miércoles, 20 de julio de 2011

Y SIN EMBARGO TE QUIERO…

Nace este post como reflexión abierta acerca de las palabras de Gonzalez hace unos días, cuando dijo y se quedó tan ancho, que él no simpatizaba con el PSOE, que no era simpatizante, pero que era su partido y por tanto militante, o algo así. Incluso reconoció lo paradójico del asunto, pues suele haber simpatizantes que no militan, pero difícilmente lo contrario.

El comentario de González, que debe ser alabado en cuanto a lo que de arrebato de sinceridad tiene, nos muestra desnuda y sin tapujos una realidad que todos intuimos, pero que no llegamos a comprender cuán grave es para nuestra democracia: los partidos han dejado de ser instrumentos y han pasado a ser fines en sí mismos.

Lo que ha dicho el expresidente, ese que cuando acabó su mandato acosado por las revelaciones de El Mundo sobre los GAL, muchos pensamos que había sido el peor presidente posible (ingenuos de nosotros, lo que vendría después…), es muy grave. Es muy grave porque aquellos aspectos de la política del PSOE actual que hacen que este señor “no simpatice”, no son escarceos, ni errores de cálculo, ni humanas equivocaciones. Se trata de un rumbo perfectamente establecido, avalado explícita o implícitamente por todo el partido, que ha llevado a España a una crisis institucional y política impredecible hace unos años. La puesta en cuestión de principios esenciales de la organización territorial, del espíritu y la letra de la Constitución, el revisionismo cuando no revanchismo insensato y mezquino de los pactos de la transición, la entrega a los que no creen en el Estado de cotas de poder que ni soñaban, el desmantelamiento del Estado (y no es alarmismo “intereconómico”, la política en materia de aguas, costas, privilegios fiscales, entre otros son hechos objetivos) y sobre todo la renuncia a la defensa de solidaridad entre ciudadanos (este gobierno ha permitido los parados vascos tengan derecho a un subsidio mayor que los del resto del Estado, ha permitido que la calidad de los servicios sanitarios se haya distanciado como nunca entre comunidades autónomas, ha permitido que la educación pueda llegar a ser utilizada como un instrumento a favor de la desigualdad, ha permitido que se instale en parte de la sociedad de ciertas regiones el terrible pensamiento de que solos irían mejor, que el resto del Estado no es más que un lastre a su desarrollo...), no se pueden calificar de errores subsanables y sin importancia.

No seremos conscientes del daño que ha hecho este gobierno y el partido que lo ha sustentado hasta que no podamos verlo con la distancia suficiente, y anoto que no me he referido en ningún momento a la brutal crisis económica, pues no es necesario recurrir a ella para ilustrar el desastre.

Siendo justos, sí que ha habido una excelente consecuencia derivada de la deriva iniciada por el PSOE en esta legislatura y la pasividad cómplice y resultadista del PP: lo mejor que ha pasado en estos años, ha sido el nacimiento de Unión, Progreso y Democracia. Nacimiento basado en sólidos principios, en una necesidad real, natural, no artificial, en cuyo éxito han tenido responsabilidad muchas personas, pero en el que sin duda una de las piezas clave la ha constituido, Rosa Díez, que nunca entendió un partido como otra cosa que no fuera un instrumento, no entendió que el PSOE hubiera dejado de serlo, y no entendería a UPyD de otra forma.

Rosa no puede militar sin simpatizar. En UPyD nadie puede militar sin simpatizar. Podemos disentir de una decisión puntual, de una parte de nuestras propuestas políticas, pero ¿cómo vamos a no simpatizar con una organización política que hemos creado para regenerar la democracia, para cambiar las cosas, y mejorar la igualdad y la felicidad de los ciudadanos, no para alimentar egos personales ni estómagos agradecidos? Es manifiestamente imposible ser afiliado de UPyD y no simpatizar con UPyD. Lo de militar lo dejamos para otros.

Señor González, es muy grave lo que ha dicho, lo que piensa y lo que siente. No sería razonable que un aficionado del Betis o del Atlético de Madrid dejara de serlo ante años de mal juego, falta de títulos o mala gestión de los clubs; el fútbol es pasión, y como otros amores, se puede militar, peregrinar, adorar, sin "simpatizar" racionalmente. Pero la política es algo más serio. Nos estamos jugando mucho, no nos podemos permitir síndromes de Estocolmo, ni “sin embargos te quiero”…

Y la verdad es que cada vez que lo pienso más valor le doy a la decisión que tomó Rosa en 2007. No hay más que ver la creciente cantidad de ilustres socialistas críticos, a la que usted se ha unido recientemente (J. Leguina, N. Redondo, J. C. Rguez. Ibarra, J. Sevilla…), tan críticos como los miembros de UPyD o más con el gobierno, pero eso sí aferrados al tótem centenario, a la nostalgia de Don Pablo, a los nobles orígenes de ese edificio gris y sin ventanas lleno de funcionarios del negociado de sueños dentro de un orden en que se ha convertido esa casa.


lunes, 11 de julio de 2011

LA ARISTOCRACIA COMO QUIMERA

Estamos hartos de oír que la democracia es el menos malo de todos los sistemas políticos. Esta aseveración, no por incierta, nos suele llevar a un conformismo que permite justificar todos sus vicios y defectos.

La democracia no es un sistema ni un estado conseguido, sino un camino. Nunca será suficientemente buena, siempre existirán aristas que pulir, cuestiones por resolver. La sociedad democrática que renuncia a la mejora continua, que entra en la indolencia, que decide tener bastante con lo posible, estará en la mejor senda para dejar de ser democrática.

En España hace tiempo que abandonamos ese camino, camino que quizá nunca emprendimos porque nuestra democracia, aunque no se puede decir que nos fuera del todo regalada, quizá tampoco costó lo suficiente. Quizás nos ha pasado como a los que encuentran la riqueza heredada, y no fruto del esfuerzo y trabajo de toda una vida, que por no valorar adecuadamente lo que tienen, acaban dejándolo escapar entre las manos, dilapidándolo. Sería injusto no reconocer el sacrificio de muchos durante los 40 años de franquismo y el esfuerzo de otros tantos durante la transición, pero lo cierto es que la inmensa mayoría de la sociedad esperó sentada, ocupada en sus quehaceres, el devenir en lo que hoy llamamos democracia.

Quizá por eso la democracia española es débil e imperfecta, manifiestamente mejorable. Y no me refiero a la injusta ley electoral, que por supuesto es un patente reflejo de un vicio oculto, que nos tiene indignados a una mayoría de ciudadanos. Tampoco me refiero a la partitocracia asfixiante y monolítica que de ella se deriva y la falta de pluralidad que acarrea. No me refiero a la escasa calidad democrática con la que necesariamente hay que definir a un sistema en el que el poder judicial no es independiente. Tampoco a la que se deriva de constatar que ni el cuarto poder, los medios de comunicación, están a la altura de una sociedad democrática y plural, obligándonos a clasificarlos como prensa oficial o prensa concertada. La prensa libre, como los partidos libres, como los ciudadanos libres, como las rarezas botánicas, existen, pero en reductos de difícil acceso y en claro peligro de extinción.

Cuando digo que la democracia española es débil e imperfecta, lo hago desde el convencimiento de que todas estas situaciones no son más que el inevitable reflejo de una sociedad de pobre cultura democrática. Una sociedad de escasa educación democrática, que no se siente dueña de su futuro, que ha caído en el fatalismo, en el convencimiento de que nada puede hacerse, una sociedad que no se siente protagonista, ni responsable, que no se siente concernida, y lo que es peor, que como la mujer maltratada, ha perdido su autoestima, que sólo atina a justificar a su maltratador y buscar su escape y sosiego en las vidas ajenas (el éxito de la telebasura y la prensa rosa no puede tener otra explicación).

Cuando digo que la democracia española es débil e imperfecta, lo digo porque ésta también es una sociedad históricamente enferma, una sociedad en la que lo común, lo público, no es de todos, sino de nadie (véase el mobiliario urbano y la limpieza de cualquier espacio público ibérico); el honrado es “tonto”, el que no aprovecha la oportunidad que le brinda el despiste del conciudadano es un inadaptado; el “pillo” no sólo lo es sino que presume de serlo, en la confianza de que a su alrededor encontrará reconocimiento, no reproche. Una sociedad en la que el autor del pelotazo, el éxito fácil, el estafador, el “listo”, es admirado.

La tarea que le queda a UPyD por tanto es enorme. No se trata de conseguir más votos, sino de hacer despertar a la sociedad y reeducarla. No podremos regenerar la democracia sin estar dentro de las instituciones, y no podremos estar dentro de las instituciones si no mantenemos una permanente actitud pedagógica, si abandonamos nuestra alma de movimiento social, de avivadores de conciencias.

No es posible una democracia sana sin educación, que es sin duda el talón de Aquiles de cualquier democracia: nunca el gobierno de la mayoría será bueno, si la mayoría no cuenta con la suficiente formación, actitud crítica, capacidad reflexiva…. Es por ello por lo que para UPyD la educación es tan importante, posiblemente lo más importante.

Nuestra democracia será mejor cuanto más se parezca a esa aristocracia ideada por los clásicos: ese “gobierno de los mejores”, en su sentido etimológico. “Mejores” que la mayoría debería ser capaz de reconocer y elegir democráticamente. Evidentemente ya no son los mejores los guerreros que dieron origen a la aristocracia feudal, pero sí deberíamos ser capaces de distinguir a los mejores de nuestros días, o al menos capaces de filtrar a los malos. La empresa privada dispone de los mecanismos para seleccionar a los primeros y evitar a los segundos. Una corporación privada no se puede permitir el lujo de colocar en un puesto de responsabilidad a un miembro o “miembra”, joven, inexperto, mujer por el hecho de serlo u hombre por el hecho de serlo. Esta sociedad de escasa cultura democrática se ha habituado y acepta el hecho de que los partidos políticos dispongan en puestos públicos de enorme responsabilidad a personas cuya única experiencia vital ha sido medrar en el partido, trabajar por y para el partido sin haber demostrado su eficacia para “buscarse la vida”, sin dominar ninguna disciplina, sin la capacidad demostrada de aportar algo a la sociedad, sin otra habilidad conocida que la lealtad a la “secta”. No pondríamos nuestras vidas en manos de curanderos, ni nos fiaríamos de puentes diseñados por abogados, no dejaríamos nuestra defensa jurídica a un ingeniero o la educación de nuestros hijos a cargo de carniceros, pero no nos importa que el gobierno pueda estar en manos de cualquiera…, sin duda paradójico.

Alguien dirá que esa es la grandeza de la democracia. Quizá, pero no olvidemos que esa misma “grandeza” alzó al poder a Hitler, o sin llegar a esos extremos puso a Bush junior, a Berlusconi o a Zapatero al frente de naciones, al difunto Jesús Gil al frente de un ayuntamiento, o a Bildu al frente de otros muchos…. Más vale que no cejemos en la tarea de perfeccionar la democracia, por la cuenta que nos trae.

viernes, 24 de junio de 2011

SEGURIDAD JURÍDICA Y PROSPERIDAD

La seguridad jurídica es la base de cualquier economía que pretenda ser fuerte y competitiva. Algo que parece obvio e indiscutible es uno de los déficits de la nuestra, y en escasas ocasiones nos paramos a pensar cuán grave es el problema.

Ciertamente la inseguridad jurídica tiene diversos grados, desde el más nocivo como la falta de regulación básica o la arbitrariedad en las decisiones administrativas o judiciales, hasta otros como la excesiva complejidad en la regulación, la confusa distribución competencial o la lentitud judicial.

En España desgraciadamente nuestros políticos nos han servido numerosas tazas de unos y otros tipos de situaciones, y nada hace más daño a la economía de un país ya de por sí débil en cuanto a espíritu emprendedor, que este permanente desgaste de nuestra credibilidad.

Por citar sólo algunos ejemplos, se ha hecho un flaquísimo favor a la economía nacional cambiando una y otra vez el régimen de condiciones de la industria fotovoltaica, lo que ha hecho huir a muchos inversores internacionales que ven en España un campo administrativamente minado, en el que el capricho del gobierno puede dar al traste con cualquier intento serio de planificación empresarial; se ha hecho un enorme daño al sector eólico marino, desarrollado en el norte de Europa, y paralizado en España desde 2008, cuando se publicó un Real Decreto que el gobierno no ha querido desarrollar ante la incrédula mirada de numerosos inversores internacionales que todavía no entienden cómo se pueden adquirir compromisos legislativos en 2008 y cuatro años después no haber movido un dedo y haber incumplido todas las previsiones; se ha generado un daño irreparable en la imagen de España como país civilizado cuando ayuntamientos, CCAA y gobierno central han sido incapaces de gestionar el urbanismo litoral haciendo cumplir la Ley de Costas sin perjudicar a nadie: la corrupción instalada en muchos de los primeros, la indolencia cómplice de las segundas y la incapacidad del tercero de tomar medidas, maniatado por un sistema de organización territorial en el que a la Administración General del Estado le queda un mínimo margen de maniobra, ha dado lugar a una situación vergonzosa que ha afectado a miles de pequeños inversores europeos, que creían que en España, en Europa, tendrían una seguridad que en terceros países no era posible; se sufre permanentemente un desgaste de nuestra credibilidad cuando la distribución competencial que nos hemos dado no facilita las cosas a los administrados, sino que por el contrario induce a una ginkana administrativa, en la que la unidad de mercado es una quimera por la simple razón de que las condiciones impuestas a una misma iniciativa empresarial pueden ser radicalmente distintas de una Comunidad Autónoma a otra; se hace un daño irreparable a nuestra economía cuando las Cajas de Ahorro se gestionan con criterios políticos y no técnicos, arrastrando a nuestro sistema financiero al borde de un abismo del que aún no hemos conseguido separarnos lo suficiente; se provocan problemas innecesarios y muy graves cuando se desmontan estructuras administrativas consolidadas, mediante esperpentos como el recientemente protagonizado por la Junta de Andalucía arrogándose competencias sobre el Guadalquivir, que el Tribunal Constitucional se ha visto obligado a reconducir; se dificulta tremendamente el desarrollo y la prosperidad cada vez que la tramitación de un Plan General de Ordenación Urbana se eterniza durante años como no ocurre en ningún país de los que funcionan...

Si a todo ello sumamos un sector público empresarial desproporcionado y antieconómico, del PSOE en Andalucía o del PP en Valencia, pues ambos aplican las mismas recetas, para no resolver los mismos problemas, es evidente que la clase política andaluza y española, o al menos los grandes partidos, no han puesto las cosas fáciles a la iniciativas generadoras de riqueza y estabilidad.

Se hace necesario devolver el sentido común a la acción de gobierno, y esto es algo que si no son capaces de hacer PP y PSOE, y hasta ahora se han mostrado incapaces, alguien tendrá que venir a hacer, o hacer que hagan.

martes, 7 de junio de 2011

El matemático kazajo

No se trata de ser agorero.

Deseo firmemente que por fin estemos ante el fin de la banda criminal ETA, que esta vez sea de verdad, definitivamente.

Deseo que BILDU no sea una trampa y no sirva para volver a dar fuerzas a una organización criminal en su momento más débil.

Pero los deseos son una cosa, y la racionalidad científica otra.

Si con esa mentalidad y no otra se observa esta gráfica, de forma objetiva y sin pasiones, si le preguntáramos a un matemático kazajo, que no conociera el significado de lo que se representa en los ejes de abcisas y ordenadas, y le pidíéramos un pronóstico, creo que todos sabemos lo que diría....





En pocos meses sabremos si la tendencia sigue su historia (después de cada negociación o intento de paz, el número de muertos se incrementa), o realmente estamos ante el final definitivo de la violencia.

Esperemos que todos podamos celebrarlo, que nadie falte porque alguien haya decidido que no merece seguir vivo.

Y esperemos que los que decidieron asumir el riesgo, también asuman su responsabilidad, políticos y comisarios políticos (perdón, quise decir jueces del TC).

lunes, 30 de mayo de 2011

SUCEDIÓ EN EL AVE ó ALGO ESTÁ PASANDO

(Relato verídico)
Sábado 28 de mayo, 21:00 horas, AVE Madrid Sevilla, coche 7.

En el mismo momento que la final de la Champion comenzaba, tres miembros del Consejo Político UPyD viajábamos a Sevilla tras la reunión de este órgano durante la tarde. Como nuestros respectivos asientos estaban distantes y el vagón no parecía que fuera a llenarse decidimos sentarnos juntos, a riesgo de que sus legítimos ocupantes nos reclamaran levantarnos.

Habíamos empezado a hablar sobre nuestro parecer en relación con los excelentes resultados electorales de UPyD y lo satisfactoria que había sido la reunión del Consejo, cuando apareció un hombre joven, pantalón corto, maletín y portátil y la intención de sentarse en su asiento. Al vernos nos dijo que no nos preocupáramos, que nos quedáramos donde estábamos, y se sentó justo al lado, al otro lado del pasillo. No sé si fueron las carpetas de UPyD sobre la mesilla, o el desparpajo de mi compañera al decirle que estábamos conspirando, pero lo cierto es que en escasos minutos nos vimos envueltos en una apasionante conversación. Nuestro compañero de viaje venía de una reunión de representantes de los colectivos participantes en el movimiento 15M y Democracia Real Ya de toda España. Resultó ser un abogado sevillano, impulsor de la iniciativa Democracia 4.0. Básicamente consiste en un proyecto gestado durante los últimos dos años, que pretende que se introduzcan los cambios legislativos necesarios para que, aprovechando las nuevas tecnologías, el desarrollo de la firma digital, la normativa de protección de datos personales y seguridad electrónica, el precedente generado en el parlamento valenciano que permitió a una diputada de baja por maternidad votar desde su casa en un pleno, y sobre la base de artículo 23 de la Constitución que reconoce el derecho de los ciudadanos a participar directa o indirectamente en los asuntos públicos, el ciudadano que así lo quiera pueda participar mediante su voto, en la parte que valga (1/35.000.000), directamente en las votaciones del Congreso, restando la parte proporcional al voto de los 350 representantes elegidos.

Nos explicaba que su propuesta la estaba estudiando la Comisión Constitucional del Congreso, y que en absoluto pretende la sustitución del sistema representativo ni de los partidos políticos, sino solo complementarlo y mejorarlo con un sistema de voto directo de los ciudadanos que así lo decidan, cuando una chica rubia que estaba cinco asientos más lejos se nos acercó a preguntarnos si podía intervenir y se sentó a su lado. Ella también venía de las asambleas de Democracia Real Ya, y explicó que era una prolífica ciberactivista del movimiento desde su muro de facebook. Ambos coincidieron en la decepción con la que volvían de las asambleas, por el infructuoso intento de organización del movimiento social, la heterogeneidad de planteamientos y lo perdido que andaban la mayor parte de los chavales indignados y acampados, y ambos coincidían en que tenían el firme convencimiento de que trabajando en horizontal, desde la red, como hasta ahora, cada uno en su ámbito iban a lograr resultados muchos más espectaculares que los vividos hasta la fecha.

Tras no más de media hora de conversación, una mujer que estaba tres asientos más atrás nos pidió permiso para acercarse y se interesó por conocer los detalles de lo que allí se hablaba, nos comentó que su marido había tenido que cerrar su empresa por impagos y que algo había que hacer porque consideraba que la situación es insostenible, se mostró muy interesada en entender las propuestas de Democracia 4.0, de Democracia Real Ya y de UPyD.

Un señor que estaba en el extremo también empezó a apuntillar nuestros comentarios y a hacer apreciaciones sobre lo indignada que está la sociedad, y la necesidad de cambios profundos.

Sin darnos apenas cuenta, medio vagón de AVE, estaba hablando apasionada y educadamente de política, intercambiando pareceres en un clima de total normalidad. Una mujer joven que había conseguido dormir a su hija nos pidió que bajáramos el volumen; un turista japonés que estaba sentado tras nosotros, parecía no entender nada, pero ponía mucha atención a todo, apenas pestañeaba.

No es importante que estuviéramos más o menos de acuerdo, que unos defendiéramos la necesidad de un partido como UPyD que ha nacido para regenerar la democracia, que otros fueran partidarios de la movilización a través de la redes sociales, otros de modificar el sistema electoral impulsando la participación directa, u otros estuvieran más preocupados por la economía familiar…, lo importante es que mientras el Barcelona daba un baño de buen fútbol al Manchester, doce ciudadanos que no se conocían de nada estaban hablando de política, de política con mayúsculas, no de politiqueo, de partidos, candidatos y esas otras cosas que los medios de comunicación consideran de tanto interés.

Algo está pasando, y acabarán enterándose los que ahora hacen oídos sordos…

domingo, 29 de mayo de 2011

Progresismo real

Hace unos días una amiga me preguntó si UPyD era de izquierdas o de derechas. Empecé a esbozar mis manidos argumentos sobre la transversalidad y lo trasnochado de estos conceptos, cuando me cortó y me inquirió, “no, si ese rollo ya me lo sé, te pregunto si la gente de UPyD, con los que tú te tratas, son de derechas o de izquierdas”. La verdad es que la pregunta tiene su cosa, en el fondo lo que quería saber es si en UPyD hay más fachillas o rojillos, más rancios o progres, más pijos o hippies, más exvotantes del PP o del PSOE, porque desgraciadamente bajo estas absurdas etiquetas con las que la sociedad encasilla sociológicamente al personal, se encuentran las claves de muchas de las cosas que pasan en nuestra política, especialmente cuando hay elecciones.

Lo cierto es que el planteamiento me ha invitado a reflexionar sobre conceptos como conservadurismo y progresismo, no desde su perspectiva política, sino psicológica. Para ello lo mejor es tirar de la etimología de los términos: es de sentido común considerar al conservador como aquel más preocupado por conservar, por mantener un estado de cosas que considera aceptable que por mejorarlo, y progresista aquel más preocupado por cambiar las cosas para pasar a una situación mejor, por avanzar. Como entiendo que el egoísmo, la generosidad o el sentimiento colectivo no es patrimonio de uno u otro perfil psicológico, admitiré que tanto entre los primeros como entre los segundos hay personas que esa preocupación la trasladan al conjunto de la sociedad, mientras otras la conciben desde una perspectiva únicamente individual.

Desde luego, me niego a considerar que la maldad o la bondad tienen algo que ver con esto. Hay quien no duda en afirmar que la bondad y la maldad humanas, aunque puedan encontrarse casi en cualquier parte, no se reparten por igual entre ambos grupos. Tengo la certeza de que no es así, de que nada tienen que ver.

Lo que sí influye de forma evidente es la edad. Ya sabemos que hay excepciones que confirman la regla, pero evidentemente es más difícil encontrar un conservador con 22 años que con 70 y viceversa. La propia necesidad de autoafirmación, de crecimiento personal, el propio ciclo de la vida humana dificulta ser conservador con 22 años, aunque haberlos hay los.

¿Y la clase social, el estatus económico, tienen algo que ver? Pienso que muy poco. En ciertos momentos puede ser un acicate, un catalizador de la rebeldía, pero nada más que eso. La resignación y el conformismo, la aceptación de las circunstancias, la adaptación al “esto es lo que hay”, la desidia intelectual del inmovilista no es cosa de ricos ni de pobres. De hecho el mismo conservadurismo alienta al paisano andaluz rural, votante del PSOE, que no se pierde su diario rito de “misa” laica de las siete, con partida de cartas, cerveza y tapa en la casa del pueblo, y que teme perder su estatus, sus ayudas familiares, la beca de sus hijos, su subsidio agrario, los “derechos conquistados tras décadas de injusticia social”, que a ese notario de capital, sexagenario, votante del PP, que teme que cambien las cosas de tal manera que pueda peligrar su capacidad adquisitiva, la que le permite mantener su estatus, su automóvil de 60.000 €, su partida de golf de los sábados, su asistenta interna boliviana y la compulsiva necesidad de bolsos y zapatos de marca de su señora. Ya sé que ambos personajes no representan a los votantes del PSOE y del PP, son sólo dos caricaturas, extremas, que sólo he usado para dibujar el conservadurismo sociológico.

Lo cierto es que el mundo rural siempre ha sido conservador y el urbano progresista. Los cambios sociales importantes, las revoluciones, los movimientos culturales se han gestado en las ciudades. Y así sigue siendo, una parte de la ciudadanía que ahora ha votado al PP, sobre todo en las ciudades, lo ha hecho desde un sentido progresista, desde la necesidad de cambiar las cosas que olían mal, esa misma necesidad que en el año 82 aupó al gobierno a Felipe González y el partido socialista, llevado en volandas por una sociedad progresista que necesitaba un “cambio” (acertado eslogan de campaña elegido por el PSOE). El campo sigue aferrado a la seguridad, al miedo al cambio, ese miedo atávico que quizá antaño ante las malas cosechas y la climatología adversa, propiciaba el guardar, el conservar como única salvaguarda.

Pese a ello, lo cierto es que tanto PP como PSOE han demostrado que hoy en día son partidos conservadores, más preocupados por mantener los privilegios asociados al poder (control de la Justicia, de las Cajas de Ahorro, de la Ley Electoral, de la opacidad en la financiación de los partidos, de los mecanismos que han permitido a ambos tejer una red clientelar interna y externa que tan excelente réditos electorales aporta…), que por mejorar la vida de los españoles. Lo cierto es que hasta los nuevos votantes “progresistas” del PP, han sido bastante conservadores en su apuesta: “queremos cambios, pero dentro de un orden”. De hecho un análisis político de lo que significa progresismo o conservadurismo desde una perspectiva política real, al menos en la España actual, no se soporta de ninguna forma. Ningún partido de “derechas” europeo cuestiona el estado del bienestar, los derechos sociales alcanzados, desde un liberalismo salvaje y ninguno de “izquierdas” plantea poner freno al motor privado de la economía mediante un intervencionismo igual de salvaje. Aunque en España ambos partidos practiquen la permanente representación de la diferencia, nos intenten llevar al discurso maniqueo, caricaturizando al oponente y sus ideas de esa forma y con simplismos como el que me he atrevido a hacer antes, lo cierto es que tienen muy claro que en lo importante (para ellos), están de acuerdo y deben seguir estándolo. Lo cierto es que ambos quieren mantener su estatus y una sociedad dócil. Ambos están igual de preocupados por los cambios, por el despertar que pueda surgir del movimiento 15M, y por supuesto igual de preocupados por la existencia de UPyD, tan asustados ante los cambios como el notario y el agricultor subsidiado.

Por lo tanto, y volviendo al principio ¿cómo es la gente de UPyD?, pues evidentemente progresista. Progresistas de verdad, porque somos reflexivos, porque sobretodo somos librepensadores que no necesitamos una etiqueta para reconocernos. De hecho nos sentimos obligados a reconocernos cada día, porque cada día sometemos al tamiz del intelecto nuestras propias convicciones, nos lo replanteamos todo, hemos sustituido nuestras verdades absolutas por análisis crítico de todas las cosas. Por supuesto es más cómodo deambular por la vida sabiendo que eres del Betis, del Madrid o del Barcelona, sin plantearte por qué, sabiendo que eres católico o musulmán sin cuestionarte las razones, sabiendo que te sientes español, andaluz, gallego o vasco, sin pensar en lo que ello significa, y por supuesto creyendo saber que eres progresista, liberal o conservador, y que votas cuando toca religiosamente a unas siglas que con ello identificas, porque votas a los “tuyos”, sin titubeos. Claro que es más cómodo. Pero hay ciudadanos que tenemos la terrible necesidad de pensar y hacerlo sin ataduras ni convencionalismos, que sólo tenemos inmóviles los principios, que seguimos creyendo en el ser humano y en la utopía, esa utopía secuestrada por los funcionarios del negociado de sueños dentro de un orden que cantaba Serrat.

Estos ciudadanos, buena parte de los cuales nos hemos encontrado en UPyD y no de acampada en las plazas, porque nos hemos dado cuenta de la necesidad tres años antes y porque sabemos que para cambiar lo que no funciona en el sistema hay que formar parte del mismo, sólo estamos empezando un camino, asentado las piedras y desbrozando la maleza para que otros lo transiten después. Somos albañiles que ya hemos levantado los cimientos y paredes de un edificio en el que ahora estamos poniendo el techo bajo una molesta lluvia que nos moja. Somos conscientes de que muchos están esperando para entrar cuando el edificio sea confortable. No nos importa en absoluto, porque tenemos claro que lo importante no es el edificio, es el camino y sobre todo la necesidad de andar permanentemente, de avanzar, de progresar. Una vez creado el hábito nada será como antes.

Hemos sustituido las ideologías, que deben quedar sólo para los libros de historia y la wikipedia, por las ideas, ideas que permitan progresar a nuestra sociedad. Los escépticos se acabarán dando cuenta de que hemos creado un instrumento, un instrumento que permita a los ciudadanos recuperar el control de la política y de los políticos.

lunes, 20 de diciembre de 2010

TENEMOS LO QUE NOS MERECEMOS

Lo políticamente correcto es decir que el pueblo soberano es sabio. Lo razonable es que no lo sea.

Tenemos una clase política de un nivel lamentable, especialmente cuando la comparamos con la de los países del norte de Europa, los que mantienen tasas de paro por debajo del 10%. Resulta más patente cuando se tienen que enfrentar a cuestiones de Estado, cuando han de actuar con amplias perspectivas, con generosidad, cuando de ellos han de esperarse decisiones que trasciendan a la oportunidad política…, es en esos momentos cuando nos damos cuenta del déficit en la calidad política y muchas veces también humana de nuestros gobernantes.

Pero alguna vez tendremos que coger el toro por los cuernos y reconocer que esta situación no es más que el reflejo de la sociedad que tenemos, no es más del reflejo de lo que somos. Los políticos españoles no han sido injertados ni inoculados en nuestras instituciones, no son cuerpos extraños llegados de no se sabe dónde que prosperan y se desarrollan en este caldo de cultivo, no son más que una parte de nosotros, pública y notoria, pero al fin y al cabo sólo una forma más de expresión de nuestra sociedad.

Los españoles, este grupo de seres humanos que habita en la actualidad en el territorio político e histórico que llamamos España (como me he impuesto no darle a los pueblos entidad de sujetos de derecho, no pienso usar el concepto “pueblo español”), se caracteriza por el índice de lectura más bajo de Europa, por un fracaso escolar de los más altos, el informe PISA nos sigue situando en el furgón de cola de la OCDE, estamos muy por debajo de la media europea en cuento al conocimiento de otro idioma se refiere, somos el país de Europa con menos usuarios de internet y nuevas tecnologías. España es el país de Europa occidental con menos patentes después de Portugal, nuestra mejor universidad se encuentra en el puesto 201 del mundo…

Los programas de televisión con más audiencia son los llamados de “telebasura”, que concentran un número creciente de minutos en todas las cadenas, franjas horarias y días, el diario más vendido de información deportiva supera en ocho veces al más vendido de información económica, y casi lidera el ranking general. En este país hay 800 imputados por corrupción política, y pese a ello muchos políticos imputados ganarían de nuevo las elecciones de forma clara según las encuestas. El representante de los empresarios españoles es un individuo imputado por delitos de corrupción, cuya empresa principal ha quebrado dejando a más de 1.500 empleados en la calle y de la que sacó 238 millones de euros sin justificar. En este país se dedican 7.504.590 horas al mes en tareas sindicales, lo que equivale a 57.112,5 liberados que nos cuestan como mínimo 1.664 millones de euros al año, tenemos el puesto 42 en el ranking mundial de competitividad.…

Podríamos seguir poniendo ejemplos, pero ¿de verdad nos extraña que nuestra tasa de paro duplique la de la media europea? ¿De verdad nos extraña la forma en que la crisis se ha cebado con España? Nada es por casualidad, todo es un reflejo de los cimientos, de los materiales con los que esta sociedad se ha construido, y aquí queda mucho por hacer. Desde luego ni desde la autocomplacencia, ni desde la resignación o la demagogia vamos a salir de esta crisis endémica, congénita, esa que también padecíamos aunque no nos diéramos cuenta en los tiempos de la hiperactividad ladrillera.

Podemos mirar para otro lado y echarle la culpa al retraso generado por cuarenta años de franquismo. Podemos decir sin ningún tipo de pudor ni sonrojo, como los socialistas andaluces, que es el escaso nivel cultural de los padres el causante del fracaso escolar actual. Podemos escurrir el bulto y no reconocer que si en 30 años de democracia no hemos sido capaces de hacerlo mejor, tendremos que hacernoslo mirar, algo habrá que plantearse. Afortunadamente los políticos españoles no pueden justificar su ineptitud aludiendo a ningún bloqueo comercial como los cubanos, pero aún así parece como si con ellos esto no fuera.
¿Qué referencias nos quedan? ¿Los deportistas? ¿La selección nacional, a la que hemos tenido que rebautizar como “la roja” para que no produjera sarpullidos a algunos? Desgraciadamente también los deportistas españoles están en el punto de mira de la comunidad internacional por el abuso de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento, tanto como lo están nuestras autoridades por haber perseguido con tan poca intensidad esta práctica deleznable.

Este país necesita políticos capaces de romper la dinámica, de destacar, de ser distintos, de no parecer ni actuar como españoles, lo cual es muy difícil, porque somos todos nosotros los encargados de seleccionarlos.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Tópicos

El Gobierno andaluz ha presentado esta semana la iniciativa 'Andalucía 10', compuesta por un conjunto de acciones con las que se pretende mostrar en el contexto nacional y europeo la realidad de la comunidad autónoma, alejada de los tópicos. La campaña ha sido presentada en Madrid y encargada a una empresa de comunicación catalana.

Al Partido Popular no se le ha ocurrido otra cosa para criticar al gobierno andaluz que preguntarse por qué se ha encargado la campaña a una empresa catalana en vez de andaluza. Quizá haya que recordar al señor Arenas que en España es inconstitucional que el domicilio social del contratista sea un criterio a tener en cuenta en los procedimientos de contratación pública. Ya sabemos que existen múltiples fórmulas para burlar este precepto y que la Ley de Contratos del Sector Público tiene tantas grietas que suele ser desgraciadamente muy sencillo aplicar la discrecionalidad para contratar a quien se desee, pero asusta pensar que al eterno partido de la oposición eso sea lo que le preocupe. Este es el partido con sentido de Estado y carácter nacional que nos va a sacar de la crisis, para temblar...

Lo del PP asusta, pero lo del PSOE entristece. Nada más ni nada menos que una campaña publicitaria para combatir los tópicos sobre Andalucía y mejorar su imagen. Los ideólogos del partido, esos de la incontinencia publicitaria y el escaparate han decidido trasladar la receta que tan buenos resultados les ha dado hasta la fecha para la promoción del PSOE y sus gobiernos, a la promoción de todos los andaluces y nuestra Comunidad Autónoma. Estamos salvados, a falta de ideas, de propuestas eficaces, propaganda.

Y es que estos cretinos no se han parado a pensar eso de que Excusatio non petita, accusatio manifesta. Darle carta de naturaleza a los tópicos de los andaluces es aceptar que algo tienen de cierto, y nada más lejos de la realidad. Los andaluces, por lo menos la mayor parte de ellos, no tienen que demostrar nada, lo que tienen que hacer es salir del pozo en el que cuarenta años de franquismo y treinta de socialismo democrático les han hundido.

Lo que tiene que hacer el gobierno andaluz, o mejor aún, lo que tenía que haber hecho, es haber puesto los medios para que Andalucía no estuviera en el furgón de cola del fracaso escolar, para que no duplicáramos la tasa de paro de otras comunidades autónomas españolas, para que ser empresario en Andalucía fuera más fácil que ser empleado público…

Esta campaña es el fiel reflejo del complejo congénito del pueblo andaluz, el nos obliga a justificarnos permanentemente, a caer bien forzadamente, a ser simpáticos incluso cuando las cosas no tienen gracia…, pero sobre todo es la demostración evidente de la mala conciencia del aparato socialista, que sabe perfectamente, como el estudiante mal aplicado, como el marido infiel, que lo ha hecho mal, y el ponerse a la defensiva y el disimulo es el único recurso que le queda.

Y por cierto, señor Griñán, si han sido las últimas palabras de Puigcercos o las anteriores de Esperanza Aguirre, las que le han movido a esto, ya debería saber que paletos hay en todas partes, y que esa enfermedad sólo se cura viajando.

¡Si en España pudiéramos crear un Erasmus autonómico obligatorio en secundaria, algo para lo que evidentemente no tenemos dinero, de cuantos males nos libraríamos unos y otros…!

miércoles, 15 de diciembre de 2010

UPyD, el partido viagra

En las ocasiones en que conseguimos despertar el interés de los periodistas en el ámbito local y nuestros candidatos y representantes tienen la oportunidad de expresarse y ser entrevistados, resulta inevitable la pregunta acerca de si pretendemos constituirnos como el partido bisagra que pueda resultar clave para garantizar la gobernabilidad municipal, y completar la mayoría necesaria para lograr la estabilidad política en aquellas corporaciones en que los resultados electorales no arrojen mayorías absolutas.

También resulta inevitable que nos pregunten a quién vamos a apoyar en caso de empate y si estamos dispuestos a pactar y entrar a formar parte de los gobiernos municipales.

No nos cansaremos de decir que UPyD en ninguno de los ámbitos donde concurramos a las elecciones y obtengamos representación pactaremos la entrada en el gobierno, que cualquier pacto de gobierno estaría supeditado a la aceptación de nuestros planteamientos centrales de índole nacional, fundamentalmente el relativo a la reforma de la ley electoral, algo que suponemos que ni PP ni PSOE estarán dispuestos a aceptar a cambio de una alcaldía.

Por tanto votaremos las propuestas una a una y acabaremos apoyando a uno u otro partido indistintamente en función de que lo que defienda nos parezca que redunda en beneficio de los ciudadanos o no.

Por lo tanto de partido bisagra nada, más bien partido viagra. Que nadie olvide que hemos nacido para revitalizar la política, para fortalecer la cosa pública, para regenerar la democracia, para devolver a los servidores públicos la dignidad perdida, a recordarles que sólo deben trabajar para los ciudadanos, no para los partidos, y sobre todo para recuperar la confianza perdida en los políticos, esos que hace ya mucho tiempo que han dejado de comportarse con sentido de Estado, con generosidad y amplitud de miras, para convertirse en una casta justamente repudiada por la ciudadanía, que confunde el interés general con el interés del partido cuando no el suyo propio.

Ya sabíamos que éramos el partido erótico por nuestra transparencia y porque todo lo pagamos a escote, pero considerando que hemos venido para revitalizar, fortalecer, regenerar, devolver la dignidad y recuperar la confianza perdida, y sobre todo que andamos por el panorama político nacional con la cabeza muy alta, no andan muy perdidos los que pretenden vernos como el partido viagra.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Ideas felices en el urbanismo andaluz: estamos salvados

El PP-A se ha manifestado a favor de la regularización masiva de las casi 500.000 viviendas ilegales que existen en Andalucía, tal y como se ha producido en Extremadura mediante un acuerdo entre el PSOE y el PP.

Una vez más el PP abraza medidas electoralistas, en este caso apoyando a los miles de afectados por los desmanes urbanísticos que en toda Andalucía tuvieron lugar durante los recientes años de vacas gordas, desmanes que se han producido necesariamente también con el concurso culpable de muchos ayuntamientos gobernados por este partido.

Desde luego es mucho más fácil hacer tabla rasa y legalizar masivamente todo lo construido en suelo no urbanizable, pero también mucho más injusto y peligroso. Injusto porque este tipo de medidas equiparan al que lo hizo bien y al que lo hizo mal, peligroso porque se lanza el peor mensaje posible, el que dice que frente a los hechos consumados, la ley se arruga.

Parece más razonable la política de la Junta de Andalucía del estudio caso a caso, bajo el principio de legalizar todo lo legalizable, pero analizando cada situación y sus circunstancias. Y en este punto habrá que recordarle algo al señor Arenas, ahora que aprovechando de nuevo la desgraciada coyuntura de centenares de familias que en las provincias de Sevilla, Córdoba y Jaén han tenido que desalojar sus casas y perdido sus bienes, sale a los medios como paladín de los desfavorecidos, a recordar que la Junta no ha sido previsora frente a las avenidas e inundaciones que un invierno más volvemos a sufrir. Esa falta de previsión ya la denunció UPyD hace un año, pero hay que ser coherente: es incompatible una política preventiva eficaz frente a las inundaciones con la legalización masiva de todo lo construido de forma ilegal, pues precisamente la prevención comienza con el planeamiento urbano, algo que está escrito con mayúsculas en la primera página del primer capítulo del libro del urbanismo razonable, y que al principal partido de la oposición no se le debería escapar.

Lo que no es aceptable es la forma en que la Junta de Andalucía está gestionando esta situación y está abordando el estudio pormenorizado de cada caso. No es de recibo que no se tomen las medidas para que los PGOU,s que se puedan revisar lo hagan en un tiempo razonable, y no es razonable que en algunos casos estas revisiones se extiendan a lo largo de más de ocho años. No es de recibo que se use al cuerpo de inspectores urbanísticos, se les prive de independencia y se dirijan con criterios políticos y no técnicos al desgaste de los ayuntamientos no afines y se les inste a mirar para otro lado cuando de los suyos se trata. No es de recibo que tantos miles de afectados que compraron de buena fe no encuentren una salida, mientras la mayor parte de los promotores y políticos corruptos salgan de rositas, o en el mejor de los casos tras un breve contacto con la justicia, que casi siempre compensa el beneficio obtenido por el delito cometido. Y sobre todo, no es de recibo que, como se acaba de saber, la Junta anunciara a bombo y platillo que la única solución al despropósito del Algarrobico era la demolición, mientras en las mismas fechas, enero de 2009, informaba el Plan General presentado por el Ayuntamiento indicando que el sector en cuestión “aparecía clasificado como Suelo Urbanizable Ordenado, debiendo estar clasificado como Suelo Urbano Consolidado”, yendo mucho más allá de las pretensiones del timorato consistorio. Una auténtica vergüenza que pone de manifiesto como el nivel de seguridad jurídica de nuestra comunidad autónoma se asemeja más al de Gabón que al de la Europa civilizada a la que pretendemos parecernos.

UPyD tiene las cosas muy claras en materia de urbanismo:

Es preciso abordar importantes cambios en el ámbito del planeamiento, los sistemas de gestión y de disciplina urbanística, incluyendo los de control y fiscalización de la actividad de las entidades locales, tanto desde el punto de vista interno de la organización administrativa como desde los ámbitos externos como el Poder Judicial, Ministerio Fiscal o Tribunal de Cuentas.

Hay que abordar la modificación del sistema de financiación de las entidades locales para evitar que los Ayuntamientos utilicen el urbanismo como vía esencial de financiación.

Hay que propiciar cambios en la legislación penal sobre delitos contra la ordenación del territorio, promoviendo la creación de una figura específica de prevaricación consistente en informar o aprobar cambios de clasificaciones de suelo arbitrarias o infundadas y haciendo obligatoria la demolición de construcciones ilegales, salvo situaciones excepcionales.

Hay que incrementar el número de Juzgados de lo Contencioso-Administrativo y del número de Secciones de las Salas de lo Contencioso-Administrativo, potenciando la formación en materia de urbanismo y medio ambiente de los Magistrados.

Hay que dotar adecuadamente a las fiscalías dedicadas a atajar irregularidades urbanísticas y corrupción, potenciando su dedicación exclusiva.

Hay que obligar a la inscripción obligatoria en el Registro de la Propiedad de todo procedimiento abierto en materia de disciplina urbanística, tanto en vía administrativa como judicial.

Hay que reformar la legislación de régimen local para devolver a los Secretarios e Interventores de Ayuntamiento sus funciones de fiscalización de la legalidad de las actuaciones municipales, recuperando la figura tradicional de la advertencia de ilegalidad que correspondía al Secretario y al Interventor en sus esferas de actuación.

Éstas y otra veintena de medidas forman parte del Programa Marco Autonómico de Unión, Progreso y Democracia en materia de urbanismo, que se puede consultar en

http://www.upyd.es/fckupload/pdf/programa_marco_autonomico_2010.pdf

lunes, 22 de noviembre de 2010

MITOMANÍA

Dicen los resentidos, esos que ya no hacen más aportaciones a la política nacional que criticar y hacer todo el daño posible a UPyD, entre otras lindezas destiladas del rencor,  que Rosa Díez está endiosada.
Opinar sobre tal consideración no me estimula, aunque personalmente no creo que sea así. La tengo por una persona inteligente, reflexiva y con una considerable experiencia vital, por lo que veo difícil que haya sucumbido a algo de tal simpleza intelectual.
Lo que sí tengo muy claro es que hay quienes la veneran, han establecido un culto a su persona e incluso peregrinan tras ella en busca de bendición o sanación política. Algunos vuelven tras la experiencia religiosa a sus terruños, pregonan que han visto a la virgen, que se comunican con ella y conocen su mensaje secreto, levantan ermitas para su adoración, y pasan el cepillo de la confianza ciega para vivir del cuento: son nada más ni nada menos que los mensajeros de Dios en las provincias. De este país de princesas del pueblo, telebasura e idolatrías no cabe esperar menos, es normal que pronto capten incautos, adeptos que se sientan seguros al calor de los profetas y su benefactora protección.
Sea como fuere, la mitomanía, como todas las manías, ha de ser objeto de estudio de la ciencia psicológica, y como tal ha de ser tratada, por lo que profundizar en la materia me parece temerario.
Definitivamente no creo que Rosa esté endiosada, aunque debe ser difícil soportar tantas dosis de adulación, de peloteo, de regalos al oído, de quiero hacerme una foto contigo…, sin flaquear en el ánimo. Difícilmente está en su mano controlar o evitar los efectos que involuntariamente despierta en los débiles de espíritu y de autoconvicción, esos que necesitan el ídolo como referente porque no tienen otras razones, porque no entienden o no quieren entender lo importante. Ya veremos cuantas nuevas religiones y “papas clementes” nos salen de todos estos iluminados y zahories.
Afortunadamente en UPyD seguimos siendo mayoría los que sabemos que Rosa no es lo importante, lo importante es lo que dice y como lo dice, seguimos siendo mayoría los que sabemos que tampoco Carlos es importante, lo importante es lo que piensa y lo que escribe, seguimos siendo mayoría los que sabemos que ni siquiera UPyD es importante, que lo importante es lo que hemos venido a hacer en política, lo importante son las razones que nos han obligado a nacer: la necesidad de regeneración democrática, de cambios profundos que contribuyan a mejorar la vida de las personas,  que devuelvan al ciudadano el control sobre los políticos, y a los políticos el respeto de los ciudadanos.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Farándula, cultura y política

“Yo no maldigo mi suerte, porque minero nací, aunque me ronde la muerte, no tengo miedo a morir …”, así se expresaba en 1955 Antonio Molina uno de los más grandes cantantes que ha dado este país. No se me ocurre una forma mejor y ciertamente bella de manifestación del conformismo, de la docilidad, de la resignación y de defensa de los valores del régimen político que los españoles padecíamos en 1955.

No es desde luego el único ejemplo, el poema Trigo Limpio de Rafael de León, que Pepe Pinto interpretó con enorme éxito en 1950, ha pasado a la historia como posiblemente la más brutal escenificación del machismo reinante en la España nacionalcatólica de la época.

Ni Pepe Pinto, ni Antonio Molina, ni ninguno de los grandes artistas de la copla que triunfaron en los 40, 50 o 60 sentían ninguna necesidad de denunciar las injusticias del régimen franquista. Muy al contrario, formaban parte de un sistema al que estaban perfectamente adaptados. No tiene sentido morder la mano que te da de comer, pensarían aquellos artistas españoles de mitad de siglo XX. Siempre es más fácil vivir conforme a los cánones establecidos, formar parte del rebaño y aprovechar las ventajas que inevitablemente proporciona el apego al poder.

También el Nuevo Estado (como por entonces se denominaba al régimen de Franco), sintió una inmediata preocupación por la industria cinematográfica, cuya incidencia política y social era especialmente importante. Por eso, desde 1940, se dedicó a estimularla, mediante distintos sistemas proteccionistas, que cineastas como Florián Rey, Benito Perojo, o Edgar Neville supieron aprovechar.

Al régimen de Franco le llegó su hora. Llegó un momento en el que la necesidad de libertad era tal, la atmósfera tan irrespirable, que el mundo de la cultura acabó reaccionando. Entonces aprendimos que “si yo tiro fuerte por aquí y tú tiras fuerte por allí, seguro que cae, cae, cae, y podremos liberarnos”, aprendimos que “este país no necesita palo largo y mano dura para evitar lo peor”, que "en la planta 14 el chófer del patrón se sentía desplazado, que era un hombre prudente, bien domado”… Y en el cine nombres como Luis García Berlanga, Elías Querejeta o Basilio Martin Patino supieron y quisieron denunciar lo denunciable, burlando la censura de la época y arriesgando.

A estas reflexiones me lleva el acto que ayer reunió al grupo de la ceja, esos que por excesiva extensión los medios de comunicación denominan “el mundo de la cultura”, en torno a los sindicatos convocantes de la pseudohuelga general del día 29. Cantantes y actores, que llevan varios años mostrando pública y notoriamente su apoyo a una forma de hacer política que les va bien, pues también ellos han sabido adaptarse al sistema (hasta tal punto que han colocado a una de los suyos en un Ministerio), artistas que no tienen necesidad de denunciar nada, que se consideran progresistas, aunque lo único que les preocupa es conservar lo conseguido, sin ningún interés porque nuestra democracia progrese. Siguen anclados en los viejos postulados de la lucha de clases, argumento vácuo ya superado en la Europa del siglo XXI. Lo que era necesaria rebeldía en los 70 hoy no es más que trasnochada melancolía, consignas y etiquetas. Ya no existe la canción protesta, la han sustituido por las reuniones de respaldo.

Forman parte de la cultura oficial, y permanecen impávidos entorno al pesebre de un rancio conservadurismo. Igual que la niña Marisol, el engendro del régimen franquista que Doña Carmen Polo llevaba a los jardines del Pardo a jugar con sus nietas y tomar chocolate, igual que las flamencas de los sesenta que se buscaban la vida en los saraos nocturnos ante gobernadores civiles y ministros, los actuales pastelean en los centenares de despachos del poder, contratando giras, firmando compromisos de aceptación de subvenciones o montando plataformas de apoyo a ZP. Con su sindicato vertical, la SGAE, andan por ahí, custodiando la doctrina de la fe en este sistema y en la sectaria ideologización con la que filtran la realidad.

Lo más triste es reconocer que no sienten la necesidad de denunciar, de criticar nada. Han perdido la sensibilidad, ya ningún estímulo despierta la rebeldía. Ya sabemos que la España de 2010 no es la de 1975, ni tenemos los mismos problemas, ni cabe esperar las mismas reacciones, no sería de recibo caer en esa demagogia. Pero en la España de 2010, tras más de 30 años de democracia imperfecta, hay muchas cosas por arreglar, mucho por lo que quejarse. En un país con más de cuatro millones de parados, con una tasa de paro que duplica a la media de europea, donde el voto de los ciudadanos no vale lo mismo en todas partes, donde los privilegios fiscales de determinados territorios se han consagrado, donde la justicia no es libre ni independiente del poder político, donde la educación es la peor de Europa y se ha convertido en un arma al servicio de los nacionalismos uniformadores, y donde una administración gigantesca, desproporcionada, multiplicada por 17, lastra cualquier posibilidad de progreso real, al mundo de la “cultura” no se le oye. Ni están, ni se les espera.
Si se calla el cantor, calla la vida¸ cantaba Mercedes Sosa, pero aquí hace demasiado tiempo que están callados, que sólo abren la boca para adular o para llamar delincuentes comunes a los presos de conciencia cubanos. Ya sólo les queda decirnos que no maldigamos nuestra suerte, que ciudadanos de España nacimos y que no hace falta que aspiremos a más, como hace 60 años le decían a la pobre de Maria Manuela, cuando se quería poner guapa.



domingo, 26 de septiembre de 2010

EL RETO DE UPyD

Me afilié a UPyD en noviembre de 2007, sin haber tenido experiencia política previa. En mi primer contacto con el partido hacía estas preguntas:

• ¿Cómo va a organizarse el partido para conseguir que la regeneración democrática sea profunda y sistémica y no un simple maquillaje?
• ¿Cómo conseguir que no se trate de cambiar las caras de los protagonistas, pero que cuando pasado unos años miremos atrás, veamos que todo sigue siendo igual?
• ¿Cómo conseguir que no se generen políticos profesionales, necesitados vitalmente de seguir agarrados al poder para seguir comiendo?
• ¿Cómo conseguir que el partido esté en manos de personas generosas y convencidas en el bien común, que no necesiten de la política para vivir? ¿Cómo garantizar que el bien común y el interés general siempre estén delante del interés del partido o de la ambición personal?
• ¿Cómo conseguir desterrar de esta organización los usos y costumbres propios de la clase política española, el maquivelismo, las intrigas, los acuerdos de compraventa de votos, apoyos e influencias, las negociaciones en los pasillos de los congresos, el tú vótame que ya me acordaré de ti, el politiqueo basura que hace que arriba no estén necesariamente los mejores por méritos, sino el mejor vendedor de ilusiones, sonrisas a tiempo, bienquedas, relacionados y estómagos agradecidos....?
• ¿Nos vamos a plantear realmente meterle mano a la parte parásita de la función pública, a las empresas públicas hipertróficas, a las agencias, fundaciones y miles de fórmulas que los políticos han ideado para colocar a los amigos, a las relaciones de dependencia, a los votos cautivos e interesados, a los repartos de cargos, a los lobbies, sindicatos y diversos engendros que viven del sistema...?,
• ¿Van a revisarse algunos de los principios "democráticos", que parecen intocables, y que permiten que todo este montaje funcione?

Hoy, casi tres años después, tengo que reconocer que UPyD no me ha defraudado, que efectivamente estamos para dar respuesta positiva a todas esas preocupaciones, que nos hemos sabido dotar de unos Estatutos que nos defienden de esos riesgos, aunque esos riesgos existen y siguen ahí. No ha cambiado nada mi posición, ni mis preocupaciones, ni mis intereses, aunque eso sí, ahora tengo mucha más experiencia.

Le experiencia me dice que la respuesta a esas preguntas no la tiene nadie, ni siquiera Rosa, la respuesta a estas dudas la tiene el conjunto de los militantes de UPyD. Lo que seamos capaces de hacer juntos y sobre todo lo que seamos capaces de evitar, determinarán el sentido de la respuesta a esas cuestiones.

Y es que en UPyD hay dos tipos de militantes, evidentemente, haciendo un enorme ejercicio de simplificación, de la compleja naturaleza humana. A uno los defino como Ciudadanos Hastiados y al otro como Políticos Psicológicos, y nada tiene que ver el pertenecer a un grupo u otro con la experiencia política previa. Existen Ciudadanos Hastiados con mucha experiencia política previa, y Políticos Psicológicos sin ningún tipo de experiencia política. ¿Cómo distinguimos a unos de otros, pues?

La prueba del nueve, que sólo se la puede aplicar cada uno a sí mismo, consistiría en imaginarnos el absurdo que el PSOE y el PP de repente decidieran pactar lo importante, trabajar con sentido de Estado y adoptar todas y cada una de las medidas y propuestas de UPyD, es decir, que llegáramos a la situación a la que nos referimos en el último párrafo de nuestro Manifiesto Fundacional: “UPyD sólo aspira a existir mientras sea necesario para resolver los problemas que nos preocupan”. Para los Ciudadanos Hastiados esta sería una buena noticia, habríamos conseguido el objetivo. Para los Políticos Psicológicos sería una muy mala noticia, un ¿y ahora a qué me dedico? El filósofo y psicólogo alemán Eduard Spranger, ya identificaba el tipo de personalidad política de la siguiente manera: “El hombre político busca el poder, no necesariamente el poder del Estado, sino el poder en todas sus vertientes. Son personas persuasivas, que tienden a dominar a los demás para imponerles sus propios criterios. Identifican la grandeza política con la grandeza moral…. Si el hombre social encuentra su mayor satisfacción en darse a los demás, en el desprendimiento, el hombre político sólo utiliza las relaciones sociales como un medio de autoafirmación y autorrealización”.

En definitiva, no se trata más que entender que UPyD no es un fin en sí mismo, sino sólo un mecanismo o forma de alcanzar objetivos superiores. Se trata de creer firmemente y cada día en lo que hemos puesto por escrito: UPyD es un partido instrumental. Estoy convencido que la gran mayoría de nuestra militancia pertenece al grupo de los Ciudadanos Hastiados, es fiel a nuestros principios y piensa que este partido no ha nacido para ser más de lo mismo, sino para abrir una ventana de racionalidad, sentido común y honestidad en nuestra democracia. Pero también tengo claro que por cada político psicológico que tengamos entre nosotros necesitamos cuatro o cinco ciudadanos hastiados, pues los primeros les ponen mucha más energía, dedicación y empeño a esto de la política, y además no tienen límites, ni a veces escrúpulos para lograr sus objetivos. Cuanto más tengamos de Movimiento Cívico y menos de Partido Político tradicional, más cerca estaremos de lograrlo, evidentemente sin caer en la insensatez de comportarnos como una ONG o asociación de amigos sin ambición política. Somos un partido que aspira a tener responsabilidades de gobierno, y ello nos obliga a un necesario pragmatismo, rigor y disciplina desde el realismo y la adaptación al medio.

El gran reto al que se enfrenta UPyD no es crecer electoralmente, no es conseguir más votos y ganar más peso político en las sucesivas elecciones, eso es algo que pasará sí o sí, a mayor o menor ritmo, pero de forma segura e implacable. El gran reto, lo verdaderamente difícil, será hacer todo eso sin dejar de ser lo que dijimos que queríamos ser cuando nacimos, lo complicado será ganar elecciones y que al mirarnos al espejo sigamos reconociéndonos, viendo los mismos principios que nos alimentaron, en definitiva, que sigamos siendo el partido de la regeneración democrática.

No podemos descuidarnos, tenemos que velar día a día para que en cada decisión, en cada gesto, mantengamos nuestros principios regeneracionistas. Eso no nos lo van a garantizar el sistema organizativo con que nos dotemos, ni la mayor o menor democracia interna, sino la calidad humana de nuestra gente, sus valores y principios, y aunque evidentemente la redacción y previsiones de nuestros estatutos lo dificultan, no podemos caer en el error de pensar que sólo con eso estamos salvados, no podemos bajar la guardia.

En los próximos meses nos embarcaremos en el proceso de primarias que nos conducirá a tener candidatos a las elecciones locales en numerosas ciudades y pueblos de España. Es sin duda un momento crítico de nuestra todavía corta existencia.

Admiro a los compañeros que están dispuestos a dar la cara ante la sociedad, a ocupar cargos de representación externa dentro de la organización y asumir la enorme responsabilidad de ocupar cargos públicos cuando llegue el momento. Aspiro a que sean recompensados, también económicamente, por su trabajo y sacrificio. Pero espero que esos compañeros entiendan que el ocupar un cargo debe ser la consecuencia necesaria de perseguir un objetivo superior, no la causa. Espero que nunca perdamos el norte, que nunca dejemos de tener conciencia de que estamos para lo que estamos, de qué es lo importante y qué lo accesorio. UPyD no es el fin, es el medio, la herramienta, el instrumento.En el PP, el PSOE y el resto de los partidos tradicionales esto lo han olvidado hace muchos años.

Nuestra transversalidad y progresismo liberal, nos obliga a ser moderados en los posicionamientos ideológicos, nuestro sentido de estado, nuestro sentido común, nos ha de llevar a una actitud de sensatez y racionalidad en nuestra actividad y presencia política. Pero en lo relativo a nuestro carácter regeneracionista debemos ser radicales. No podemos permitirnos caer en los vicios y costumbres de la clase política española, esa que nos ha obligado a nacer.

jueves, 15 de julio de 2010

CARTA ABIERTA A CLARO SÁNCHEZ ALTARRIBA, PRESO DE CONCIENCIA CUBANO

Querido amigo Claro:

Ni me conoces, ni te conozco, pero te siento cerca y me permito tratarte como a un amigo.

Considera estas líneas una confesión, laica pero una confesión al fin y al cabo. Y no es que tenga un sentimiento de culpa, ni la mala conciencia del pecador redimido. Quizá sea más bien el reconocimiento postrero de una enseñanza vital, de un crecimiento personal.

Confieso que hace apenas 15 años, en el fervor veinteañero, el abajo firmante defendía con denuedo y vehemencia al régimen cubano. Esgrimía en tertulias y debates con amigos y compañeros de Facultad todas las razones que justificaran su existencia y su bondad. Argumentos me sobraban: el índice de desarrollo humano de la ONU siempre ha dado a Cuba una nada desdeñable posición, su educación, su sanidad, su esperanza de vida, con niveles objetivos muy por encima de su entorno, el bloqueo comercial norteamericano…, entre otras muchas razones me animaban a pensar que las dificultades económicas de Cuba eran un precio más que razonable por conseguir una sociedad justa y solidaria, y que a fin de cuentas, considerando la situación del resto de Centroamérica, si en Europa teníamos que preocuparnos por algo, no sería precisamente por Cuba y su gente.

Confieso que aún tengo entre mis canciones preferidas esa que cantaba Victor Jara que decía “si yo a Cuba, le cantara, le cantara una canción, tendría que ser un son, un son revolucionario…”

Quizá sea eso que dicen de que el que con dieciocho años no ha sido comunista es que no tiene corazón, y el que a los cuarenta lo sigue siendo, no tiene cerebro…. Yo creo que más bien se trata de la estúpida manía que tengo de pensar libremente, de no ser esclavo de mis propias convicciones, de analizar y razonar por defecto todas y cada una de las realidades o pararrealidades con que la vida nos enfrenta. Quizá se trate simplemente de que en aquella época me encontraba inspirado por el principio de Maquiavelo de que el fin justifica los medios: por la alimentación, la sanidad y la educación, bien se podía pagar el precio de la libertad. No lo sé, pero lo cierto es que me siento muy orgulloso de haber tenido esas convicciones, esas seguridades, esas inquietudes, cuando las tuve que tener.

Confieso que siempre me decía: “ojalá tenga la oportunidad de conocer Cuba antes de que en La Habana abran el primer Mc Donalds”. Y efectivamente tuve la oportunidad de visitar Cuba allá por el 2003. Decidí ser un viajero además de un turista, y crucé media Isla con un coche alquilado (viajero pero demasiado comodón como para probar el transporte público cubano). Entonces tuve la enorme fortuna de conocer a un pueblo ejemplar, culto y entrañable (disculpa el lapsus, me he autoimpuesto no concederle a los pueblos entidad de sujeto -si vivieras en España me entenderías-, me refiero al conjunto de seres humanos, de personas, de ciudadanos que habitan la Isla de Cuba y comparten una cultura y un pasado común), conocí el sentido real de la palabra solidaridad, base sobre la que se sustenta el sistema de transporte de viajeros en Cuba, no fueron menos de 40 personas las que pude recoger en distintos cruces de caminos en mi auto de turista rico, con aire acondicionado y depósito lleno, para ayudarlos a avanzar algunas decenas de kilómetros en su lento peregrinar, todos ellos me enseñaron algo, hablé con los dueños de los paladares en los que me alojé, admiré la dignidad con la que la Cuba rural afronta las necesidades, con esa mezcla de ingenio, trabajo y resignación, admiré los grupos de niños y niñas que uniformados iban a la escuela en cada aldea, en cada pueblo, disfruté de la fiesta sanjuanera en Trinidad, y por un momento dejé de sentirme un turista cuando conseguí que me vendieran cerveza a granel a precio de cubano, no de turista español, desde un camión de feriante con un remolque de hojalata, poniéndome en la fila como el resto de la gente, con mi más humilde camiseta y sin abrir la boca para no despertar sospecha…

Un trozo de mí se quedó en Cuba, y un trozo de Cuba me traje conmigo para siempre, y ahora puedo decir reflexiva y racionalmente, sin apasionamiento ni vehemencia febril, que el fin jamás justifica los medios, que la educación sin libertad no es más que adoctrinamiento, que la salud sin libertad no es más que control sanitario, que el trabajo sin libertad es sólo esclavitud, que la justicia sin libertad es injusta, que la vida sin libertad es triste, sombría, que hasta la comida, la gastronomía sin libertad, no es más que nutrición, y discúlpame, Claro, por esta frívola alusión a la gastronomía, pero no puedo dejar de pensar en los trasnochados defensores que el régimen castrista tiene entre ciertos cómicos, sindicalistas e intelectuales de izquierdas españoles, esos que aprovechan cualquier ocasión para defender a los Castro y te consideran un delincuente y que lo hacen sin renunciar a sus cenas en restaurantes españoles en los que se dejan en una sentada una cantidad con la que en Cuba viviría una familia durante dos meses, esos que no tienen que comer a diario arroz o frijoles, y no consideran en el pollo o el cerdo, un manjar para ocasiones especiales.

Cuba necesita la libertad como al aire para respirar, tenéis derecho a decidir, incluso a equivocaros con vuestras elecciones (en España sabemos mucho de eso), tenéis que andar ese camino, y sólo lo podéis hacer vosotros. Tengo el convencimiento absoluto de que lo haréis pacífica y serenamente, y es que aunque con el objetivo de adoctrinar, el sistema educativo del régimen cubano, inevitablemente y sin pretenderlo ha propiciado la introducción en su gente de la semilla de la cultura, el pensamiento, la razón. Si una sociedad es capaz de reflexionar, debatir, acordar, encontrar consensos, esa será una sociedad culta como la cubana, no me cabe la menor duda.

Hoy, querido Claro, tengo que animarte a ti y al resto de tus compañeros presos a que nos desfallezcáis, a que sigáis soportando ese personal sacrificio en defensa de la libertad de los cubanos. Estar preso por opinar diferente, disentir, creer en la democracia... Posiblemente no haya empresa humana que merezca más la pena. Sois un ejemplo a seguir, y no dudes que la recompensa llegará más pronto que tarde. Estás preso por lo que piensas y lo que dices, por defender pacíficamente un cambio de gobierno en tu país, algo por lo que en las sociedades democráticas y libres nadie tiene que preocuparse.

Y además os tenéis que sentir orgullosos cada día de no haber caído en la tentación de recurrir a la violencia para defender la justicia, de no olvidar que vosotros “no sois guajiros, vuestra sierra es la elección”. A ella llegaréis gracias al generoso sacrificio de hombres como tú.

Un fuerte abrazo,

lunes, 14 de junio de 2010

EL DILEMA DE LA FUNCIÓN PÚBLICA

Es un hecho que corren tiempos difíciles para los funcionarios. Los empleados públicos cargan ahora con dos cruces, la histórica, esa del saberse objeto de crítica permanente por parte de la sociedad, inspiración de 40 años de humor de Forges, lugar común de conversaciones de ciudadanos cabreados…, y la recurrente, esa que hace que cuando los dineros de la cosa pública escasean, sean el eslabón más débil, el blanco fácil del ajuste, de la congelación salarial, o cómo en esta última andanada, del tijeretazo retributivo.

Esta segunda cruz la están sobrellevando con una dignidad inusual. El rotundo fracaso de la reciente convocatoria de huelga parece una muestra de ello. Sea por anticipado derrotismo, mala conciencia ante lo que está cayendo en el mercado libre, auténtica solidaridad y sentido ciudadano o simple interés económico por no perder un día de sueldo, lo cierto es que los sindicatos se han dado de bruces con una realidad que no esperaban.

La primera cruz también la soportan estoicamente sin muchos problemas, unos porque ya tienen la herida encallada, y las críticas resbalan sobre ella como gotas de agua sobre aceitosa indiferencia, y otros porque su trabajo, nivel de compromiso y profesionalidad les permiten tener la conciencia tranquila.

Es innegable que la gestión del trabajo público no es ni comparable con la gestión del trabajo en la empresa privada. Para desarrollar las mismas tareas, en la empresa privada se requieren muchos menos recursos. Ésta no se puede permitir el continuo escaqueo de un trabajador vago, y menos aún a un gerente incompetente, pues está sujeta a las crueles reglas del mercado. El mercado autorregula la incompetencia y la ineficiencia: un inútil para un determinado puesto puede permanecer un tiempo en el mismo, pero finalmente saltarán mecanismos de ajuste, internos en empresas con gestión profesional, o externos en empresas familiares o personalistas, que desembocarán en el mismo resultado. En la gestión de lo público estas correcciones naturales jamás van a darse, sencillamente porque las reglas del juego son otras. En esas reglas palabras como rendimiento, profesionalidad, eficacia, productividad, no tienen ningún sentido. Posiblemente otras muy distintas como docilidad, mediocridad, conformismo, son las claves de la adaptación al medio. Excelentes profesionales, absolutamente capaces y trabajadores, tras unos años en ese ambiente se habrán perdido para siempre.

Que lo público no funciona como debiera es un hecho, y que hay mucho neoliberal encantado con que siga sin funcionar, también. Las causas de algo tan evidente son varias, pero la principal es la libertad y la independencia que confiere el carácter vitalicio de la función pública. La impunidad y la seguridad de que ante la ineptitud no existirán represalias ni consecuencias, la ausencia de los mecanismos de control que sí se dan en el sector privado, hacen que este mal sea endémico y de difícil solución.

Y es de muy difícil solución porque lo cierto es que no podemos renunciar al carácter vitalicio y a la impunidad del puesto del funcionario, por la sencilla razón de que detrás de ellos no hay empresarios, que tienen el único, claro y legítimo interés de ganar dinero conforme a las reglas del mercado y la ley, sino políticos que tienen casi siempre y entre otros menos confesables, el poco claro interés de medrar, ganar elecciones y mantener el tipo, al margen del interés general, conforme a las reglas de la partidocracia y en muchos casos pasando por encima de la Ley. De hecho esa libertad e independencia del funcionario, esa seguridad de saberse servidores del Estado (en cualquiera de sus formas), y no de la fuerza política que coyunturalmente tenga el poder, sigue siendo una pesadilla para muchos políticos, un contrapoder al que no podemos renunciar. Ya se han encargado los políticos de idear fórmulas -empresas públicas, cargos de confianza, asesores, interinos digitales, subcontrataciones, externalizaciones, promociones y arrinconamientos, entre otras muchas-, para salvar esta incómoda independencia. En Andalucía los inspectores urbanísticos, los agentes de medio ambiente y otros funcionarios conocen en sus carnes lo que significan estos intentos de mangonear desde el poder político la independencia del funcionario. Y es que es mucho más cómodo tener comisarios políticos elegidos a dedo que jefes de servicio puestos en el cargo por el mérito y la capacidad.

Y éste es el drama en el que nos encontramos: la misma libertad que el funcionario necesita para poder servir al Estado y no al partido que gobierna, para no estar expuesto al capricho y la arbitrariedad del que manda, la mitad de los funcionarios la aprovechan para vivir relajadamente gracias a un examen que un día aprobaron, convencidos de que con ello ya se merecen el sueldo, mientras la otra mitad hace su trabajo y el de los “otros”, digna y profesionalmente, aguantando chistes, tijeretazos e infamias, y sobre todo aguantando todos los días a sus compañeros insolidarios, en la resignación de que difícilmente nadie va a reconocer las diferencias. En la empresa privada los segundos serían recompensados y los primeros no durarían un día, porque ésta no se lo puede permitir, y el empresario debe tener, le cueste 45 o 20 días, la posibilidad de erradicar al improductivo, al flojo, al malo… Si esta misma libertad la tuviera el político ibérico, ¿alguien duda de cómo la usaría?

Como dice Concha Moliner en su desgarrador artículo “Tiempos Difíciles“ (1) “Mantener una actitud de servicio público es duro para los empleados públicos cuando sufren los desaciertos, la ignorancia y la prepotencia de muchos responsables políticos. Está a la orden del día, que se obsesionen con la caza y captura de los signos políticos de sus trabajadores, buscando infieles, rebeldes y traidores ...Es frecuente que los más competentes, entregados y cualificados tengan serias dificultades porque el conocimiento, el rigor y la lealtad con el servicio público, que poco tiene que ver con el boato, el aplauso y las luces de colores, son molestos pues no se pliegan a los caprichos del “iluminado de turno”… Los servicios públicos deberían ser más eficaces y eficientes, deberían gozar de mejor organización y calidad. La ciudadanía debería exigir a sus representantes políticos que así fuese, debería exigir cuentas y responsabilidades pues es su dinero el que los sustenta. Si lo hiciera se darían cuenta de que los empleados públicos, los más, no somos gente a denostar sino profesiones con clara vocación de buen hacer para el bien común, o sea, los ciudadanos”.

La ineficacia de lo público es una cuestión por resolver, una de las debilidades de la economía española. Medidas como auditorías externas para la valoración del desempeño, el establecimiento de mejoras del sistema retributivo mediante la incorporación de incentivos en función de objetivos de producción imparciales, que no necesariamente han de ser económicos, pues el Estado a diferencia de las empresas privadas no está para ganar dinero, sino para prestar sin despilfarros un servicio de calidad a los ciudadanos, y otras similares pueden ir en la dirección adecuada.

En cualquier caso la solución vendrá de la mano de un partido que como UPyD se considere y se sienta libre e independiente y de los funcionarios que aún tienen conciencia de ser servidores públicos, que no han perdido la vergüenza ni la moral. En ellos deben encontrarse los resortes para cambiar las cosas.


(1) http://www.upyd.es/web_medida/plantilla_general/secciones/plantilla.jsp?seccion=103¬icia=40207




miércoles, 7 de abril de 2010

LOS GESTOS Y LOS HECHOS

Que José Antonio Griñán no es Manuel Chaves es un hecho. Que su perfil es más profesional, más técnico, también lo es. Que su pulso con Luis Pizarro y otros “intelectuales” del aparato socialista, aparentemente decantado a su favor, es lo menos malo que podía haber pasado a los andaluces hasta que los comicios de 2012 puedan traer otro escenario político a Andalucía también parece un hecho.

Su experiencia anterior a la presidencia de la Junta le ha aportado un nada desdeñable conocimiento y cercanía a los problemas económicos y empresariales de Andalucía, lo que no es malo en absoluto. De hecho, las decisiones tomadas en lo concerniente a la reestructuración del Gobierno Andaluz, con la reducción de consejerías, que lleva aparejada la eliminación de 20 altos cargos que se suman a los 17 que ya se recortaron en la primera remodelación, apuntan en un sentido positivo, en esa necesaria línea de adelgazamiento de la administración andaluza que UPyD lleva defendiendo desde su nacimiento.

Ahora bien, estamos obligados a dudar si estas últimas decisiones están más en el terreno de los gestos que de los hechos, y es que no debemos olvidar que nos encontramos ante el partido del maquillaje, de la apariencia, de la representación.

En Andalucía, la tarea de racionalización de lo público es tan grande, la asignatura pendiente tan antigua, la necesidad tan apremiante, que el reto adquiere tintes épicos. Desde luego hace falta mucho más que gestos para lograrlo.

En breve, cuando se apruebe la proposición no de ley del PSOE-A que propone la "racionalización de las estructuras y el funcionamiento" de los entes autónomos, tendremos ocasión de conocer que planes concretos tiene la Junta para sus 172 empresas públicas, esas que contratan a 21.310 empleados, la mayor parte a dedo, esas que mantenían en 2.008 una deuda de 136 millones de €, pese a haber recibido fondos de la Junta por valor de 3.835 millones de € sólo en ese ejercicio.

Más complicado será conocer el futuro de las Fundaciones Públicas auspiciadas por la Junta, en cuyo número no se ponen de acuerdo la propia Junta y la Cámara de Cuentas -que reconoce 21 aunque la Junta sólo considere en sus presupuestos a 2 de ellas-, y que en conjunto recibieron 477 millones de € en 2008 y mantienen 4.670 personas contratadas.

Lo que sí parece obvio es que hay lugares de sobra, subdelegaciones del gobierno aparte, para ofrecer soluciones laborales a los 37 altos cargos “sacrificados” y a los que puedan resultar de futuras operaciones estéticas. Lo cierto es que muchos trabajadores de IDEA, DAP, EPSA, EGMASA, GIASA…, están a la espera de correr puesto, y es que hay que hacer hueco por arriba, para que entren los que tienen que entrar, sacrificando a los niveles inferiores, esos que ejecutan los trabajos, por la cuenta que les trae, y al menos permiten la escasa producción de las entidades públicas.

El hecho es que a Griñán le van a hacer falta mucho más que gestos para hacer lo que hay que hacer, empezando por la voluntad de hacerlo, que necesariamente tenemos que poner en duda. Y es que al PSOE andaluz le falta algo tan simple como la libertad: un partido que ha tenido como estrategia durante décadas la de crear una red de estómagos agradecidos, cuyo único modelo de futuro para Andalucía ha sido el derivado de generar una sociedad civil dormida, cautiva, presa de subvenciones, el ficticio maná del impulso público a la economía, ahora cuando no es posible posponer la toma de medidas efectivas, no efectistas, se ve maniatado.

El varapalo sufrido por el reciente auto del Tribunal Supremo que declara nulo de pleno derecho el decreto de la Junta de Andalucía de 1998 que permitía a la empresa pública EGMASA definir sus cometidos y privatizar determinadas labores que podían ser realizadas por funcionarios, por mucho que desde el gobierno andaluz se pretenda minimizar su importancia, va a ayudar a la toma de decisiones en el sentido correcto, pero no será suficiente para vencer la inercia del mastodóntico sistema articulado por el socialismo andaluz.

UPyD debe estar siempre al lado de la defensa de los andaluces, apoyando y aplaudiendo las medidas correctas, las tome quien las tome, vengan de donde vengan, pero esperar del PSOE a estas alturas hechos en vez de gestos, sería muestra de una ingenuidad impropia de un partido serio que goza de la creciente e imparable confianza de los ciudadanos.