Pido disculpas por no haber considerado siempre importante lo que para vosotros era importante.
Pido disculpas por el bochornoso espectáculo que han dado y están dando afiliados mucho más significados, personas que tienen o tenían la responsabilidad de dar ejemplo, que estaban destinadas a afrontar objetivos superiores, y que en muchos casos han demostrado no merecer la confianza que les dimos desde órganos de dirección mientras se la negábamos a esos militantes anónimos que sí tenían claro para qué estaban aquí.
Hemos sido muy duros con nosotros mismos, y ahora, precisamente ahora, es el partido el que está en manos de todas esas personas generosas, entregadas, que no han redactado proposiciones no de ley, ni preguntas parlamentarias, ni analizado proyectos legislativos, ni escrito artículos grandilocuentes, personas que simplemente se han limitado a escuchar a sus vecinos, que han sido su voz y han buscado la forma de ofrecerles una solución a sus problemas o al menos la esperanza de un pueblo más habitable.
En estos momentos creo que son esos más de 9.000 candidatos la única verdad absoluta que hay en UPyD. Personas que han decidido poner su nombre en una lista electoral, hacer una campaña electoral en las condiciones más precarias que podamos imaginar, personas que están entregando altruistamente su tiempo y el de su familia para defender el proyecto político en el que creen. Personas que podrían haberse bajado del carro y montarse en otros caballos que aparentemente galopan más veloces, pero que han decidido que UPyD sigue siendo su mejor instrumento, el único instrumento cierto para mejorar la vida de los españoles.
A todos ellos hoy hay que mostrarles infinita gratitud, y hay que hacerlo con independencia de los resultados que se obtengan, que estoy seguro serán mucho mejores que las expectativas generadas en los últimos tiempos, porque en la mayor parte de los casos es mucho el trabajo que como hormiguitas llevan haciendo en sus localidades desde hace años, algo que ha de verse necesariamente recompensado.
Gracias por seguir al pie del cañón, por animarnos cuando vamos a animaros, por salir cada día a la calle a explicar a vuestros vecinos porqué UPyD merece su confianza. Gracias por entender que tenemos que hacer una campaña sin presupuesto. Gracias por darnos una opinión que demasiadas veces desoímos. Gracias por vuestra comprensión frente al demasiado frecuente sentimiento de orfandad. Gracias por ser nuestra voz donde no llega ni Twitter, ni Facebook. Gracias por compensar nuestras ausencias en radio y televisión. Gracias por vuestras palabras de aliento y crítica serena y constructiva. Gracias por complicaros la vida...
Gracias compañeros. No sé si os merecemos, no sé si nos merecemos, pero gracias. Mantenéis y mantendréis vivo y fuerte el único proyecto auténticamente regenerador que existe en la política española.
Como cantó Serrat: “Dios y mi canto saben a quién nombro tanto”.
 

jueves, 7 de mayo de 2015

EL FUTURO DE UPyD

Desde el batacazo electoral en Andalucía y la sonada crisis interna suscitada, corren caudalosos los otrora secos ríos de tinta sobre UPyD. No son pocos los que al albur de las negativas encuestas que se van conociendo auguran un negro futuro para el partido y pronostican su desaparición.

Llegados a este punto parece razonable identificar los elementos que los agoreros no tienen en cuenta, sin duda por desconocimiento de los pilares de este partido y confusión en las premisas sobre las que arman su argumentación.

UPyD no es un partido cosido por relaciones de poder ni clientelares. Dicho de otra forma, los hombres y mujeres que formamos UPyD no necesitamos a UPyD para vivir, tenemos nuestras profesiones, e incluso los que tienen una dependencia económica como los cargos públicos tienen un puesto de trabajo al que volver. Hasta los escasos empleados tienen un componente vocacional y convencimiento en el proyecto político que trasciende a la necesidad económica. Por esto, aun en el caso de que las encuestas no se equivocaran esta vez como se han venido equivocando históricamente salvo en las andaluzas, lo que significaría un hundimiento, una catarsis en cualquier otra organización, en UPyD no tendrá esos efectos.

¿Que tendremos que plegar velas y reducir la estructura? Por supuesto, como miles de empresas han debido de hacer en estos aciagos años, resistiendo, reinventándose, eliminando lo accesorio para mantener lo esencial. Lástima tener que decidir que muchas querellas criminales contra la corrupción y los corruptos tengan que pasar a ser accesorias, pero los votantes mandan, y demasiados nos han dado la espalda en Andalucía impidiendo que sigamos en esa lucha, y los bancos, que mandan más, al menos en este país, han dejado de darnos crédito. Por suerte centenares de ciudadanos con sus donativos van a permitir que algunas vuelvan a ser esenciales. La crisis económica se ha llevado por delante a muchas de empresas pero ha hecho más fuertes, resistentes y mejores a otras tantas. ¿Acaso hay empresa más noble y necesaria que defender a los españoles, incluso de nosotros mismos?. 

No obstante UPyD no es una empresa mercantil, no tiene que reinventarse, ni adaptarse al mercado, a lo que busca el consumidor. Este verano tendremos un Congreso en el que lo revisaremos todo, desde las tácticas, a las estrategias políticas y a las personas encargadas de diseñarlas y ejecutarlas. Todo estará en revisión, pero si de algo podemos estar seguros es que no nos preguntaremos si querremos dejar de ser UPyD. Dejar de ser UPyD no es dejar de ser un partido, con un CIF, una dirección, unos estatutos y unos representantes, dejar de ser UPyD es renunciar a defender las reformas políticas que estamos convencidos que España necesita. UPyD no es otra cosa que sus objetivos políticos y su forma de comportarse y mientras sus objetivos políticos no los defienda nadie, y créanme, nadie los defiende, y nuestra forma ejemplar de comportamiento democrático no sea la norma, podremos ser 10.000, 5.000 o 500, pero habrá UPyD para rato y para Rato.

UPyD nació para regenerar la democracia, para reformar el modelo territorial, para modernizar nuestras instituciones y hacerlas homologables a las de los países que funcionan, para propiciar las reformas estructurales que permitan acabar con el despilfarro y las duplicidades, las que permitan poner el dinero donde hay que ponerlo, en la protección social, en la investigación y el desarrollo, en la educación y por supuesto en los bolsillos de los ciudadanos y en las cuentas corrientes de las empresas que crean riqueza y empleo. Y esas cosas que hay que hacer nadie está dispuesto a hacerlas.

Por lo tanto, que nadie espera una desbandada, sean los resultados los que sean. Que nadie espere que tiremos la toalla los miles de españoles que un día decidimos pasar de las musas al teatro, de la queja vana a la acción, del lamento en el desierto a la proposición no de ley o las iniciativas legislativas. Este partido está conformado por personas resistentes, personas que ya han demostrado saber soportar la soledad, la incomprensión, la amenaza, el desapego, el aislamiento…, todo eso que nos hizo más fuertes. No me cabe ninguna duda de que la travesía del desierto que le queda pasar a UPyD será importante, pero llevamos él mejor de los víveres: la determinación, y en cantidades ingentes.

UPyD no va a desaparecer porque este partido tiene alma. Y no, el alma no es ese elemento sentimental, pasional, que enardece a los humanos en torno a clubs, cofradías, sectas, conjuntos musicales, peñas o hermandades, ni mucho menos. Esa identificación emocional no la hemos generado, no tenemos símbolos a los que aferrarnos, no nos erizan la piel los acordes de un himno, ni la añoranza de un pasado heroico. El alma de UPyD son sus razones. Alma y razón, difícil combinación, aparentemente antagónicas, ¿pero es que acaso no es la razón el alma de los hombres libres?

Cuando en UPyD decimos que somos de verdad nos referimos a esto. No hay impostura, no hay marketing (pardiez!, si hubiera habido algo más de marketing...), no hay teatro, no hay representación, no hay disimulo. Hay razones, determinación y convencimiento de hacer lo correcto. Y les puedo asegurar que un hombre libre, con la determinación y el convencimiento de hacer lo correcto es imbatible. Imagínense 10.000.

UPyD no va a desaparecer porque no tiene prisas. Las prisas por encontrar una senda de desarrollo y progreso la debería tener este país, pero a ella deben llegar los españoles por sus propios medios, y está claro que han decidido usar el del ensayo y error. Los españoles tienen el derecho a equivocarse las veces que necesiten equivocarse, y nosotros no podemos hacer otra cosa que advertirlo, aunque resultemos desagradables, prepotentes, incómodos, molestos e incluso odiosos. En este país en el que la envidia es el pecado nacional no podemos esperar otra cosa, ni evitarlo. Les aseguro que no hay prisas. Los que tenían prisas ya han desembarcado o están a punto de hacerlo. Sólo estamos viviendo las primeras secuencias del largometraje que decidimos protagonizar hace siete años y medio. Queda película y la trama tiene que dar giros inesperados, posiblemente más de uno, más de dos y más de tres aún. ¿Y si el asesino no es el mayordomo?

Y por último, UPyD no va a desaparecer porque en estas próximas elecciones muchos ciudadanos van a valorar el trabajo incansable que en sus pueblos y ciudades han llevado a cabo las personas de UPyD. Muchos van a depositar su confianza en personas de verdad, no en siglas que representan globos de indignación, monstruos de Frankentein cosidos con retales de cadáveres de la vieja política, sumas de proyectos individuales sin objetivo nacional, y mucho menos van a confiar en quienes llevan 3 décadas engañando y robando en nuestras narices.
 
 

lunes, 30 de marzo de 2015

VISTALEGRE CUATRO AÑOS DESPUÉS

El próximo viernes se cumplen 4 años del acto organizado por UPyD en Vistalegre con motivo de la presentación de los candidatos que concurrieron en las elecciones locales y autonómicas de mayo de 2011.

Aquel fue un acto muy importante para UPyD, no por el número de personas que reunió, sino por lo que tuvo de ceremonia de autoafirmación y reivindicación de un proyecto nacional, que en su mayoría de edad mostraba su capacidad para concurrir a las elecciones en numerosos municipios, todas las capitales de provincia y comunidades autónomas, presentando un total 322 candidaturas y 7.171 candidatos en toda España.

En aquel acto hubo intervenciones memorables, como la de Álvaro Pombo, la de José Luis Alonso de Santos, la de Toni Cantó, la de Luis de Velasco, la de la propia Rosa Diez…, pero quiero hacer mención especial a la de Fernando Iwasaki, que a  mi modo de ver situó a los candidatos y a todos nosotros frente al espejo del partido que hicimos nacer en 2007. (https://www.youtube.com/watch?v=TIUOEXvYHD8). Iwasaki soltó algunas perlas que hoy convendría recordar: “UPyD nació con vocación pedagógica y no con vocación de bisagra”. Esto de la vocación pedagógica debería ser refrescado a los que tienen tanta prisa. Deberíamos tener claro que sin pedagogía previa no obtendremos logros políticos. Nuestro producto, nuestro discurso, nuestro objetivo no es cómodo, no es fácil de digerir sin una necesaria labor pedagógica previa. Ya sabemos que hemos hecho mucha pedagogía, pero evidentemente no ha sido suficiente. Mucha más es la que nos queda por hacer.

Pero de todo lo que dijo Fernando Iwasaki, quizá lo más importante fue la identificación explícita de nuestros valores, algo que muchos suponíamos que todos teníamos asumidos, y que a la larga se ha mostrado que no era del todo así. Fernando dijo: “UPyD nació para defender principios y no para pastelear con ellos”. Esto como proclama discursiva queda muy bien, y uno piensa que es sencillo de entender y de llevar a la práctica, pero la tozuda realidad nos ha enseñado que no lo es tanto.

Cometimos un error de simplificación imperdonable el día que señalamos como objetivo político romper el bipartidismo. Algunos se quedaron en esa superficie, y no entendieron que no se trataba de eso, o al menos no sólo se trataba de eso. Si se tratara de eso, desde luego lo mejor que podemos hacer hoy sería pactar con Ciudadanos o con Podemos. De lo que se trataba es de regenerar la democracia, de cambiar los vicios, las formas y los modos de la política española, de defender la libertad y la igualdad desde la honradez y de desterrar la corrupción moral, esa que no persiguen los jueces porque no es delito, esa que sólo podemos perseguir los ciudadanos con nuestro comportamiento diario. Y en este empeño los planteamientos ideológicos pasan a un segundo lugar. Tenemos mucho más que ver con quienes tienen claro el valor de la democracia, de la ley, de la palabra dada, de la rendición de cuentas, de la transparencia, de la lucha pasiva y activa contra la corrupción aunque podamos diferir en propuestas programáticas que con quienes esto no lo tienen claro, aunque podamos coincidir en más puntos.

El problema es que la afirmación “venimos a defender principios no a pastelear con ellos”, es tan simple que no se puede aprender. Podemos aprender y aprender a explicar qué significa eso de la transversalidad, de que no somos ni de izquierdas ni de derechas, de hecho nuestros cargos públicos, portavoces y candidatos, llevan 7 años sometidos a un férreo entrenamiento en la materia y ya tienen adquiridas como resortes todas las posibles respuestas. Podemos aprender qué significa nuestro modelo de estado federal cooperativo. A algunos les ha costado más que a otros entenderlo y explicarlo, pero en términos generales lo hemos conseguido, al menos creo que nosotros lo tenemos claro, aunque muchos ciudadanos sigan sin verlo (más pedagogía hace falta). Podemos explicar nuestra propuesta de reforma de la administración, de fusión de municipios, de supresión de las diputaciones. Escribimos un libro sobre el coste del estado autonómico, hicimos propuestas concretas de fusión municipal, y fuimos capaces de explicar a los ciudadanos que no van a perder su pueblo, que se trata sólo de reorganizar la Administración. Los nuestros supieron entenderlo, y si alguno sigue albergando dudas, ahí tienen a Ramón Marcos para aclarárselas. Supimos aprender y por tanto explicar cuál es nuestra propuesta de contrato único indefinido o la de la ley de segunda oportunidad para los hipotecados. Nuestro diputado Álvaro Anchuelo las desarrolló, documentó y justificó perfectamente y ahí están, a disposición de los ciudadanos y de nuestros portavoces y representantes para entenderlas y explicarlas. Supimos explicar en qué consistía la falacia del derecho a decidir. En una intervención memorable de nuestra portavoz Rosa Díez en el Congreso, fuimos capaces de que la entendieran todos los demócratas y que incluso la votaran aunque fuera a regañadientes la inmensa mayoría de los representantes de los españoles. Pudimos entender, porque Toni Cantó lo entendió y nos lo supo explicar, que los animales no tienen derechos, que somos las personas las que tenemos los derechos y por tanto la obligación de no maltratarlos. Por aprender, incluso se puede aprender cómo funciona el mercado eléctrico en este país, cómo se confecciona el precio de la electricidad y como sigue siendo necesario auditar la forma en que se establece la estructura de costes. A Carlos Martínez Gorriarán, profesor de filosofía, no ingeniero industrial ni economista, le ha llevado un buen tiempo entenderlo y explicarlo, pero hoy posiblemente es una de las voces más autorizadas en la materia.

Se pueden aprender y entender muchas cosas, claro que se puede. Pero eso de que con los principios no se pastelea no se aprende en ninguna parte. Eso debemos tenerlo incorporado de fábrica, eso es algo que o lo traemos interiorizado desde niños, o ningún aprendizaje, ningún ensayo teatral, ninguna regla nemotécnica, ningún recitado como si de un loro se tratara lo puede lograr.

UPyD no es un conjunto de puristas jacobinos como algunos nos retratan. No somos ninguna élite moral, simplemente somos como hemos decidido ser, como nos hemos obligado a ser. Tenemos una enorme capacidad de llegar a pactos, de hacer cesiones para alcanzar acuerdos en todas aquellas materias en que sea posible hacerlo. Hemos pactado iniciativas parlamentarias con el PP, con el PSOE con Izquierda Plural, con ERC, con CiU, con el PNV… Somos gente de orden, de sentido común, con los pies en el suelo y pragmáticos en la medida de lo posible y necesario. Pero hacer pactos electorales previos con quienes no compartes principios morales y democráticos básicos, esos que no se dicen, que no se pueden impostar, que no se pueden explicar, esos que sólo se muestran con el comportamiento, eso no es posible. Y esto es algo que se entiende o no se entiende. Son de esas cosas que si para entenderlas hace falta más de una palabra, no merece la pena explicarlo.

Sobra decir que afrontamos estas próximas elecciones con una crisis interna de dimensiones considerables, pero no me engaño si digo que a este partido le queda mucha guerra por dar. Quienes auguran nuestra desaparición son ajenos al carácter indestructible de la moral de los que sabemos que hacemos lo correcto. El mortero que aglutina las piezas de UPyD no es el interés económico, ni el afán de protagonismo, ni la necesidad de alimentar miradas de correligionarios, ni el estar por estar, nuestro mortero es el más potente de todos, la convicción de saber que somos necesarios, que este país no puede permitirse prescindir del único partido insobornable, que pone en riesgo su propia existencia por defender lo que nadie defiende.

Acabo como empecé, recordando a Fernando Iwasaki en Vistalegre hace un año. Él no hizo una arenga política al uso, habló de valores, proclamó los de UPyD y reivindicó la rectitud, la decencia y la honestidad como esas señas de identidad que nunca debemos perder. Culminó su intervención diciendo que los adversarios nos pueden indignar, pero no nos pueden avergonzar, porque no son de los nuestros, que sólo los nuestros pueden hacerlo, que sólo uno de los nuestros puede arrasarnos de vergüenza a todos.

Él se dirigía a nuestros candidatos de entonces, miles de hombres y mujeres, anónimos para la mayoría, y para los que cabía la posibilidad cierta de la duda. Pasado cuatro años, puedo decir que ninguno de nuestros 152 concejales y 17 diputados en el País Vasco, Asturias, Madrid, Congreso y Parlamento Europeo me ha avergonzado. No me avergonzó nuestra concejala en Cartaya ni nuestros concejales en Armilla, que fueron expedientados por mantener pactos postelectorales encubiertos con la fuerza más votada de su municipio, en ambos casos el Partido Popular, desoyendo las directrices de la Dirección y defraudando la palabra dada a los ciudadanos (en el caso de Cartaya el detonante fue su voto favorable a la privatización de la gestión del agua). Ni siquiera ellos me avergonzaron; me defraudaron, me decepcionaron, pero no me avergonzaron. Ese triste honor de avergonzarme lo están consiguiendo otros mucho más significados en estos últimos meses y días, negando la transparencia, mintiendo y practicando la vieja política que vinimos a cambiar.
 
 

martes, 24 de marzo de 2015

UPyD TRAS LAS ELECCIONES ANDALUZAS: HECHOS, CONJETURAS, RESPONSABILIDADES Y CONSECUENCIAS


Los resultados electorales para UPyD en las pasadas elecciones andaluzas han sido nefastos. Obtener apenas algo más de la mitad de los votos que en 2012 y llegar a un 1,9% no puede calificarse de otra forma.
Hay muchas formas de analizar y explicar estos resultados. Yo les propongo una de ellas.
Empecemos por los hechos:
Es un hecho que UPyD ha enfatizado en su campaña su lucha contra la corrupción, y es un hecho que el PSOE ha revalidado sus resultados pese a ser padre y madre de la desoladora corrupción andaluza, por lo que cabría deducir que la corrupción no es un problema que preocupe mucho a los andaluces, o al menos no lo suficiente.
Es un hecho que aunque las posiciones políticas y el comportamiento como partidos de UPyD y Ciudadanos son muy diferentes, a la vista y entender de mucha gente, de muchos líderes de opinión mediática y una parte nada desdeñable de afiliados y simpatizantes de una y otra formación sí tienen mucho en común, y en cualquier caso ocupan un mismo espacio político, por lo que compiten por el mismo perfil de votante: ciudadanos políticamente centrados, que buscan estabilidad, que temen aventuras neocomunistas, pero han decidido no perdonar la corrupción bipartidista, al menos esta vez.
Es  un hecho que Albert Rivera es un líder carismático, joven, bien parecido, con buen verbo y que cae bien a la mayoría (el yerno perfecto).
Es un hecho que Rosa Díez es una política veterana, que militó en el PSOE y con 30 años a sus espaldas.
Es un hecho que Ciudadanos no ha planteado en el Parlamento catalán medidas concretas y radicales contra la corrupción ni denunciado en los tribunales los numerosos casos de corrupción que salpican a los Pujol, CiU y otros.
Es un hecho que UPyD no hace otra cosa y se ha gastado ya más de 250.000 en querellas.
Es un hecho que Martín de la Herrán es un joven abogado muy preparado, que ha denunciado implacablemente la corrupción y ha estado haciendo propuestas políticas durante tres años, que sigue viviendo de su actividad profesional y forma parte del proyecto político UPyD como voluntario.
Es un hecho que Juan Marín es relojero, líder de la asociación de comerciantes de Sanlúcar, que ha pasado por el PP, PA y lleva 8 años como teniente de alcalde en Sanlúcar con su partido local CIS sosteniendo al PSOE en la alcaldía y formando parte del gobierno municipal.
Es un hecho que en el único debate televisado en que participaron ambos a juicio de la prensa fue Martín de la Herrán el que lo protagonizó y ganó con rotundidad.
Es un hecho que UPyD se ha gastado 125.000 € en la campaña y Cs 200.000 oficialmente.
Es un hecho que la campaña de UPyD ha sido felicitada por numerosos periodistas especializados de distintos medios como innovadora, original y muy atractiva.
Es un hecho que desde hace más dos meses Albert Rivera (Ciudadanos no es otra cosa), ha ocupado decenas de portadas y cabeceras en medios impresos y digitales nacionales, varios publirreportajes y muchas entrevistas en prime time en todas las cadenas generalistas de televisión y radio nacionales.
Es un hecho que UPyD en 7,5 años ha gozado de tres portadas, a raíz de sus dos congresos y de la salida de Sosa Wagner.
Es un hecho que la cobertura mediática dada a la campaña de Ciudadanos ha sido mucho más intensa y sistemática que la dada a UPyD para quienes algunos medios ni existía.
 
Hay muchos más hechos, podríamos seguir, pero mejor lo dejamos aquí. Ahora vamos al terreno de las posibilidades, de las conjeturas, de las suposiciones, porque de alguna forma hay que llamar a esas cosas que se saben pero no se pueden demostrar, por lo que es juicioso escribirlas con cautela.
Quizá, sólo quizá, la oligarquía económica catalana y española está muy preocupada con la deriva secesionista catalana.
Quizá, sólo quizá, la oligarquía económica española está muy asustada con que el experimento de Arriola y el Grupo Planeta para desgastar al PSOE se les haya ido de las manos, y haya crecido tanto que pone en verdadero riesgo la estabilidad del país.
Quizá, sólo quizá, los propietarios de los hilos que mueven las marionetas de los medios se han dado cuenta que el PP y PSC no tienen ninguna posibilidad de crecer y ser verdaderamente decisivos en Cataluña.
Quizá, sólo quizá, Isidro Fainé (Caixabank y Repsol), prohombre del IBEX 35 y otros hayan pergeñado una solución posibilista a ambas preocupaciones.
Quizá, sólo quizá, ya exista en la mesa un pacto PP-PSOE-CiU-Ciudadanos sobre la base de dotar a Cataluña de un régimen fiscal privilegiado, una especie de derecho foral catalán del siglo XXI y otros gestos más simbólicos como llevar el Senado a Barcelona.
Quizá, sólo quizá, para que ese pacto sea posible Ciudadanos debe crecer y tener un importante peso en el parlamento catalán y español.
Quizá, sólo quizá, este pacto no se puede hacer público hasta que pasen las catalanas y las generales.
Quizá sólo quizá, el episodio del Pub Kitty sólo es un prólogo berlanguiano de esta historia.
Quizá, sólo quizá, a UPyD también le plantearon inicialmente esa salida posibilista a la crisis catalana, y quizá UPyD dijera que no, porque es un hecho que entre los principios de UPyD está considerar que todos los ciudadanos españoles deben tener los mismos derechos y obligaciones fiscales, que deben atender a sus condiciones económicas personales y no al territorio en el que vivan.
Quizá, sólo quizá, esos hombres de negocios metidos a estadistas de balances de resultados y reparto de dividendos, entendieron que UPyD sería una molesta incomodidad para llevar a cabo su plan, y una UPyD fuerte con 30 ó 40 diputados nacionales y presencia en todas las CCAA, algo más que una molesta incomodidad, posiblemente un serio obstáculo.
Quizá, sólo quizá, sólo hace falta un chasquido de dedos de quienes tienen el poder económico para conseguir decenas de portadas, entrevistas en prime time y publirreportajes en todos los medios y a todas horas.
Quizá, sólo quizá, sólo hacen falta esas portadas, entrevistas en prime time y publirreportajes, para obtener 9 diputados, igual que sólo hace falta una tupida red clientelar y gritar como una frutera de barriada “yo zoy Andalucía” para conseguir 47.
Quizá, sólo quizá, sólo hace falta repetir el mantra: “Albert Rivera es joven y tienen grandes ideas regeneradoras y Rosa Diez es una vieja ególatra anclada a su poltrona que no deja paso a las nuevas generaciones” para que lo acabe comprando una buen parte de la sociedad y afiliados del propio partido.
Quizá, sólo quizá, a falta de ERE,s, Gúrteles, Bárcenas, financiación por países extranjeros, a falta de al menos un solo caso de corrupción o algún lío de faldas, señalar como punto flaco de UPyD la veteranía y la experiencia de su líder no sea demasiado difícil repitiendo incansablemente y convenciendo a la sociedad de que ese es el verdadero problema.
Quizá, sólo quizá, el interés de un pacto UPyD y Ciudadanos no sea inocente, aunque sí puede haber sido asumido por mucha bienintencionada gente que crea que la suma de 1 litro de vino y 1 litro de agua producen 2 litros de vino, y no dos litros de vino aguado.
 
Saquen sus conclusiones, y permítanme que volvamos a los hechos.

Existe una enorme presión, continua y sostenida en el tiempo desde hace mucho tiempo, para conseguir que UPyD se disuelva en Ciudadanos, o para que lleguen a un pacto preelectoral, o para que concurran juntos buscando lo que “les une”. La pregunta que debemos hacernos es si es posible mantener los principios, la determinación de luchar sin cálculos contra la corrupción, por la reforma sensata del Estado, por la igualdad de los ciudadanos con independencia de la parte de España en la que vivan, y por los derechos sociales, si es posible mantener la autonomía y la independencia de UPyD, tras ese posible pacto.
No seré yo quien diga que muchos de los afiliados y cargos públicos de UPyD que han hecho un trabajo impresionante durante años por el partido si lo creen. Y no seré yo quien diga que han renunciado a sus principios por el hecho de que vean bien esta posibilidad. Ni lo digo ni lo creo.
Sí creo que algunos creen que las ideas se defienden mejor estando que no estando, aunque para estar haya que renunciar a parte de esos principios. Muchos se han apuntado también a la teoría del mal llamado mal menor, del pragmatismo posibilista. Muchos creen que esta guerra está perdida y han decidido tirar la toalla. Muchos con toda su buena voluntad creen que UPyD está muerto si no claudica. Pero nadie puede salir de una alcantarilla sin mancharse, incluso haciéndolo ya no merecería la pena, porque no es posible defender lo que hay que defender, mantener sostenidamente la batalla que hace siete años y medio decidimos emprender dejando el alma por el camino. El fin nunca justifica los medios, en este caso menos que nunca. Si el objetivo de UPyD hubiera sido puramente electoral, ganar elecciones, habríamos construido un partido muy distinto a éste, habríamos hecho cosas diferentes a las que hemos hecho, habríamos tejido también nuestra red clientelar, habríamos entrado en los juegos del poder, nos habríamos cuidado de no pisar ciertos callos, no habríamos intentado meter a Rato en la cárcel...
Sí creo que hay quien cree que es posible ese pacto sin renunciar a los valores y principios de UPyD, algún osado incluso cree que podríamos influir en ellos y corregirlos, hacerles compartir nuestros valores, reeducarlos. Eso es para nota, y hacer gala de una ingenuidad infantil. Nadie puede competir con un trilero jugando al trile y pensar que va a ganar. En ese terreno son maestros los que llevan décadas jugando a la política local, a la rancia política ibérica del cacique, apaños y tejemanejes en los reservados del mejor restaurante del pueblo.
UPyD está genéticamente diseñado para filtrar la corrupción, para evitar caer en malas manos. Eso nos ha hecho crecer lento o no crecer, maltratar, a veces injustamente, a muchos afiliados que querían representar nuestras siglas en sus pueblos y tenían prisa por hacerlo, eso nos ha hecho decir que NO a afiliaciones masivas, a listas completas de cabreados con sus anteriores partidos, a tránsfugas… Eso nos llevó a hacer justo lo contrario que ha hecho Ciudadanos. Quizá nuestra política preventiva ha sido uno de nuestros  errores, es posible, pero si hoy podemos decir 7 años 0 corruptos ha sido gracias a ello, y no tenemos la culpa que para el electorado andaluz y seguro que el español, eso no sea un plus electoral.
Este domingo estuve como apoderado en El Puerto de Santa María visitando en ruta 5 colegios electorales. En cada uno de ellos había 2 o 3 apoderados de Cs, miembros de la base social de Independientes Portuenses, partido que durante 11 años estuvo saqueando el ayuntamiento y acabó con un alcalde entre rejas y varios concejales condenados. ¿Alguien en su sano juicio puede pensar que los afiliados de UPyD tendrían la posibilidad de ganar algún proceso de primarias ante tamaña red clientelar interna? Hasta los propios afiliados de Cs que han llegado individualmente han catado ya como se gesta la democracia interna cuando tienes 150 militantes que a la voz de ya votan al jefe; y lo que les queda por catar, ahora que los jefes van a tener presupuesto.
No soy conspiranoico, todo lo contrario, pero tampoco creo en las casualidades. Claro que no creo que toda la prensa y periodistas de relumbrón que abogan por el pacto Cs-UPyD estén en el enjuague de Planeta, Prisa, Vocento y sus propietarios, los dueños del dinero. Algunos como Pedro J. están porque no soportan la idea de no influir, de no tener parte del timón de la política española como desde hace décadas ha tenido, y quieren influir en esa tercera vía que desean, que todos deseamos, aunque sea una nueva vía circular que lleva al mismo punto del que partimos con distintos protagonistas y los mismos lamentables métodos y formas. Otros como Arcadi Espada o Santiago González están donde están por antiguas filias y fobias personales, miserias y grandezas del ser humano.

Vamos a hablar de asumir responsabilidades, pues así es como se le llama en el diccionario de lo políticamente correcto del mundo occidental a dimitir cuando se pierden elecciones, y más cuando se pierden de una forma tan estrepitosa. Pero en este caso, con este panorama, ¿cuál sería la verdadera forma de asumir responsabilidades? ¿Huyendo? ¿Dejando el partido en manos de los posibilistas pragmáticos?  ¿Eso sería asumir responsabilidades?
La responsabilidad es hacer lo necesario por mantener el rumbo y el barco a flote. Personalmente me encantaría que hubiera una persona joven y capaz que pudiera hacerlo mejor que Rosa Díez. Alguien con la determinación de dar la batalla que hay que dar con el nivel de exigencia que hay que darla. Estoy seguro que más pronto que tarde esa persona surgirá, pero a día de hoy no la conozco. Rosa sí lo puede hacer, ha dado ejemplo muchas veces y lo seguirá dando.
Asumir responsabilidades era decir NO al chantaje del terror, y defender la libertad y la democracia donde había que hacerlo y cuando había que hacerlo, sabiendo que ponía en riesgo su vida. Asumir responsabilidades era decir NO a un apacible retiro dorado y muy bien pagado en el parlamento europeo en la acogedora casa socialista y salir al frío exterior a jugársela para seguir defendiendo sus principios: la igualdad de todos los ciudadanos y la democracia. Asumir responsabilidades ahora es decir NO a quienes la aconsejan echarse a un lado o le piden que entregue las llaves al telegénico Albert, quedándose como venerable madre política a cama y sueldo de la nueva España diseñada por los señores del IBEX, y en vez de eso gestionar la enésima crisis de un partido pequeño, que quizá se convierta en más pequeño, en el que posiblemente se producirá una sangría de militantes desencantados, que quizá durante un tiempo llegue a ese estado de irrelevancia mediática pronosticado por el gran estadista Enrique Calvet. Digo irrelevancia mediática porque irrelevancia política desde luego no es un término adecuado para quien ha marcado la agenda política española, sabiendo anticiparse a los acontecimientos. Y por cierto, irrelevancia mediática ya la hemos sufrido aun habiendo sido la cuarta fuerza política en las anteriores elecciones. ¿Y si resulta que los cupones de la rifa de la relevancia o irrelevancia mediática se reparten en la Torre Agbar, en Torre Picasso o en el paseo de Pereda de Santander?
Asumir responsabilidades también es mantener vivo el proyecto político que justificó el nacimiento de UPyD y no prostituirlo, mantenerlo vivo y preparado para estar ahí cuando el pueblo español sufra su próxima decepción (es lo que tiene votar por aproximación). La madera de la que están hechas las balsas de Podemos y Ciudadanos no es buena para la travesía que se proponen, harán agua, y euros, más pronto que tarde y ahí estaremos para seguir insistiendo a la ciudadanía que las soluciones de UPyD son las soluciones adecuadas. Si en 2007 fuimos capaces de nacer y en 2008 de abrir una pequeña grieta en el muro bipartidista, la situación hoy, pese a las deserciones, pese a la sangría de desencantados, afiliados y diputados con prisas, o eurodiputados felones es infinitamente mejor. Quisiéramos que fuera mejor aún, pero es la que es y a ella tenemos que adaptarnos los que queramos seguir defendiendo aquello que nos trajo aquí.
Lo que no es asumir responsabilidades es atender al sólido argumento político: “Albert es joven y a la gente le gusta, Rosa es vieja y a la gente no le gusta”. Ante tamaño ejercicio intelectual, por cierto, que es ese mismo ejercicio que produce Susanas, Bonillas, Garzones, o Pdr Snchzs, poco podemos hacer salvo recordar que se trata de gestionar un país, no de ganar Gran Hermano.
Pensándolo bien Rosa no tiene motivos para quejarse, a fin de cuentas solo es víctima de una campaña que la ha vendido como vieja, ególatra y autoritaria, campaña que les está funcionando aunque no tenga nada que ver con la realidad. Los que se empeñan en difíciles objetivos como ella, en Rusia acaban enfermos por masticar polonio, en Venezuela en la cárcel acusados de golpistas y en argentina suicidados en sus habitaciones. Definitivamente, no debe quejarse…

Permítanme que para acabar les haga una confesión: Esto de la política es muy cansado.
Nos llevamos sinsabores como el de este pasado domingo, tenemos que soportar la incomprensión de propios y extraños, las permanentes presiones, los dimes y diretes, los ataques gratuitos, la despiadada exigencia de resultados que se escapan a lo que está en nuestras manos…
Si alguien piensa que es que no tenemos mejor cosa que hacer está muy equivocado. Lo que tenemos es un sentido de la responsabilidad social que nos obliga a estar aquí. Y créanme, ojalá no fuera necesario. Ojalá pudiéramos disolver UPyD mañana mismo.
En la partida de nacimiento de UPyD, su manifiesto fundacional, ya incluimos su acta de defunción, sin poner la fecha, porque ni la sabíamos ni la sabemos, pero la incluíamos ¿cómo?. Pues incluyendo un compromiso que no verán escrito a ningún otro partido. Exactamente dice: “UPyD sólo aspira a existir mientras sea necesario para resolver los problemas que nos preocupan”. Así es, y eso es así porque somos un partido instrumental, nacido para mejorar la vida de las personas, para regenerar la política y lograr unos objetivos políticos, no para perpetuarse, no para ser un fin en sí mismo, no para convertirse en una agencia de colocación, no para ganar elecciones como sea.
¿Le podemos poner fecha a nuestra acta de defunción? ¿Ustedes creen? Les juro que personalmente estaría encantado.
Me encantaría que PP o PSOE, que tienen fuerza, enorme estructura, decenas de miles de afiliados, decidieran hacer por nosotros lo que hay que hacer. Me encantaría que nos hicieran innecesarios, que decidieran dignificar la política, revisar la arquitectura territorial, el marco competencial para hacer de España un país viable y de Andalucía una región de éxito, me encantaría que despolitizaran la justicia, que fueran transparentes, que tomaran las medidas legislativas para erradicar de una vez por todas la corrupción en vez de ampararla. ¡Claro que me encantaría que nos hicieran innecesarios! Así nos liquidarían mañana mismo.
Me encantaría que Podemos planteara soluciones sensatas, desde el conocimiento y el rigor, y no desde el populismo y las ideologías trasnochadas, que solo han traído miseria y dolor a la Humanidad donde quiera que se han probado. Me gustaría que Ciudadanos tuviera principios, que no ampararan la corrupción moral, o el transfuguismo, que no pensaran que los inmigrantes sin papeles no tienen derecho a la sanidad, o que los habitantes de ciertos territorios deben tener una fiscalidad distinta al resto, me gustaría que creyeran que la educación o la sanidad deben ser recuperadas por el Estado como políticas básicas que han de garantizarse por aquel que proclama el derecho y debe velar por él en toda España. Me gustaría que supieran, como nosotros sabemos, que el fin nunca justifica los medios… ¡Claro que me gustaría que no hiciéramos falta, que pudiéramos retirarnos y dejar a otros hacer todo eso que hay que hacer!
¿Pero se acostarían ustedes tranquilos sabiendo que han dejado el grifo abierto o el fuego de la cocina encendido? ¿Se acostarían ustedes tranquilos dejando a sus hijos con un chimpancé borracho y una pistola? ¿A que no?
Pues eso nos pasa a algunos, y nos debería pasar a todas las mujeres y hombres de UPyD, que no nos podemos acostar tranquilos viendo a España hecha unos zorros y sin nadie dispuesto a tomar las medidas que hay que tomar. La conciencia es una pesada carga que algunos no tienen que llevar, pueden andar por la vida libre de ese lastre, pero otros si la tenemos, y los que la tenemos, cuando nos levantamos por la mañana y nos miramos al espejo necesitamos saber que estamos haciendo lo correcto. No nos podemos perdonar la desidia, el pasar, el “ya se arreglara”, el “qué más da”.
Y es que no sé si han reparado, pero miren ustedes ahí fuera, echen un vistazo, España está llena de niños. Sí de niños que merecen un futuro, que merecen un futuro en un país normal. En un país en el que el paro esté en el 5%, igual que el fracaso escolar, igual que el crecimiento, igual que la inversión en I+D, en el 5%. Un país en el que los inmorales no nos gobiernen, en el que los delincuentes acaben en la cárcel y los mentirosos ni sean presidentes del gobierno ni de una comunidad de vecinos, un país que proteja a las personas de bien y no a los corruptos, un país que ofrezca oportunidades de una vida normal a la gente normal.
¡Pues claro que no podemos dejar de existir, ni podemos disolvernos en otra cosa y renunciar a lo que hemos venido a hacer! ¡Pues claro que vamos a seguir dando guerra, toda la guerra del mundo hasta conseguir estos objetivos!
Está por ver si seremos los 10.000 de ahora, 5.000 o 2.000, pero los que seamos debemos tener clara la guerra en la que estamos, las dificultades del empeño y tener una resistencia al desaliento que más quisieran los del Betis o el Atlético de Madrid. ¿Nos vamos a echar a llorar? En este pequeño partido hay miles de hombres y mujeres que no saben echarse a llorar, que han decido pasar a la acción, cambiar la barra del bar, el sofá de casa, la barbacoa del domingo por trabajo en positivo, por el debate sano, por la reflexión política, por las propuestas en los parlamentos que contribuyan a mejorar la vida de las personas, o al menos a retratar en su ignominia a quienes no hacen otra cosa que pensar en sí mismos o sus partidos, en sus chiringuitos y pequeñeces.

Una última confesión; los políticos que usan su poder político para hacer negocios me repugnan, pero los hombres de negocio que usan su poder económico para hacer política me aterran.

miércoles, 21 de enero de 2015

ES POSIBLE

Es posible....

Un país normal es posible.

Un país en el que las cifras de desempleo estén en el entorno a la media europea y no en más del doble es posible.

Un país cuyo presidente no mienta y su gobierno no nos avergüence es posible.

Un país en el que la justicia sea independiente de los partidos políticos en el poder es posible.

Un país en el que para sus representantes políticos el interés general esté por encima de los intereses partidistas y personales es posible.

Un país en el que las instituciones sean las justas y necesarias, y estén a servicio de los ciudadanos y no para perpetuarse y servir como agencia de colocación de parasitos vividores es posible.

Un país en el que los que lo intentan destruir sobre falacias y deslealtades no encuentren ni la financiación ni el apoyo del propio Estado al que desprecian es posible.

Un país en el que unos y otros dejen de esgrimir algo que pasó hace 79 años para utilizarlo en cualquier refriega política es posible.

Un país que no se avergüence de su bandera y símbolos nacionales es posible.

Un país en el que los políticos merezcan el respeto de sus conciudadanos, ejerzan con honor y dignidad su responsabilidad y sean un modelo de conducta y referente moral para la sociedad es posible.

Un país en el que estafar, prevaricar, falsificar, sobornar, robar, traficar con influencias,  suponga un riesgo que haga que no salga a cuenta es posible.

Un país en el que el que la haga la pague es posible.

Un país con una democracia transparente, limpia, sana, que no sea sólo un sistema formal y aparente de gobierno, sino que impregne todas y cada una de las instituciones y decisiones públicas, es posible.

Un país en el que el voto de un ciudadano valga lo mismo que el de otro con independencia del lugar desde el que vote y al partido al que lo haga es posible.

Un país en el que el Estado proteja a los más desfavorecidos con el mismo ímpetu que persiga y castigue a los delincuentes, defraudadores pequeños y grandes, es posible.

Un país en el que ser emprendedor, autónomo o pequeño empresario no sea una heroicidad es posible.

Un país cuyos ciudadanos crean y confíen en sus políticos es posible.

Un país que sea implacable contra los asesinos, en el que se investiguen todos los crímenes hasta las últimas consecuencias, sin concesiones de ningún tipo, es posible.

Un país que acompañe, arrope y respalde incondicionalmente a las víctimas del terrorismo es posible.

Un país en el que las educacion esté orientada a formar a ciudadanos libres, reflexivos, racionales, preparados para salir airosos en un mundo globalizado, y no los adoctrine en odios atávicos e intereses espurios es posible.

Un país en el que un policía o guardia civil gane más que el asesor segundo adjunto al vicepresidente tercero de una diputación provincial es posible.

Un país en el que no existan asesores segundos adjuntos a vicepresidentes terceros es posible.

Un país en el que no existan diputaciones provinciales porque los municipios tengan un tamaño y recursos suficientes para no necesitarlas es posible.

Un país en el que los profesores tengan el respeto de alumnos, padres y toda la comunidad educativa, y vayan cada día a trabajar con alegría y la satisfacción de saber que son los protagonistas de llevar a cabo la política más importante del Estado es posible.

Un país cuyas universidades compitan por la excelencia internacional y no sean fábricas de mediocridad es posible.

Un país en el que el agua no sea un negocio para nadie es posible.

Un país en el que los agentes medioambientales sean agentes de la autoridad y no tengan que andar mendigandola ni estén sujetos al mangoneo, traiciones y enjuagues de los políticos es posible.

Un país en el que nadie padezca dolor ni muera por enfermedades que tienen cura es posible.

Un país que funcione, un país normal, es posible.

Y todo eso que es posible, será real si los españoles damos la espalda al inmovilismo corrupto del bipartidismo, sin caer en el precipicio que nos ofrecen charlatanes populistas revolucionarios antisistema u oportunistas de ninguna mala palabra y ninguna buena acción.

Todo eso es posible si confiamos en un partido extraordinario, de gente extraordinaria, que sabe y quiere tomar las decisiones que conviertan a España en un país normal para la gente normal. Ese partido es UPyD.

jueves, 8 de enero de 2015

NO HAN SIDO SOLO VIDAS HUMANAS

En un día tan triste como el de hoy no faltan quienes acusan de hipócritas a los que nos movilizamos por el salvaje atentado perpetrado por el terrorismo islámico que ha acabado con la vida de 12 personas en París y no lo hacemos ante los continuos atentados que se producen en los propios países musulmanes como Nigeria, Siria, Irak, Pakistán o Afganistán, provocando muchas más muertes.

Si de lo que se trata es de valorar los hechos en términos de vidas humanas, sin duda claro que es lo mismo. Lo mismo vale la vida de un periodista parisino que la de un mercader de Damasco o Mosul, eso no está en discusión. Ocurre que el atentado de hoy no lo ha sido contra 12 seres humanos, o al menos no ha sido solo eso, tampoco ha sido un ataque a Francia, ni al periodismo, ha sido un ataque a la libertad, a la democracia, ha sido un ataque a los valores de la civilización, a la ilustración, al humanismo. Pese a que relativistas y "buenistas" hablen de civilizaciones en plural, no hay más que una Civilización, la que torpemente hemos logrado hacerse reconocer en torno a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Claro que este ataque nos debe movilizar como es lógico que no lo hagan otros porque nos han atacado a NOSOTROS y en nuestra casa, en el corazón de la libertad. Han ido a por nosotros, los demócratas, nosotros los ciudadanos del mundo libre, nosotros los que repudiamos los totalitarismos, nosotros los que respetamos la libertad cultural, religiosa o sexual, la libertad de pensamiento... Del Nosotros al que me refiero no se entra a formar parte sintiéndose miembro de una identidad nacional, política, religiosa, cultural, o histórica.... A este Nosotros pertenece la Civilización y no pertenecen sus patologías.



¿Que hablo desde una superioridad moral occidental y judeocristiana? Pues si, y a mucha honra. Superioridad moral real, objetiva, no relativa, superioridad moral sin cargos de conciencia, superioridad moral natural, no impostada, sin complejos, la que tenemos los que no relativizamos con los principios, los que sabemos, no creemos, estar en lo correcto. Los que duden sobre aspectos morales tan elementales que se marchen a meditar al desierto, las montañas o el bar de la esquina, pero que dejen de jodernos a los que lo tenemos claro; por favor, que desistan de ser el caballo de Troya de la barbarie y el subdesarrollo, que dejen de "cabalgar sobre incoherencias", para hacer política o para convivir con ellos mismos y sus traumas.

¿Acaso no los reconocen? Los que consideran que los dibujantes provocaron a sus verdugos con sus "caricaturas ofensivas" son los mismos que justifican al maltratador, "porque algo habría hecho ella", los mismos que entienden al violador, porque "algo estaría buscando con esa ropa tan ajustada y la provocativa altura de la falda", los mismos que entienden que se cierren medios de comunicación o se encarcelen a los opositores, por su "manifiesta traición a la patria o la revolución", los mismos que justificaban el tiro en la nuca a un Guardia Civil "por ser un enemigo de Euskalerría en el contexto de un conflicto armado"..., son los mismos: los enemigos de la libertad, los enemigos del ser humano, porque la libertad es la naturaleza del ser humano.

Ya sabemos que estos asesinos no representan al Islam, como los etarras no representan a los vascos. Pero es que no deberían de preocuparnos los miles de asesinos fanáticos islamistas, sino los millones de musulmanes que los disculpan o callan, y mucho más nos deberían de preocupar los millones de no musulmanes, religiosos, agnósticos o ateos, que en el mundo occidental consideran y entienden como identidad cultural, como civilización con la que tejer alianzas, a la que respetar, con la que convivir sin intentar cambiar, con la que hacer negocios o "realpolitik", a quienes azotan a los que beben alcohol, consideran a la mujer un ser inferior que no debe conducir, ni reír en público, ni mostrar su pelo, a quienes ablacionan el clítoris a las niñas y las casan con sexagenarios, a quienes ahorcan a los homosexuales o lapidan a las adulteras, a quienes violan y repudian a las violadas, a quienes consideran que un dibujo, un libro, una película o una canción merecen ser censuradas, a quienes no respetan la libertad ni los Derechos Humanos. Esos, no todos, pero si una gran parte, encuentran cobijo bajo la fe del Islam. Aunque el Islam tenga otras muchas caras, algunas ejemplares como el respeto a los ancianos o la hospitalidad, es el Islam el que tiene que diagnosticarse, depurarse, el que tiene que librarse de los que lo anclan a la Edad Media.

Y el resto no podemos quedarnos de brazos cruzados. Estamos en guerra, siempre lo hemos estado. La guerra del mundo libre contra los totalitarismos, sean del tipo que sean, es vieja. Esta guerra nunca cesa, se libra en las escuelas, en las calles, en los programas de televisión, en los parlamentos, en las urnas. No debemos olvidarlo, nos va todo en ello.

martes, 16 de diciembre de 2014

CONSEJOS PARA ATACAR A UPyD. PRIMERA ENTREGA

Al objeto de facilitar las cosas a los enemigos de UPyD en sus ataques e insidias nace esta serie de consejos de los que hoy ofrezco la primera entrega.

El asunto con el que arrancamos la serie tiene que ver con la declaración pública que han hecho Maite Pagaza y Beatriz Becerra, las dos diputadas de UPyD en el Parlamento Europeo, en relación con la mejora de la transparencia y fiscalización económica de las aportaciones que la Eurocamara hace a sus diputados. Para los despistados resumo: cada eurodiputado, además de su generoso sueldo de 6.260 € netos, y su asignación de 21.379 €/mes para la contratación de hasta cuatro asistentes técnicos personales, y 304 € de dietas por cada día que asisten a actividades parlamentarias reciben todos los meses 4.299 € para gastos relativos a su actividad política en su país de origen, sobre los que no tienen que rendir cuenta alguna, no requiriendo justificar ante nadie los conceptos a los que se dedica ese dinero, y no teniendo obligación alguna de devolver lo no gastado.

Lo que han hecho las eurodiputadas de UPyD es exigir a la Cámara que se modifique el reglamento y regimen de control al objeto de que los eurodiputados tengan que rendir cuentas acerca de en qué actividades y conceptos se han gastado ese dinero, así como la obligación de liquidar periódicamente y devolver lo no gastado. Y lo que ha hecho UPyD ante la negativa de un Europarlamento controlado por los populares con el apoyo de los socialistas, que tienen muchas bocas que alimentar y favores que pagar, es autoexigirselo, es decir, exigir a sus diputados que realicen esta declaración mensual, la justifiquen y devuelvan el dinero no gastado. También amenazan con publicar en su web todos los detalles cada mes para que sean de conocimiento público. Estos son los hechos. 




Las instrucciones o consejos para los enemigos de UPyD es no perder la oportunidad de trolear a sus miembros en redes sociales e instarles a lo siguiente:

"¿Por qué UPyD hace esto ahora y no en la legislatura anterior en la que ya tenía un eurodiputado?" Si a esta pregunta los magentas responden "es que no lo sabíamos", la replica ha de ser inmediata: "¿es que no fiscalizaba el partido a su eurodiputado?". Si responden que no tenían la información porque era algo que solo sabía él y no conocían con detalle el sistema de control y menos aún que no había ningún sistema de control, y que solo ha sido ahora, cuando tienen dos eurodiputadas que si saben lo que significa UPyD y su lucha por la transparencia y la regeneración, cuando lo han conocido, la pregunta final debe ser "¿y como es que Rosa Díez que si fue eurodiputada antes de la fundación de UPyD no sabía que esto funcionaba así?

Estas han de ser las preguntas y esos son los aspectos importantes sobre los que poner la lupa. Sobre todo hay que tener muy presente no preguntarse otras cosas insignificantes como qué ha pasado durante todos estos años que ningún partido español, ni PP, ni PSOE, ni IU, ni nacionalistas han denunciado esta práctica y se han limitado a cobrar y callar. Tampoco hay que preguntarse por qué ninguno de los nuevos "regeneradores" recién llegados a la eurocámara para luchar contra la corrupción, la casta y contra la propia idea de Europa desde el populismo, como Podemos, tampoco han abierto la boca al respecto.

Sobra decir que lo que hay que creer es que UPyD no tiene ningún deseo de fortalecer las instituciones europeas haciéndolas más austeras, limpias y transparentes, que su único interés es desprestigiar a su Parlamento y a sus señorías, incluidos sus eurodiputados díscolos y a los de Cs (esos que si no fuera porque no se parecen en nada a UPyD serían como UPyD).

En definitiva, que hay que ir a lo importante, a atacar a estos repelentes magentas obcecados en dar lecciones de transparencia, y que como ese repelente niño Vicente, ese empollón insoportable, van presumiendo de su sobresaliente en transparencia internacional dejando mal al resto.

Y poco más por hoy, solo una ultima cosa, cruzad los dedos, no vaya a ser que tengan respuesta también para esas preguntas y acusaciones y os la tengáis que envainar. En tal caso, no cejad, y estad atentos para la próxima. Ya os iré dando consejos por aquí...

miércoles, 3 de diciembre de 2014

¿QUÉ OCURRE EN UPyD?


¿Qué ocurre en UPyD para que tan a menudo ande saliendo gente critica con el partido, estemos permanentemente en refriegas internas y parezca que vivimos en una permanente crisis?

Pues básicamente nada. Que estamos vivos, que hemos decidido romper moldes y ser distintos porque hacemos las cosas de forma distinta. A mi juicio hay tres razones principales que intentaré explicar:

La primera de ellas es el mecanismo de elección de los órganos internos y los candidatos: primarias abiertas en las que cualquier afiliado al corriente de sus cuotas puede presentarse y votar, sin avales de ningún tipo. Esta norma general solo tiene como excepción la designación de candidatos en municipios donde tenemos menos de 15 afiliados. En estos casos en vez de la elección mediante primarias se decide por el Consejo de Dirección tras oír a los afiliados de la localidad en asamblea.

A nadie escapa que los continuos procesos electorales (y ya van mas de 600), generan roces, competencia interna y abren continuas heridas que no siempre cicatrizan bien. Y esto ocurre con independencia de la calidad humana de los aspirantes, sus defensores y detractores.

La libertad es la segunda de la razones. La libertad, porque los afiliados de UPyD son peligrosamente libres. UPyD carece del cemento que liga a otras formaciones políticas: el interés económico, la necesidad vital de ingresar una nómina todos los meses. La proporción de afiliados de UPyD dependientes directa o indirectamente del partido es ínfima, insignificante si lo comparamos con la del resto de partidos tradicionales. La inmensa mayoría somos profesionales con la vida resuelta que nos hemos acercado a la política entendiéndola como un sacerdocio laico, temporal y voluntario, que entendemos que hay que hacer. Sentimos como necesario dedicar a lo publico, a lo común, una parte de nuestro tiempo, pero no nos va la vida en ello. Si a esto le unimos el hecho de que la crítica, el disentir, no tiene consecuencias directas porque no ha de necesariamente reflejarse en unas menores opciones en los procesos electorales internos se puede entender el hecho. En UPyD no se da eso de que quien se mueve no sale en la foto, porque no hay foto en la que salir. La foto que pudiera querer o no querer un determinado órgano de dirección nacional, territorial o local, puede no ser la foto que hagan los afiliados frente a las urnas. Hablan de candidatos oficialistas o críticos, y es una forma de etiquetar como otra cualquiera, sobre la base del mayor apoyo explícito o implícito que los distintos candidatos pueden suscitar individualmente en cada una de las personas que conforman los órganos, pero en absoluto los órganos pueden interferir, por lo que ello no garantiza nada. Los candidatos oficiales son los que deciden los afiliados, porque en UPyD los afiliados, todos los afiliados, son el "aparato". ¿En un PP o PSOE cómo van a ser los críticos capaces de expresar su crítica libremente si se están jugando las lentejas, ir en la lista en posición de salida, ser el candidato, el cargo en el consejo asesor de limpiadores de telarañas de la mancomunidad o el contrato de la sobrina en el ayuntamiento de Villacenutrios (gracias, Migué, pedazo de alcalde, te la debo, siempre fiel, aquí me tienes...)? Los afiliados de UPyD tienen poco que perder, más bien nada que perder, y se permiten gritar cuando se enfadan, insultar a compañeros en las RRSS, y eso pese al reconocido, mundialmente famoso e implacable "autoritarismo" del partido que expulsa inmediatamente al primero que incumple los estatutos haciendo daño a la imagen del partido (Si, es sarcasmo, expulsamos demasiado poco para las barbaridades que uno lee por ahí...). Los afiliados de UPyD se permiten disentir y ejercer su libertad bajo el amparo de sus estatutos. Esta misma libertad que algunos aprovechan para jugar con la democracia interna frívolamente y por supuesto para huir cuando pierden elecciones y probar otras aventuras. No tienen nada que perder.


La tercera razón es el pragmatismo y la desideologización. Fidalgo dijo hace años en un acto de UPyD al que lo invitamos que aquí no olía a establo. Pues no sé si se le entendió, pero fue muy clarito, efectivamente no huele, ni a establo, ni a confesionario, ni a incienso... En UPyD hay pocos fieles, poca rendición a símbolos, poca historia común. UPyD es lo mas alejado de las sectas en las que se han convertido algunos partidos con el paso del tiempo, en los que tras buenas dosis de mantras, ideas fuerza infinitamente repetidas por no tener fuerza en las ideas, territorios comunes, trincheras ideológicas y amor, mucho amor a los colores, bien aderezado con la salsa del unte a la que nos referíamos antes, los militantes militan militarmente, desfilan en las manis a la voz de uno y se reconocen como parte de algo trascendente. Es cierto que este tipo de mecanismos mentales no esta igualmente repartido, tiene su esplendor en los partidos nacionalistas, que aparcaron la razón al nacer y compraron todo el sentimiento, y en los de izquierda mas o menos radical, pero nadie está libre. Incluso yo me emociono a veces en los actos magentas, aunque luego respiro hondo y se me pasa.

En definitiva, si hacemos más primarias que folletos, si los órganos oficiales no deciden quienes son los candidatos, si no hay dependencia económica y sí hay pocas vísceras, pocas emociones y muchas razones en la defensa del instrumento, lo que sería anormal es la calma chicha, esa calma de los partidos muertos o cosidos por el miedo. No debemos olvidar que UPyD, aunque tengamos el modelo laboral austriaco, el territorial alemán y el social nórdico, está formado por españoles, esos seres que se alteran, que emprenden nobles batallas, que se equivocan en las guerras que eligen, que tienen prisas, que envidian, y que a veces tienen egos que no les caben dentro de sus serranos cuerpos. Es normal que esta adaptación a una democracia interna casi calvinista que nos hemos auto impuesto y que otros ni huelen, requiera un tiempo, un cambio cultural, y que por el camino algunos no digieran las derrotas y acaben en Cs, ese partido que si no fuera porque no se parece en nada, seria como nosotros, o en Podemos, esos que creen que el fin justifica los medios y no sé qué me da más miedo, si el fin o los medios.

viernes, 28 de noviembre de 2014

EL PUEBLO ENFERMO. Cuento para niños o españoles de cualquier edad.

Érase una vez un hermoso pueblo entre las montañas y el mar. Era un pueblo muy rico, la naturaleza había sido muy generosa, le había regalado un excelente clima, un suelo fértil y grandes recursos naturales. Solo tenía un problema, sus habitantes tenían muy mala salud. Siempre había sido así, hasta donde la memoria de los más viejos alcanzaba, esta situación se remontaba al inicio de los tiempos.



En el pueblo había varios doctores en medicina, pero eran dos, don Ernesto y don Honorato, los que contaban con la confianza de la mayoría de los pacientes. Ambos eran médicos veteranos, tenían sus consultas en la calle principal y no escatimaban en atractivos carteles y señuelos para que la gente entrara a la suya. Regalaban caramelos a los niños y hacían obsequios a sus padres, sabían agasajar a su enferma clientela. El hecho cierto de que no conseguieran dar con la cura a los males de sus vecinos no parecía hacer mella en la fe ciega que éstos tenían depositada en ellos.

Don Honorato solía recetar unas pastillas azules que el mismo fabricaba. Don Ernesto hacia lo propio, pero sus pastillas eran rojas. Resultaba curioso ver a los vecinos en la plaza discutiendo sobre cuál de las dos pastillas era mejor mientras tosían y se retorcían de dolor.

Don Honorato y don Ernesto mantenían a los ojos de sus vecinos una pésima relación. Contaban los mayores que venía de familia. Sus padres, cuando ellos eran niños, habían tenido una gran pelea en la que el de don Ernesto había salido muy mal parado. Aunque ellos no habían tenido nada que ver, muchos en el pueblo seguían recordándoles el episodio y no perdían ocasión para azuzarles. Verlos discutir se había convertido en una afición para mucha gente en el pueblo. El espectáculo de los dos médicos enzarzados en continuas disputas era un entretenimiento que de alguna forma les aliviaba y hacía olvidar sus males. A nadie escapaba que ambos tenían que luchar por su clientela, a fin de cuentas los dos se jugaban sus garbanzos. Habían gastado mucho en esas lustrosas placas doradas de las puertas, en espaciosos y luminosos locales en la mejor calle del pueblo, habían contratado a demasiadas y buenas enfermeras, y ambos habían tenido muchísimos hijos vagos y lerdos, por lo que no sólo tenían que luchar por su supervivencia sino por mantener a todos los que de ellos dependían.

La gente del pueblo tenía muy mala salud pero lo cierto es que a ellos poco les preocupaba. Mientras siguieran comprándoles sus pastillas rojas y azules les iba bien. Poco importaba que tosieran, sufrieran y los dolores no les dejaran vivir si siempre acababan entrando a por pastillas.

Algunas noches, cuando ambos cerraban sus negocios y se encontraban en la calle en la oscuridad, lejos de las miradas de los vecinos, solían hablar mientras caminaban hacia sus mansiones. En estos momentos no necesitan disimular. Había entre ellos cierta complicidad, incluso se tuteaban.

- ¿Qué tal, Honorato, como ha ido el día?
- No me puedo quejar, Ernesto, aunque veo que tú tampoco. Menuda cola has tenido toda la tarde en la puerta.
- Ja, ja, ja. Pues si, no ha sido mala la tarde. Por cierto, ¿entramos un momento en el bar de Blas a tomar un vino? Quiero comentarte una cosa.
- ¿En lo de Blas? ¿Quieres que nos vea todo el mundo? No pienso dejarme ver con un matasanos vendedor de pastillas rojas delante de todos. Uno tiene principios y una imagen que  conservar...
- Déjate de tonterías, Honorato, además, si eso es lo que te preocupas no temas, entraremos por la puerta de atrás. Blas tiene un pequeño reservado donde podemos estar solos. Ese viejo sabe ser discreto.
- Bien importante será lo que tienes que decirme. No me fío un pelo.

Golpearon la puerta de la cocina, y Blas, tras ojear la mirilla les abrió. Sin abrir la boca les hizo pasar a una pequeña sala.

- Ustedes dirán, doctores.
- Tráenos un vino y algo de picar, Blas, y cierra la puerta, por favor.

Cuando se hubo ido, Don Honorato, algo más tranquilo espetó a Don Ernesto:

- Me tienes intrigado, suelta.
- Honorato, se oyen rumores que me tienen muy preocupado. Sabes que el loco de Arturo, el eremita de la cueva del barrio alto, lleva años diciendo que la enfermedad que sufre la gente la provoca el agua del río. Hasta aquí nada nuevo, pero ahora dice que el pueblo esta maldito y parece que cada vez hay más gente que le hace oídos. Esta consiguiendo que un buen número de personas del barrio alto se reúnan a la puerta de la cueva todas las tardes. Les dice que la solución a sus males es no mezclarse con los que viven al otro lado del río, huir del pueblo e irse a buscar otro lugar donde vivir.
- ¿Pues sabes que te digo? Que me importa bien poco. De ese barrio hace mucho tiempo que apenas tengo pacientes. Si dependiera de las pastillas que les vendo ya habría tenido que cerrar. Allí siempre han sido muy suyos. Siempre han preferido los conjuros del viejo. ¡Qué les vayan dando! Claro, que entiendo que tú si estés preocupado... Varias calles de ese barrio siempre han ido a por tus inútiles pastillas rojas. ¿Eso era todo?
- Ya veo que no podré contar contigo.., pero no, no era todo. ¿Sabes que el hijo de la vieja bruja, la chamana, el que se perdió en el bosque ha aparecido?
- Si, algo he oído.
- Muchos pacientes me han dicho que se ha subido a una piedra, y se ha puesto a pregonar las bondades de las hierbas de su madre. Mucha gente se está viendo atraída por sus encantos, incluso algunos de los que estaban en mi consulta han decidido dejar de esperar y se han marchado a por las hierbas.

Don Honorato frunció el ceño, pero no pudo evitar dejar escapar una sonrisa. Él sabía que el hijo de Erminia, la bruja, no había estado perdido en el monte. Había pasado unos años en el pueblo vecino, en el que habían echado a los médicos y un único chamán llevaba cuarenta años recetando ungüentos hechos con yerbas, lodos y gusanos a todos sus habitantes. El pueblo se había visto diezmado. Muchos habían muerto. No creía que ese niñito hubiera aprendido nada bueno, nada que pudiera ni por asomo igualar a sus pastillas azules. Estaba tranquilo, sabia que los pacientes de don Ernesto eran más promiscuos y quizá tuvieran la tentación de probar, pero los suyos, no. Sus pacientes estaban encantados con sus modernas instalaciones, la simpatía de sus enfermeras y sus lustrosas y brillantes pastillas azules.

- Pues tienes un problema, Ernesto, resuélvelo tú. Esa vieja loca con olor a pis de gato nunca me ha quitado el sueño, y no lo va a hacer su hijo. Yo tengo todo bien atado. Cuida a tu clientela, y mejora el color de tus pastillas. Algunas destiñen y sabes que en este pueblo la gente quiere pastillas rojas o pastillas azules, pero no pastillas desteñidas.

Don Honorato tenía parte de razón. Los brebajes que preparaba la vieja bruja Erminia nunca fueron solución a los males del pueblo, eran los mismos brebajes que habían matado a la mitad del pueblo vecino y los que acabaron con la salud de toda la comarca hacia décadas. Lo que había empezado a vender el jovenzuelo no era más que lo mismo. No había ninguna posibilidad de que sirvieran para nada. Si la gente se iba en masa y hacia círculos en torno a la piedra donde pregonaba el nuevo charlatán, ya se cansarían, si compraban los tarros con las repugantes mezclas que preparaba, ya se darían cuenta, si sobrevivían, que no eran buen remedio.

A don Honorato quién realmente le preocupaba era Andrés.

Andrés era un joven doctor que había estudiado en las mejores universidades, había recorrido mundo y hacia unos años había vuelto a su pueblo a abrir una consulta. Lo que más le preocupaba de Andrés era su obstinación. Aunque había conseguido que el Alcalde no le diera los permisos para abrir en la calle mayor, Andres no tiró la toalla y logró reunir lo suficiente para alquilar una pequeña habitación en una de las peores calles del pueblo, donde recibía a todo el que se tomaba la molestia de llegar. Don Honorato se había encargado, tras acordarlo con don Ernesto, de sembrar entre los vecinos bulos y mentiras en torno al joven médico, ambos habían conseguido que el pregonero, tras hacerle un regalo que les costó un riñón, no hablara nunca  de él, lo ignorara, por lo que eran pocos en el pueblo los que sabían de su existencia. Además se daba otra circunstancia que favorecía a los dos viejos matasanos: Andrés no era un médico barato. Se había hecho traer del extranjero extraños y modernos instrumentos con los que estudiaba cada caso. Además él no vendía pastillas de un solo color, de hecho tenía muchas pastillas y de muchos colores, algunas, de color magenta, que elaboraba él, y otras que traía de otros pueblos siempre que hubieran sido probadas con éxito.

Lo que don Honorato y don Ernesto no sabían es que Andrés habia descubierto que las dos pastillas, las azules y las rojas, eran las mismas. Lo sospechó el día que vio a ambos viejos comprando pastillas blancas a un chino vendedor ambulante que las traía en su carreta cada primavera, pero no tuvo ninguna duda cuando mirando una madrugada por el ventanuco de la farmacia vio a ambos pintándolas a escondidas, cada uno de su color, mientras reían y disfrutaban de vino y las mejores viandas.

Solo era cuestión de tiempo que los vecinos acabaran encontrando el remedio a sus males y recuperarán la salud perdida. Andrés era paciente y obstinado, y sobre todo era un buen médico.