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miércoles, 24 de julio de 2013

TONI CANTÓ

Antonio Cantó García del Moral es diputado por Valencia del Grupo Unión Progreso y Democracia en la X Legislatura.


Toni Cantó fue elegido para encabezar la candidatura de UPyD por Valencia mediante elecciones internas celebradas el 17 de septiembre de 2011 en la que pudieron votar todos los afiliados de la provincia sin avales ni condiciones. Compitió con otros dos candidatos y fue elegido por un 93,65% de los votos emitidos con una participación del 41%.

Toni Cantó es miembro de 9 comisiones del Congreso: Educación y Deporte, Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Cooperación Internacional para el Desarrollo, Cultura, Igualdad, Peticiones, Seguridad Vial y Movilidad Sostenible, Políticas Integrales de la Discapacidad y Estudio del Problema de las Drogas, en seis de las cuales actúa como portavoz, así como de las subcomisiones de Racionalización Horarios, Conciliación y Corresponsabilidad y de la de Análisis de Problemas Estructurales del Sistema Sanitario.

Toni Cantó ha sido ponente en diez proyectos legislativos sobre materias tan dispares como la lucha contra el dopaje y la salud de los deportistas, ley de costas, medio ambiente, cooperativas agroalimentarias o la cadena alimentaria.

La página web del Congreso recoge que el diputado de UPyD ha realizado una pregunta oral en pleno, nueve preguntas orales al gobierno en Comisión y ochenta y seis preguntas escritas (http://www.congreso.es/portal/page/portal/Congreso/Congreso/Diputados/BusqForm?_piref73_1333155_73_1333154_1333154.next_page=/wc/fichaDiputado?idDiputado=282&idLegislatura=10).

Durante el año 2012 el diputado valenciano fue el primero del Hemiciclo en número de intervenciones, la actividad más genuinamente parlamentaria, con un total de 166 entre el pleno y las diferentes comisiones, seguido, con 144 intervenciones, de Álvaro Anchuelo, también de UPyD y del nacionalista vasco Emilio Olabarría, con 133 parlamentos diferentes, seguido por Rosa Díez, portavoz de UPyD, con 117, Olaia Fernández, del BNG, con 114 e Irene Lozano, también de UPyD, con 111 intervenciones (http://www.publico.es/espana/447995/guerra-y-barreda-los-diputados-mudos-mas-notables-del-psoe).

Toni Cantó, como el resto de diputados de UPyD no falta a su puesto de trabajo en el Congreso, por lo que tiene que ver demasiadas veces la soledad del hemiciclo. El hecho de fotografiarlo y denunciarlo le llevó a soportar que un diputado del PP le dijera "vuelve a la farándula", eso si con una perfecta dicción y sin ánimo de mofa.


Toni Cantó se negó a cobrar la dieta por desplazamiento y residencia que reciben los diputados de otras provincias al tener casa en Madrid (como no le permiten renunciar a ella, la dona a una ONG). También es responsable de la intervención en el Pleno del Congreso que tiene más visionados en youtube de la historia (más de 2.000.000), tan sólo por decir un puñado de verdades. (http://www.youtube.com/watch?v=zOhHEvBqxb0)
  
Nada de esto es noticia, como tampoco lo es que once diputados de la oposición sigan vírgenes en lo que se refiere a la presentación de preguntas escritas al Ejecutivo, algunos de ellos porque por su cargo se dirigen a la bancada azul de viva voz (como Alfredo Pérez Rubalcaba o Elena Valenciano), pero no el resto: Alfonso Guerra, José Antonio Viera y María Isabel Pozuelo (PSOE), Feliu-Joan Guillaumes i Ràfols (CiU), Maite Ariztegui y Onintza Enbeita (Amaiur), Pedro María Azpiazu e Isabel Sánchez (PNV) y Rosana Pérez (BNG).

Por supuesto tampoco es noticia que haya 21 diputados que no hayan presentado una sola iniciativa en lo que va de legislatura. Algunos de ellos con lógica por los cargos que desempeñan (caso del presidente del Gobierno, su vicepresidenta, el presidente del Congreso o los ministros que son diputados). Sin embargo hay otros once diputados ajenos a estos cargos que no se han estrenado todavía. Seis son del PP, cuatro del PSOE y uno de CiU. No hay ninguna explicación aparente para la inactividad de los seis populares, pero menos aún de los cinco opositores. El primero es el de Leopoldo Barreda, que ni siquiera tiene un cargo relevante en una comisión (es portavoz sustituto, ponente de la Ley Orgánica de reforma del CGPJ y vocal de cuatro comisiones). Igual que la veterana socialista María Isabel Pozuelo, seis veces diputada, que no tiene iniciativas con idénticas ocupaciones en la Cámara. Alfonso Guerra, histórico miembro del PSOE y único que ha sido diputado en las diez legislaturas de la democracia, tampoco tiene iniciativa alguna, aunque en su caso sí preside una comisión, y es vocal de otra. El exconsejero andaluz de Empleo José Antonio Viera tampoco tiene iniciativas, a pesar de que sus labores se limitan a ser vocal en dos comisiones y vicepresidente segundo en otra. Su más que previsible próxima imputación por el caso ERE,s quizá justifique que tenga la cabeza en otras cosas, por lo que sus votantes de la provincia de Sevilla por la que salió electo seguro que le disculpan esta falta de actividad pese a los 5.600 € mensuales que cobra. En el caso de Feliu-Joan Guillaumes de CiU, el hecho de que compagine su labor en el Congreso con una concejalía y la portavocía de su grupo político en el Ayuntamiento barcelonés de Mollet d'en Vallés, puede explicarlo, aunque justificarlo tendrá que hacerlo ante sus electores de la provincia de Barcelona.

Ninguno de ellos son noticia, ninguno de ellos incendia tuiter, ninguno de ellos ocupa las redacciones de los medios de comunicación, ni es motivo de pretendida “indignación” de internautas y ciudadanos.

En cambio Toni Cantó vuelve a ser noticia por su actividad en tuiter, no por sus más de 25.000 tuits (Rubalcaba lleva 10.300, Elena Valenciano 1 ó Mª Dolores de Cospedal 1.200), sino por el que escribió en el día de ayer en el que parodiaba la dicción de Mariano Rajoy y criticaba la elección por parte del Presidente del mes agosto para comparecer en el Congreso. Cantó tuiteó "No queríaish comparecencia? Puesh osh la voy a poner el día uno d agoshto,a ver como osh lo montáish con vuestrash familiash".

Las reacciones han sido inmediatas, como en otras ocasiones. En este caso los usuarios le recriminan la poca seriedad de su comentario y el mal gusto de burlarse de un problema de dicción. Toni Cantó rectificó rápidamente su tuit y pidió perdón por su contenido: "Y siento la imitación de antes...la verdad es que no procedía". Evidentemente no es suficiente, como tampoco lo es que la propia Rosa Díez haya dicho que el tuit le parece inapropiado y fuera de lugar, sin más paliativos, ni intento de justificación o descarga. Las hordas siguen clamando por su cabeza y ajusticiamiento en plaza pública.

No es la primera vez, hace apenas cinco meses tuvo otro tropiezo al dar crédito a una información no contrastada y difundir que “la mayoría de denuncias por violencia de género eran falsas”. Aunque se equivocó al exagerar la situación y usar “la mayoría”, en vez de un “muchas”, que no habría sido incorrecto, pidió perdón horas después por haber dado por verdaderos datos sobre un tema tan grave como es la violencia de género, pero la avalancha de reacciones en contra, entre las que se incluyen que le llamen misógino o maltratador un día sí y otro también, ya es histórica.

Sin entrar en la oportunidad, corrección o improcedencia de estos tuits nos debemos preguntar si la reacción suscitada, si la repercusión mediática de los mismos, es proporcional, ponderada, lógica, razonable o hay otras causas que la magnifican.

Y la respuesta no puede ser otra: claro que no lo es. Toni Cantó es el blanco de las iras de una legión de ciudadanos con mala conciencia. Desde los meapilas de la corrección política, que se alarman ante una inocente parodia que aplaudirían a José Mota o al Toni Cantó actor, pero en el Toni Cantó representante público es inapropiada o al menos muy cuestionable, hasta la legión de cibersoldados de otros partidos, pasando por los comandantes que éstos tienen en los medios de comunicación concertados, todos tienen un blanco fácil.

Y hablo de ciudadanos con mala conciencia porque lo que realmente les irrita es tener ahí a uno de los suyos, un ciudadano, al que en su condición de actor el destino patrio le tenía preparado sólo el papel que a los actores les está permitido: el de lectura de comunicados al cierre de manifestaciones contra el gobierno, el de reivindicador de la lucha de clases, de la opresión capitalista o las bondades del régimen cubano, el de firma de los manifiestos del club del entrecejo, el de miembro de plataformas de apoyo a lo que sea, el de animador político de galas de los Goya, o a lo sumo el de opinador tertuliano en algún canal de telebasura.

Toni Cantó está pagando su condición de intruso. Se ha colado en la principal institución del Estado, la sede de la soberanía popular, y se atreve a trabajar, dar ejemplo y rendir cuentas a los 84.277 valencianos que le votaron, a los que no y al resto de los españoles. Toni Cantó ha tenido la osadía de improvisar, cambiar el guión de la película, abrir la ventana e irrumpir con aire fresco. Los mismos que acusan a Rosa Díez de llevar toda su vida en política, de formar parte de la “casta”, acusan a Toni de ser un novato, un bufón del Congreso populista y demagogo, o los centenares de calificativos con que lo intentan atacar, en un escorzo intelectual de incoherencia, porque no califican sus hechos, ni sus palabras, porque lo que cuestionan es su propia presencia. Esa decisión de tomar partido, arremangarse y ponerse a trabajar para cambiar las cosas en vez de criticarlas en la calle, cuando te pone por delante un micrófono un periodista que te pilla de camino entra la SGAE y la clínica Rúber, es intolerable.

No puedo dejar de comparar esta situación, salvando las distancias y corriendo el riesgo de que también me llamen demagogo, con la de Rosa Parks, Victoria Kent y otros muchos pioneros, esos que se salieron del guión y decidieron hacer algo para lo que la sociedad de su tiempo no estaba preparada. Estoy convencido que la incomprensión más dolorosa que sufrió Rosa Parks vino de los negros, no de los blancos, y las críticas más ácidas e hirientes que recibió Victoria lo fueron de mujeres no de hombres. De la misma forma el mayor encarnizamiento contra Toni no procede de la llamada clase política, sino de ciudadanos con un profundo y particular síndrome  de Estocolmo. Más recientemente el propio José Antonio Labordeta, también en la misma cámara tuvo que soportar expresiones del tipo “vete con la mochila a Teruel”, o “¿qué me dices cantautor de las narices?”. Labordeta no aguantó más y los mandó a todos a la mierda, muy incorrecto también, bastante más que el tuit de Toni, y en sede Parlamentaria, pero con el que muchísimos españoles nos sentimos muy identificados entonces y ahora.

Toni se ha equivocado, se equivoca posiblemente varias veces al día, porque es humano. Es humano, actor, cómico, y también Diputado, le pese a quien le pese.

Fernando Iwasaki en el acto que UPyD celebró en Vistalegre el 3 de abril de 2011 con objeto de la presentación de los candidatos de UPyD a las elecciones autonómicas y locales de mayo de ese año, acabó su intervención con unas palabras que no puedo dejar de recordar:

“Tenemos que dirigirnos a nuestros candidatos y exigirles rectitud, decencia y honestidad. A los adversarios, a los rivales, se les puede admirar o no, nos pueden indignar, pero de ninguna manera nos pueden avergonzar porque no son de los nuestros. Sólo uno de nosotros podría arrasarnos de vergüenza a todos. Por eso quiero terminar diciéndoles que la decencia es uno de los más valiosos valores de nuestro patrimonio, tenemos que cuidarla para poder seguir diciendo que estamos orgullosos de pertenecer a Unión Progreso y Democracia” (http://www.youtube.com/watch?v=TIUOEXvYHD8).

Toni puede tener una seguridad: él con todos sus errores no nos avergüenza, muy al contrario nos hace sentirnos orgullosos. Él en sí mismo es el paradigma del conjunto de UPyD, es un marciano que ha llegado donde no se le esperaba para defender principios y no para pastelear con ellos. Debe saber que la mayoría preferimos estar representados por alguien que no piensa dos veces lo que escribe porque al albergar la verdad en su corazón no teme que su lengua o sus tecleos lo traicionen, que por alguien que lo tiene que pensar todo mil veces, que tiene que medir sus palabras, o que prefiere no decir nada sustancial o no abrir la boca, hasta el punto de tenerlo que llevar a rastras a dar la cara, por todo lo contrario.





(Los datos utilizados en este articulo proceden en su mayoría del siguiente informe de Borja Ventura publicado en Terra: http://noticias.terra.es/cuatro-diputados-rasos-no-han-presentado-una-sola-iniciativa-en-el-congreso-en-lo-que-va-de-legislatura,d6e5c1032c4ee310VgnVCM4000009bcceb0aRCRD.html)

miércoles, 12 de diciembre de 2012

ANDALUCÍA Y EL NACIONALISMO

Sólo los más viejos han conocido situaciones en Andalucía peores que las que estamos viviendo en este 2012.

Los andaluces tenemos muchas razones para estar preocupados, seriamente preocupados. La tasa de paro en el tercer trimestre ha llegado al 35,42%, lo que supone casi un millón y medio de desempleados (exactamente 1.424.200). Esta es la mayor tasa de paro de la historia de Andalucía, superando en más de un punto el record histórico de 1994. Los datos más dramáticos, lejos de atenuarse, se agudizan. Ya superan las 750.000 (757.600) las personas que llevan más de un año buscando trabajo y son 456.600, muchos más que la media española, los hogares con todos sus miembros en paro.

En cuanto al tejido empresarial, operan en Andalucía (58,4) unas diez empresas menos por cada mil habitantes que por término medio en el conjunto del país (68,9), muy lejos niveles de Cataluña (79,8), Islas Baleares (78,6), Comunidad de Madrid (77,3) o País Vasco (75,8).

Es innegable que existen innumerables razones para estar indignados. Sólo tenemos que salir a la calle para tropezarnos con centenares de ellas en cada esquina, en cada barrio, en cada centro asistencial….

Pese a ello los andaluces no hemos recurrido a buscar a culpables externos de lo que nos pasa. Al pueblo andaluz se le puede acusar de muchas cosas, entre otras y posiblemente la más grave, de haber mantenido durante 30 años en el poder al mismo partido y con él a su régimen, su orden de cosas y su sistema de sedación controlada de la sociedad civil y la actividad económica, pero no se le puede acusar de incoherencia, deslealtad o estrechez de miras.

Los andaluces llevamos milenios siendo invadidos pero nunca conquistados, pues siempre hemos acabado conquistando a nuestro invasores y haciéndolos parte de nosotros, sólo hay que darse una vuelta por la Costa del Sol, por el Albaicín, por el poniente almeriense, para comprobar lo que significa integración.

Los andaluces hemos vivido en nuestra historia reciente episodios que nos podrían haber llevado a un nacionalismo reaccionario y desleal, algo que nunca ha ocurrido porque en esta tierra estamos vacunados contra esa enfermedad desde la época tartésica.

Uno de estos acontecimientos fue la implantación de la Ford Motor Company en la ciudad de Cádiz, entre 1919 y 1923. En aquella ocasión, la decisión de implantar una fábrica Ford en la capital gaditana dependió de un directivo americano, quien prefirió realizar la inversión en Cádiz en lugar de en Barcelona porque aquí «hay abundante mano de obra y la ciudad está libre de problemas laborales», según reza en un texto de los archivos de la firma, investigado por Manuel Martínez. En aquellos tiempos Ford estaba interesada en implantarse en un importante puerto español por su situación geoestratégica, para suministrar la zona sur de Europa y norte de África. El 26 de marzo de 1920 nació la Ford Motor Company, Sociedad Anónima Española, con un capital de medio millón de pesetas. Durante los tres años que la firma americana ensambló en Cádiz las piezas de sus coches, la relación entre la multinacional y los 300 gaditanos empleados fue perfecta. El 5 de abril de 1920 salió el primer coche Ford montado por los gaditanos y en el primer ejercicio se alcanzó una media de producción de unos 30 vehículos al día. El personal de la fábrica cobraba entre 12 y 24 pesetas y, como novedad en la época, podía invertir hasta un tercio de su salario en acciones de la empresa. El final de la historia la precipitó el Ministerio de Hacienda español (si espanyol, perquè Espanya ens roba també a nosaltres), según narra Martínez en su libro, que no quiso respetar el acuerdo que beneficiaba a la firma norteamericana con exenciones de impuestos propias de una Zona Franca (entonces, Depósito Franco). Los desencuentros con la administración pública española y una mejor oferta de Barcelona, donde todo fueron facilidades, terminó con la marcha de Ford a la Ciudad Condal.



El caso de Málaga fue mucho más sangrante. Como explica Juan Antonio Lacomba, en 1831 se construyeron en Málaga los primeros altos hornos así como instalaciones de afinado que llegaron a dar trabajo a 2.500 personas y que constaban en 1848 de tres altos hornos, veinticuatro hornos de afino, varios hornos para recalentado y tratamiento de hierro, cobre y otros metales, talleres de laminado, construcción de máquinas, etc. En su mismo recinto surgió una importante industria química que fabricaba ácido sulfúrico. Junto a la actividad siderúrgica, el textil se convirtió en el otro gran pilar del desarrollo económico, con la “Industria Malagueña S.A.” dedicada a la fabricación de hilados y tejidos de algodón, lino y cáñamo seguida, diez años después, de una segunda fábrica algodonera “La Aurora”, como buques insignia. Junto a ellos otras factorías completaron el panorama industrial: la litografía, los curtidos, las pinturas, la sombrerería y toda una serie de industrias alimentarias entre las que las azucareras, los vinos y los licores ocupaban un lugar preferente. En esos años la provincia de Málaga ocupaba en concepto de contribución industrial el segundo puesto en el conjunto de la economía española, por detrás de Barcelona, y se situaba a la cabeza o en posiciones muy destacadas, en sectores de tanta relevancia como la química, la siderometalúrgica y construcciones mecánicas. Posteriormente, ya en el primer tercio del siglo XX, se convirtió en un gran centro de refino, envasado y exportación de aceite de oliva, arrastrando con ello al sector de la fabricación de envases. De igual modo, la metalurgia y las construcciones mecánicas se encontraban en plena actividad. Además de múltiples talleres se crearon importantes empresas como: "La Unión", la "Vers" y la Sociedad Minero-Metalúrgica "Los Guindos", dedicada a la fabricación de plomo. La actividad química se convirtió en el pilar básico de la estructura industrial malagueña de estos años, de la mano de los abonos minerales, y más específicamente de los superfosfatos, se creó una nueva industria química moderna: Unión Española de Explosivos, CROS y San Carlos, que aportaron en estos años una de las partidas más importantes de la balanza comercial malagueña.


No sería justo echar toda la culpa de la paulatina y absoluta desindustrialización que a lo largo del siglo XX sufrió la provincia malagueña a la dictadura de Franco, al centralismo madrileño, a la economía programada que decidió que al textil se debía dedicar Barcelona y a la siderurgia el País Vasco, y que los malagueños mejor se ocupaban del turismo, de servir copas y hacer camas porque tenían más gracejo. No sería justo porque seguro que los malagueños también tuvieron parte de culpa de lo que pasó y porque el turismo ha llegado a ser afortunadamente el pulmón económico no de Málaga sino de toda España, pero debemos coincidir en que si esta tierra no hubiera estado vacunada de la enfermedad del nacionalismo sí habría sido esa la única explicación, el único culpable “exterior”.

Como éstos hay centenares de ejemplos que jalonan la historia y el territorio andaluz, y que en conjunto pueden explicar parte de la situación actual, pero que jamás los andaluces hemos utilizado como coartada para buscar afuera las causas de nuestras propias miserias.

Y no lo hemos hecho porque sería injusto, desleal, de muy cortas miras y sobre todo falso. El sentimiento nacional andaluz es lo que es, un sentimiento, y como tal se expresa en la cultura o en el arte, y no se lleva al terreno de la organización política. Y eso ocurre porque este pueblo sabe que para hacerlo tendría que violar la racionalidad, que en un sentimiento nunca va a encontrar una solución a sus problemas, porque sabe que juntos somos más fuertes y que lo que toca ahora es construir Europa. Y que ningún malnacido piense que a ello obedece un sentido parasitario de la vida, que no recuerde ni el manido PER ni a las gallinas y sus pitas pitas, porque aunque los mecanismos de control deben ser rediseñados y los criterios replanteados, alguien puede tener la tentación de recordar que la minería del carbón o el sector del automóvil llevan acumulando durante décadas subvenciones públicas que superan con creces las recibidas por el mundo rural andaluz o extremeño.

Porque digan lo que digan los profetas mesiánicos, la realidad es que en Andalucía en estos momentos hay 2.597.000 personas trabajando, pagando impuestos y cotizando a la Seguridad Social y en Cataluña 840.400 personas paradas, a las que el Estado garantiza sus necesidades básicas, subsidia y ayuda, y a ningún cretino se le ocurre decir que esos 2.597.000 andaluces mantienen a esos 840.400 catalanes, porque no es cierto, igual que tampoco mantienen a los parados andaluces, murcianos o gallegos, porque todos, uno a uno, contribuimos a ese fondo común de contingencia que son la Hacienda Pública o la Seguridad Social españolas y todos lo hacemos de igual forma en la medida en que sólo de forma individual somos sujetos de derecho, contribuyentes, administrados, ciudadanos libres e iguales (perdón, todos no, los españoles que habitan en el País Vasco y Navarra por no se sabe bien qué leches de privilegios ancestrales anacrónicos que ni PP ni PSOE quieren revisar, se salen de la cuenta común).

En 1986 cuando se formalizó la entrada española en la UE, los criterios que aplicaron al conjunto nacional y que han permitido a España beneficiarse de los fondos comunitarios de desarrollo regional, fueron los que fueron porque se tomó la media nacional, media de la que se escapaba Cataluña por arriba, por lo que de haber sido independiente en 1986 no habría recibido una sola pela, de las que también han regado los campos, las comarcas o las veguerías catalanas durante estos años.

Y así las cosas, como esa familia pobre y numerosa preconstitucional que con el esfuerzo de todos consiguió pagar los estudios del hermano mayor a expensas de que el resto se quedara en casa ayudando a la economía familiar, tenemos que presenciar ahora como el hermano médico funcionario del Estado y con consulta privada, pretende olvidar sus orígenes, ignorar que lo que consiguió lo fue por el sacrificio de todos y apartarse del resto haciendo como que no nos conoce.

Sea por convencimiento propio o por que haga las cuentas mejor y compruebe que no le interesa renunciar a la hacienda familiar, a la finca del pueblo y a cualquier otra cosa que pudiera heredar, evidentemente esto no puede ser, ni va a ser, pero para asegurarnos de ello, en esta tierra cuna de Averroes o de Trajano tendremos que patentar nuestras vacunas contra el nacionalismo y empezar a producirlas en serie, distribuirlas por toda España, y de camino mandar un buen cargamento, lo paguen o no, a la Alemania nacional-liberal de la señora Merkel.

domingo, 30 de octubre de 2011

DESAPRENDER PARA AVANZAR

Dice un relato que en un acuartelamiento había una plaza con bancos en los que nadie se podía sentar. Tal era la norma, se había convertido en costumbre y ya nadie la cuestionaba aunque el cansancio les superara o se encontraran absurdamente de pie junto a ellos. Un nuevo coronel tomó posesión del mando y se preguntó el origen de tal situación. Rebuscó en los archivos y halló en su registro, varias décadas y predecesores en su cargo anteriores, la siguiente ordenanza:

"Orden del día N° 447, del 15 de julio de 1928. Teniendo a la vista que a fines de semana recibiremos, en esta ciudad, la visita del señor Gobernador, quien inspeccionará las nuevas obras del puente de Cabritas. Ordénese:
PRIMERO: Pintar todos los bancos de la plaza.
SEGUNDO: Colocar ordenanzas para evitar que alguien se siente en los mismos.
REGISTRESE, PUBLIQUESE, Y ARCHIVESE”.

Desconozco si la historia es verídica o no, pero viene al pelo para ilustrar lo importante que es que de vez en cuando se abran las ventanas, se haga correr el aire, se revuelva el gallinero y nos permitamos planteárnoslo todo de nuevo. Resulta evidente que algo así sólo lo puede hacer alguien que no forme parte del sistema, que no esté impregnado e imbuido de su dinámica.

También el mundo empresarial se ha dado cuenta de la importancia de este tipo de cambios en las organizaciones, y hace años que ha introducido el concepto Thinking outside the box, que traducido al español viene a ser “pensando fuera de la caja”, y que viene a plantear la necesidad que tienen las empresas que pretendan ser innovadoras y permanecer vivas y competitivas de replantearse periódicamente todo: organización, estructuras, procesos, objetivos… Eso es algo que sólo pueden hacer con éxito consultores externos o miembros de la plantilla que rotan sus puestos para poder aportar una visión externa.

No creo que exista un ámbito en el que esta práctica sea más necesaria que en la política, especialmente la española. Nuestra Administración requiere con urgencia una revisión a fondo. Aquí no hay empresarios innovadores a los que les vaya en suerte el futuro de su empresa, aquí sólo los ciudadanos, administrados, usuarios, votantes, a los que por supuesto nos va el futuro personal y el de nuestros hijos, podemos propiciar este tipo de revisiones. Igual que en el mundo empresarial, serán recién llegados, nueva savia, los únicos que puedan evidenciar las estupideces institucionalizadas.

Entre otras cosas para eso ha nacido UPyD. Ha tenido que venir este elemento externo al consorcio bipartidista-nacionalista, para decir obviedades: las diputaciones no son necesarias, el Senado es inútil tal y como está diseñado ahora, tenemos demasiados ayuntamientos que sirven a los ciudadanos de forma muy cara e ineficaz, tenemos que reducir el ingente número de entes públicos empresariales, tenemos un modelo territorial inviable, hay que cortar la sangría competencial y recuperar para el estado las competencias que garantizan la igualdad, como son la educación, la sanidad o la gestión de los recursos naturales estratégicos como el agua, tenemos que devolver a la Justicia la independencia que nunca debió haber perdido haciendo que los partidos quiten sus manos de ella, tenemos que profesionalizar las cajas de ahorro, tenemos que devolver la autonomía a los funcionarios, eliminando cualquier rastro de presión política…

Todas estas cosas obvias, que ningún laboratorio de ideas del PPSOE ha sido capaz de poner sobre la mesa, UPyD las grita al viento, a las redes sociales, a los medios de comunicación, lo hacemos siempre que podemos y como podemos, pero no cabe ninguna duda de que será a partir del 20 de noviembre, con grupo parlamentario propio y un buen puñado de diputados, cuando podremos condicionar la política y propiciar estos cambios necesarios. Nadie piense que los partidos viejos van a asumirlos aunque algunos los planteen como recurso electoralista. Ellos no entienden el concepto regeneración democrática, porque ya les va bien, les ha costado mucho generar una democracia a su conveniencia, para permitir que nadie venga a hacerles la pascua regenerándola.

En manos de los ciudadanos está que el 21 de noviembre podamos empezar a sentarnos en los bancos de la plaza o sigamos mirándolos con cara de bobos e indignados, sin entender por qué las cosas son como son.

domingo, 9 de octubre de 2011

LAS ENSEÑANZAS DE LA CRISIS

La crisis que estamos viviendo ha traído muchos problemas nuevos a los españoles, y ha sacado a flote muchos viejos vicios y formas de hacer, ignoradas o toleradas hasta ahora, pero que los ciudadanos ya no van a dejar pasar más.

Estas podríamos considerarlas las enseñanzas de la crisis, y si somos, que lo somos, una sociedad despierta e inteligente, aprenderemos de ello. En el mundo empresarial se dice que de las crisis los que salen lo hacen reforzados. De esta crisis vamos a salir todos, también los cinco millones de parados que hace tiempo que no ven el cielo abierto, pero estamos obligados como sociedad a salir más responsables, más concienciados, más honestos, mejores de lo que entramos.

Me atrevo a extractar dos decálogos de enseñanzas de la crisis, esas cosas que los ciudadanos de la España de 2007 no consideraban y en la España de finales de 2011 las tienen muy presentes, aunque quizá en algún caso me haya podido más el deseo que la constatación de la realidad. Son sólo algunas de las enseñanzas; seguro que hay muchas más, tan necesarias como éstas o más.

Las he agrupado en dos clases, las que los ciudadanos nos aplicaremos a nosotros mismos, y las que exigiremos a nuestros representantes políticos y la Administración:

Para nosotros mismos

1. El empleo público no siempre es seguro, lo único seguro es el empleo que aporta un valor añadido a la sociedad: si te pagan por permanecer todo el día sentado delante de un ordenador sin hacer nada útil, ten por seguro que algún día no podrán seguir haciéndolo.

2. Dejar los estudios para ganar dinero fácil trabajando, nunca es una buena opción. A medio o largo plazo, te acabarás arrepintiendo.

3. Emprender, empezar de nuevo en otro lugar con mayores oportunidades no es una derrota, es una solución vital que a la larga nos hará más fuertes.

4. Todo puesto de trabajo que no sea estrictamente necesario en una empresa acabará perdiéndose, toda empresa que no sea necesaria en el mercado, también. La eficiencia no es una opción que pueda ser elegida o no.

5. Los empresarios no son malos y los contratados por cuenta ajena buenos por naturaleza. Hay sinvergüenzas y héroes en ambos grupos. Pasar de un grupo a otro es posible y deseable; en el mundo moderno y civilizado es lo normal.

6. Si quieres que algo cambie, hay que hacerlo por uno mismo, o al menos poner todo nuestro empeño personal en ello.

7. No se le puede pedir prestado a un banco una cantidad si no se tienen previsiones realistas de poder devolverla.

8. Ya no nos hará tanta gracia que un amigo o vecino nos cuente como defrauda al fisco o se aprovecha de unas ayudas públicas, becas o subsidios engañando a la Administración. Le haremos saber que no nos parece bien o lo denunciaremos.

9. Es la primera vez en la historia que las previsiones de calidad de vida futura de nuestros hijos son peores que las que hemos tenido nosotros. Tenemos que sentirnos corresponsables y ponernos manos a la obra para cambiarlo.

10. Los ciudadanos que no se preocupan de la política, acaban siendo gobernados por políticos que no se preocupan de los ciudadanos. Ser apolítico no es una opción, es una estupidez.

Para la Administración y los representantes políticos

1. No podemos mantener estructuras administrativas ineficientes, inservibles, gigantescas o no justificadas. La Administración no debe ser algo rígido e inamovible sino adaptarse para dar el mejor servicio a los ciudadanos en cada momento: no necesitamos decenas de miles de entidades públicas empresariales, agencias, observatorios, diputaciones, tantos ayuntamientos…

2. La endogamia y el monopolio, tanto en las empresas como en la política, siempre perjudican al ciudadano, reduciendo la calidad de los bienes y servicios en el primer caso, y la de la democracia y la gestión pública en el segundo. El bipartidismo es un monopolio, pactado sobre la base de una ley electoral injusta.

3. Una sociedad en la que la calidad de la educación deja de ser la máxima prioridad nacional y no se considera algo sagrado y fuera del debate partidista, está condenada al fracaso.

4. La justicia tiene que modernizarse, ser rápida y eficaz, pero sobretodo tiene que ser independiente del poder político. No es posible la democracia real sin una separación de poderes real.

5. No dejaremos que la protección social, el estado del bienestar, se pueda poner en peligro por la falta de control en el gasto y el fraude en la aplicación de las ayudas. Cada vez que alguien que no lo necesita se aprovecha de ayudas públicas, se compromete que éstas lleguen a quien realmente las merece y necesita.

6. Hay que velar mucho más y mejor por lo que hacen con nuestro dinero, qué infraestructuras se hacen, a quién y qué se contrata, a quien se subvenciona, y para qué. Exigir una transparencia absoluta en la gestión de lo público es la única solución.

7. Tenemos que ser capaces de generar riqueza produciendo bienes y servicios de calidad, exportables a costos competitivos, ello sólo se puede hacer incrementando la productividad de nuestras empresas, la investigación y el desarrollo.

8. Las asociaciones empresariales y sindicales no pueden seguir siendo receptoras de enormes subvenciones públicas para formación y otras excusas. Su fuente de financiación principal ha de ser las cuotas voluntarias de sus afiliados.

9. No admitiremos más que los directivos de cajas de ahorros u otras entidades públicas obtengan indemnizaciones millonarias. Tampoco los de las privadas subvencionadas con dinero público.

10. No admitiremos más la impunidad con la que los políticos y administradores corruptos, imputados y condenados saldan sus delitos. No puede salir tan barato y traer a cuenta pasar por la cárcel dos años si se han garantizado la riqueza para el resto de su vida.


Hay quien a todo esto le ha pillado de sorpresa y sigue negando que lo que nos pasa sea culpa nuestra, hay quien piensa que podremos reconducir la situación sin hacer cambios importantes, por lo que sólo aspira a suceder al anterior y alternarse en el poder, y hay quien ya decía todo esto en 2007, antes de que los indignados salieran a la calle y seguimos sabiendo y diciendo que sin cambios profundos y estructurales no saldremos del pozo.

No quiero acabar si hacer una última reflexión: una ciudadanía consciente y responsable debe saber que las cosas no cambian solas, que en un sistema democrático todo depende del mayor acto de responsabilidad que como ciudadanos tenemos la obligación de ejercer, el voto.  #20NUPyD.

martes, 27 de septiembre de 2011

Que nunca nos abandone el arte y la cultura ¿será nuestra única esperanza?

Siempre he colgado en este blog textos propios. Ayer me llegó un mail de un amigo, de esos que dan miles de vueltas en internet, que me ha parecido merecedor de echar raices en esta humilde bitácora. Lo transcribo tal cual y recomiendo ver el video.

El pasado 12 de marzo, Silvio Berlusconi debió enfrentarse a la realidad. Italia festejaba el 150 aniversario de su creación y en esta ocasión se representó en Roma la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi,dirigida por el maestro Ricardo Muti.

Nabucco evoca el episodio de la esclavitud de los judíos en Babilonia,y el famoso canto "Va pensiero" es el canto del coro de esclavos oprimidos. En Italia, este canto es un símbolo de la búsqueda de la libertad (en los años en que se escribió la ópera, Italia estaba bajo el imperio de los Habsburgo).

Antes de la representación, Gianni Alemanno, alcalde Roma, subió al escenario para pronunciar un discurso en el que denunciaba los recortes del presupuesto de cultura que estaba haciendo el Gobierno, a pesar de que Alemanno es miembro del partido gobernante y había sido ministro de Berlusconi. Esta intervención del alcalde, en presencia de Berlusconi que asistía a la representación, produjo un efecto inesperado.

Ricardo Muti, director de la orquesta, declaró al "Times":

"La ópera se desarrolló normalmente hasta que llegamos al famoso canto "Va pensiero". Inmediatamente sentí que el público se ponía en tensión. Hay cosas que no se pueden describir, pero que uno las siente. Era el silencio del público el que se hacía sentir hasta entonces, pero cuando empezó el "Va Pensiero", el silencio se llenó de verdadero fervor. Se podía sentir la reacción del público ante el lamento de los esclavos que cantan: "Oh patria mía, tan bella y tan perdida."

Cuando el coro llegaba a su fin, el público empezó a pedir un bis, mientras gritaba "Viva Italia" y "Viva Verdi".

A Muti no le suele gustar hacer un bis en mitad de una representación. Sólo en una ocasión, en la Scala de Milan, en 1986, había aceptado hacer un bis del "Va pensiero".

"Yo no quería sólo hacer un bis. Tenía que haber una intención especial para hacerlo" - dijo Muti -.

En un gesto teatral, Muti se dio la vuelta, miró al público y a Berlusconi a la vez, y se oyó que alguien entre el público gritó: "Larga vida a Italia!". Muti dijo entonces:

"Sí, estoy de acuerdo: "Larga vida a Italia", pero yo ya no tengo 30 años, he vivido ya mi vida como italiano y he recorrido mucho mundo. Hoy siento vergüenza de lo que sucede en mi país. Accedo, pues, a vuestra petición de un bis del "Va Pensiero". No es sólo por la dicha patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando dirigía al Coro que cantó "Ay mi país, bello y perdido" , pensé que si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia. En tal caso, nuestra patria, estaría de verdad "bella y perdida".

Muchos aplausos, incluidos los de los artistas en escena. Muti prosiguió.

"Yo he callado durante muchos años. Ahora deberíamos darle sentido a este canto. Les propongo que se unan al coro y que cantemos todos el "Va pensiero"

Toda la ópera de Roma se levantó. Y el coro también. Fue un momento mágico. Esa noche no fue solamente una representación de Nabucco,sino también una declaración del teatro de la capital para llamar la atención a los políticos.

En el enlace siguiente se puede vivir ese momento mágico, lleno de emoción.

http://www.youtube.com/embed/G_gmtO6JnRs

jueves, 28 de julio de 2011

CACHORROS

Esta semana los cachorros del PSOE de Granada nos han ofrecido una muestra burda de manipulación, haciendo un montaje y un comunicado infame, tergiversando el sentido de unas declaraciones de la concejal de UPyD en el Ayuntamiento de la capital granadina, Mayte Olalla, sobre la conveniencia de retirar un busto de Primo de Rivera de una plaza.

No me interesa la memoria histórica. Se trata de un asunto que no quita el sueño a los que formamos parte de UPyD,  a los que nos preocupa el futuro, no el pasado, y en el que la posición del partido está más que asentada, sólo hay que tirar de hemeroteca.

Sí me gustaría en cambio reflexionar sobre los cachorros políticos: Nuevas Generaciones, Juventudes Socialistas, Segi, Joventut Nacionalista de Catalunya, Unió de Joves, Euzko Gaztedi…, todos tienen en común haberse convertido en el instrumento gamberro de sus mayores (aunque ciertamente en el caso de Segi, el gamberrismo es preferible a la madurez). No es la primera vez que nos sirven tazas de provocación, caricaturas vergonzantes de las dos españas o exageradas tribulaciones maniqueas, formando parte de la maquinaria del marketing político.

Fue precisamente en la presentación pública de Mayte Olalla como candidata a la alcaldía de Granada, que tuve el honor que ella me pidiera hacer hace unos meses, cuando al referirme a las diferencias de UPyD con el resto de fuerzas políticas, se me ocurrió decir que una de ellas es que no tenemos juventudes como cuerpo orgánico dentro del partido, que tenemos jóvenes, pero que trabajan integrados y como todos los afiliados, y dije o quise decir que eso de las juventudes, ya inventadas con éxito por los fascistas italianos, alemanes o españoles, me parecía que no podía traer nada bueno, sólo una visión sectaria de la política. Un amigo no tardó en afearme la conducta, haciéndome saber que la comparación había sido muy desafortunada.

No creo que fuera desafortunada. Evidentemente es obvio que nada tienen que ver las Nuevas Generaciones del PP o las Juventudes Socialistas, con las Hitlerjugend nazis o las Juventudes Fascistas Italianas, como nada tienen que ver el PP o el PSOE de hoy con el Partido Nacionalsocialista Alemán o con el Partido Nacional Fascista Italiano de aquellos años, pero lo que nadie podrá negarme es que la función de adoctrinamiento y adiestramiento precoz que el cuerpo de juventudes desempeña en los partidos democráticos actuales es la misma, ampliada, que tenían en aquellos. En España afortunadamente aún no hemos llegado a montar, aunque todo se andará, engendros monstruosos como la organización "Nashi" ("Nosotros"), movimiento juvenil apadrinado por presidente ruso Vladimir Putin, y que se reúne cada año en un campamento juvenil a 200 millas de Moscú donde asisten más de 10.000 jóvenes uniformados que se implican durante dos semanas en charlas, seminarios y ejercicios físicos. O sea, lo más parecido a las juventudes hitlerianas que ha brotado bajo el sol de la vieja Europa.

(http://www.elpais.com/articulo/ultima/Putin/prepara/frente/juventudes/elpepuint/20070726elpepiult_1/Tes)

No estoy descubriendo nada nuevo: todas las organizaciones, más o menos sectarias, las que tienen en sí mismas una razón de ser, la entidad suficiente y la voluntad de perpetuarse en el tiempo, recurren al proselitismo y captación de fieles en las etapas tempranas del desarrollo intelectual de éstos. Tras un intenso baño de ideologización, apuntalado por nobles objetivos compartidos y sencillas estrategias de refuerzo del sentimiento de unidad y grupo (véase lo que hacen maestros de esta técnica como el Opus Dei u otras instituciones o movimientos católicos, o sin ir más lejos, véase la propia página web de las JJSS de Granada, en la que nos muestran sus actividades solidarias, deportivas y recreativas –¡qué bien que nos lo pasamos...!- ), hay dos posibles resultados diametralmente opuestos: el abandono inmediato cuando salta el resorte del librepensamiento y la independencia en los que lo tienen, o un soldado entregado a la causa para toda la vida.

Porque entregados para toda la vida a su causa partidista están muchos ministros o el propio presidente, que no han hecho en su vida otra cosa que militar. ¿Cómo podemos esperar de José Luis Rodríguez Zapatero, Leyre Pajín, José Blanco, Bibiana Aido, Soraya Saez de Santa María o Mª Dolores de Cospedal, por citar sólo algunos, que tengan visión de Estado apartidista, libre y objetiva? Todos tienen en común haber pasado por los viveros de sus partidos a tempranísimas edades, haber recibido la semilla y el riego adecuados, y haber sido trasplantados a nuestra sociedad para formar parte de una casta política que tiene muy claro sus intereses. Es cierto que algunos de los ejemplos citados son brillantes profesionales que además acabaron con éxito sus estudios y ganaron duras oposiciones en libre competencia, aunque otros no lo necesitaron (ya lo dijo Blanco en una ocasión, “el mejor máster y carrera es el que he cursado en la casa socialista”, y se quedó tan ancho).

Y digo lo de las funciones ampliadas porque además del viejo adoctrinamiento ideológico generador de fieles, los partidos han descubierto una interesantísima misión para sus cachorros: actuar con patente de corso para el mal gusto, la provocación insana, la agitación y la kale borroka. La fiebre juvenil, los niveles elevados de testosterona y la insensata candidez, bien sirven de disculpa a estos atolondrados jóvenes (¡qué simpáticos!), para hacer lo que sus mayores no se atreven por aquello de la corrección y las formas.

No creo que nadie me pueda convencer de que no es más sano llegar a la política después de haber pasado por la vida, o por una buena parte de la vida, después de haber recorrido cierto mundo, haberse demostrado a si mismo que se sirve para algo, haber sufrido los sinsabores y disfrutado las alegrías que nos deparan los años, llegar en ese momento en el que uno pueda leer Público y La Gaceta, El País o El Mundo, con una sonrisa, sabiendo lo que se lee. Ser libres es tan difícil como necesario, y en la política española deberíamos considerarlo casi una emergencia nacional.

viernes, 24 de junio de 2011

SEGURIDAD JURÍDICA Y PROSPERIDAD

La seguridad jurídica es la base de cualquier economía que pretenda ser fuerte y competitiva. Algo que parece obvio e indiscutible es uno de los déficits de la nuestra, y en escasas ocasiones nos paramos a pensar cuán grave es el problema.

Ciertamente la inseguridad jurídica tiene diversos grados, desde el más nocivo como la falta de regulación básica o la arbitrariedad en las decisiones administrativas o judiciales, hasta otros como la excesiva complejidad en la regulación, la confusa distribución competencial o la lentitud judicial.

En España desgraciadamente nuestros políticos nos han servido numerosas tazas de unos y otros tipos de situaciones, y nada hace más daño a la economía de un país ya de por sí débil en cuanto a espíritu emprendedor, que este permanente desgaste de nuestra credibilidad.

Por citar sólo algunos ejemplos, se ha hecho un flaquísimo favor a la economía nacional cambiando una y otra vez el régimen de condiciones de la industria fotovoltaica, lo que ha hecho huir a muchos inversores internacionales que ven en España un campo administrativamente minado, en el que el capricho del gobierno puede dar al traste con cualquier intento serio de planificación empresarial; se ha hecho un enorme daño al sector eólico marino, desarrollado en el norte de Europa, y paralizado en España desde 2008, cuando se publicó un Real Decreto que el gobierno no ha querido desarrollar ante la incrédula mirada de numerosos inversores internacionales que todavía no entienden cómo se pueden adquirir compromisos legislativos en 2008 y cuatro años después no haber movido un dedo y haber incumplido todas las previsiones; se ha generado un daño irreparable en la imagen de España como país civilizado cuando ayuntamientos, CCAA y gobierno central han sido incapaces de gestionar el urbanismo litoral haciendo cumplir la Ley de Costas sin perjudicar a nadie: la corrupción instalada en muchos de los primeros, la indolencia cómplice de las segundas y la incapacidad del tercero de tomar medidas, maniatado por un sistema de organización territorial en el que a la Administración General del Estado le queda un mínimo margen de maniobra, ha dado lugar a una situación vergonzosa que ha afectado a miles de pequeños inversores europeos, que creían que en España, en Europa, tendrían una seguridad que en terceros países no era posible; se sufre permanentemente un desgaste de nuestra credibilidad cuando la distribución competencial que nos hemos dado no facilita las cosas a los administrados, sino que por el contrario induce a una ginkana administrativa, en la que la unidad de mercado es una quimera por la simple razón de que las condiciones impuestas a una misma iniciativa empresarial pueden ser radicalmente distintas de una Comunidad Autónoma a otra; se hace un daño irreparable a nuestra economía cuando las Cajas de Ahorro se gestionan con criterios políticos y no técnicos, arrastrando a nuestro sistema financiero al borde de un abismo del que aún no hemos conseguido separarnos lo suficiente; se provocan problemas innecesarios y muy graves cuando se desmontan estructuras administrativas consolidadas, mediante esperpentos como el recientemente protagonizado por la Junta de Andalucía arrogándose competencias sobre el Guadalquivir, que el Tribunal Constitucional se ha visto obligado a reconducir; se dificulta tremendamente el desarrollo y la prosperidad cada vez que la tramitación de un Plan General de Ordenación Urbana se eterniza durante años como no ocurre en ningún país de los que funcionan...

Si a todo ello sumamos un sector público empresarial desproporcionado y antieconómico, del PSOE en Andalucía o del PP en Valencia, pues ambos aplican las mismas recetas, para no resolver los mismos problemas, es evidente que la clase política andaluza y española, o al menos los grandes partidos, no han puesto las cosas fáciles a la iniciativas generadoras de riqueza y estabilidad.

Se hace necesario devolver el sentido común a la acción de gobierno, y esto es algo que si no son capaces de hacer PP y PSOE, y hasta ahora se han mostrado incapaces, alguien tendrá que venir a hacer, o hacer que hagan.

domingo, 29 de mayo de 2011

Progresismo real

Hace unos días una amiga me preguntó si UPyD era de izquierdas o de derechas. Empecé a esbozar mis manidos argumentos sobre la transversalidad y lo trasnochado de estos conceptos, cuando me cortó y me inquirió, “no, si ese rollo ya me lo sé, te pregunto si la gente de UPyD, con los que tú te tratas, son de derechas o de izquierdas”. La verdad es que la pregunta tiene su cosa, en el fondo lo que quería saber es si en UPyD hay más fachillas o rojillos, más rancios o progres, más pijos o hippies, más exvotantes del PP o del PSOE, porque desgraciadamente bajo estas absurdas etiquetas con las que la sociedad encasilla sociológicamente al personal, se encuentran las claves de muchas de las cosas que pasan en nuestra política, especialmente cuando hay elecciones.

Lo cierto es que el planteamiento me ha invitado a reflexionar sobre conceptos como conservadurismo y progresismo, no desde su perspectiva política, sino psicológica. Para ello lo mejor es tirar de la etimología de los términos: es de sentido común considerar al conservador como aquel más preocupado por conservar, por mantener un estado de cosas que considera aceptable que por mejorarlo, y progresista aquel más preocupado por cambiar las cosas para pasar a una situación mejor, por avanzar. Como entiendo que el egoísmo, la generosidad o el sentimiento colectivo no es patrimonio de uno u otro perfil psicológico, admitiré que tanto entre los primeros como entre los segundos hay personas que esa preocupación la trasladan al conjunto de la sociedad, mientras otras la conciben desde una perspectiva únicamente individual.

Desde luego, me niego a considerar que la maldad o la bondad tienen algo que ver con esto. Hay quien no duda en afirmar que la bondad y la maldad humanas, aunque puedan encontrarse casi en cualquier parte, no se reparten por igual entre ambos grupos. Tengo la certeza de que no es así, de que nada tienen que ver.

Lo que sí influye de forma evidente es la edad. Ya sabemos que hay excepciones que confirman la regla, pero evidentemente es más difícil encontrar un conservador con 22 años que con 70 y viceversa. La propia necesidad de autoafirmación, de crecimiento personal, el propio ciclo de la vida humana dificulta ser conservador con 22 años, aunque haberlos hay los.

¿Y la clase social, el estatus económico, tienen algo que ver? Pienso que muy poco. En ciertos momentos puede ser un acicate, un catalizador de la rebeldía, pero nada más que eso. La resignación y el conformismo, la aceptación de las circunstancias, la adaptación al “esto es lo que hay”, la desidia intelectual del inmovilista no es cosa de ricos ni de pobres. De hecho el mismo conservadurismo alienta al paisano andaluz rural, votante del PSOE, que no se pierde su diario rito de “misa” laica de las siete, con partida de cartas, cerveza y tapa en la casa del pueblo, y que teme perder su estatus, sus ayudas familiares, la beca de sus hijos, su subsidio agrario, los “derechos conquistados tras décadas de injusticia social”, que a ese notario de capital, sexagenario, votante del PP, que teme que cambien las cosas de tal manera que pueda peligrar su capacidad adquisitiva, la que le permite mantener su estatus, su automóvil de 60.000 €, su partida de golf de los sábados, su asistenta interna boliviana y la compulsiva necesidad de bolsos y zapatos de marca de su señora. Ya sé que ambos personajes no representan a los votantes del PSOE y del PP, son sólo dos caricaturas, extremas, que sólo he usado para dibujar el conservadurismo sociológico.

Lo cierto es que el mundo rural siempre ha sido conservador y el urbano progresista. Los cambios sociales importantes, las revoluciones, los movimientos culturales se han gestado en las ciudades. Y así sigue siendo, una parte de la ciudadanía que ahora ha votado al PP, sobre todo en las ciudades, lo ha hecho desde un sentido progresista, desde la necesidad de cambiar las cosas que olían mal, esa misma necesidad que en el año 82 aupó al gobierno a Felipe González y el partido socialista, llevado en volandas por una sociedad progresista que necesitaba un “cambio” (acertado eslogan de campaña elegido por el PSOE). El campo sigue aferrado a la seguridad, al miedo al cambio, ese miedo atávico que quizá antaño ante las malas cosechas y la climatología adversa, propiciaba el guardar, el conservar como única salvaguarda.

Pese a ello, lo cierto es que tanto PP como PSOE han demostrado que hoy en día son partidos conservadores, más preocupados por mantener los privilegios asociados al poder (control de la Justicia, de las Cajas de Ahorro, de la Ley Electoral, de la opacidad en la financiación de los partidos, de los mecanismos que han permitido a ambos tejer una red clientelar interna y externa que tan excelente réditos electorales aporta…), que por mejorar la vida de los españoles. Lo cierto es que hasta los nuevos votantes “progresistas” del PP, han sido bastante conservadores en su apuesta: “queremos cambios, pero dentro de un orden”. De hecho un análisis político de lo que significa progresismo o conservadurismo desde una perspectiva política real, al menos en la España actual, no se soporta de ninguna forma. Ningún partido de “derechas” europeo cuestiona el estado del bienestar, los derechos sociales alcanzados, desde un liberalismo salvaje y ninguno de “izquierdas” plantea poner freno al motor privado de la economía mediante un intervencionismo igual de salvaje. Aunque en España ambos partidos practiquen la permanente representación de la diferencia, nos intenten llevar al discurso maniqueo, caricaturizando al oponente y sus ideas de esa forma y con simplismos como el que me he atrevido a hacer antes, lo cierto es que tienen muy claro que en lo importante (para ellos), están de acuerdo y deben seguir estándolo. Lo cierto es que ambos quieren mantener su estatus y una sociedad dócil. Ambos están igual de preocupados por los cambios, por el despertar que pueda surgir del movimiento 15M, y por supuesto igual de preocupados por la existencia de UPyD, tan asustados ante los cambios como el notario y el agricultor subsidiado.

Por lo tanto, y volviendo al principio ¿cómo es la gente de UPyD?, pues evidentemente progresista. Progresistas de verdad, porque somos reflexivos, porque sobretodo somos librepensadores que no necesitamos una etiqueta para reconocernos. De hecho nos sentimos obligados a reconocernos cada día, porque cada día sometemos al tamiz del intelecto nuestras propias convicciones, nos lo replanteamos todo, hemos sustituido nuestras verdades absolutas por análisis crítico de todas las cosas. Por supuesto es más cómodo deambular por la vida sabiendo que eres del Betis, del Madrid o del Barcelona, sin plantearte por qué, sabiendo que eres católico o musulmán sin cuestionarte las razones, sabiendo que te sientes español, andaluz, gallego o vasco, sin pensar en lo que ello significa, y por supuesto creyendo saber que eres progresista, liberal o conservador, y que votas cuando toca religiosamente a unas siglas que con ello identificas, porque votas a los “tuyos”, sin titubeos. Claro que es más cómodo. Pero hay ciudadanos que tenemos la terrible necesidad de pensar y hacerlo sin ataduras ni convencionalismos, que sólo tenemos inmóviles los principios, que seguimos creyendo en el ser humano y en la utopía, esa utopía secuestrada por los funcionarios del negociado de sueños dentro de un orden que cantaba Serrat.

Estos ciudadanos, buena parte de los cuales nos hemos encontrado en UPyD y no de acampada en las plazas, porque nos hemos dado cuenta de la necesidad tres años antes y porque sabemos que para cambiar lo que no funciona en el sistema hay que formar parte del mismo, sólo estamos empezando un camino, asentado las piedras y desbrozando la maleza para que otros lo transiten después. Somos albañiles que ya hemos levantado los cimientos y paredes de un edificio en el que ahora estamos poniendo el techo bajo una molesta lluvia que nos moja. Somos conscientes de que muchos están esperando para entrar cuando el edificio sea confortable. No nos importa en absoluto, porque tenemos claro que lo importante no es el edificio, es el camino y sobre todo la necesidad de andar permanentemente, de avanzar, de progresar. Una vez creado el hábito nada será como antes.

Hemos sustituido las ideologías, que deben quedar sólo para los libros de historia y la wikipedia, por las ideas, ideas que permitan progresar a nuestra sociedad. Los escépticos se acabarán dando cuenta de que hemos creado un instrumento, un instrumento que permita a los ciudadanos recuperar el control de la política y de los políticos.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Tópicos

El Gobierno andaluz ha presentado esta semana la iniciativa 'Andalucía 10', compuesta por un conjunto de acciones con las que se pretende mostrar en el contexto nacional y europeo la realidad de la comunidad autónoma, alejada de los tópicos. La campaña ha sido presentada en Madrid y encargada a una empresa de comunicación catalana.

Al Partido Popular no se le ha ocurrido otra cosa para criticar al gobierno andaluz que preguntarse por qué se ha encargado la campaña a una empresa catalana en vez de andaluza. Quizá haya que recordar al señor Arenas que en España es inconstitucional que el domicilio social del contratista sea un criterio a tener en cuenta en los procedimientos de contratación pública. Ya sabemos que existen múltiples fórmulas para burlar este precepto y que la Ley de Contratos del Sector Público tiene tantas grietas que suele ser desgraciadamente muy sencillo aplicar la discrecionalidad para contratar a quien se desee, pero asusta pensar que al eterno partido de la oposición eso sea lo que le preocupe. Este es el partido con sentido de Estado y carácter nacional que nos va a sacar de la crisis, para temblar...

Lo del PP asusta, pero lo del PSOE entristece. Nada más ni nada menos que una campaña publicitaria para combatir los tópicos sobre Andalucía y mejorar su imagen. Los ideólogos del partido, esos de la incontinencia publicitaria y el escaparate han decidido trasladar la receta que tan buenos resultados les ha dado hasta la fecha para la promoción del PSOE y sus gobiernos, a la promoción de todos los andaluces y nuestra Comunidad Autónoma. Estamos salvados, a falta de ideas, de propuestas eficaces, propaganda.

Y es que estos cretinos no se han parado a pensar eso de que Excusatio non petita, accusatio manifesta. Darle carta de naturaleza a los tópicos de los andaluces es aceptar que algo tienen de cierto, y nada más lejos de la realidad. Los andaluces, por lo menos la mayor parte de ellos, no tienen que demostrar nada, lo que tienen que hacer es salir del pozo en el que cuarenta años de franquismo y treinta de socialismo democrático les han hundido.

Lo que tiene que hacer el gobierno andaluz, o mejor aún, lo que tenía que haber hecho, es haber puesto los medios para que Andalucía no estuviera en el furgón de cola del fracaso escolar, para que no duplicáramos la tasa de paro de otras comunidades autónomas españolas, para que ser empresario en Andalucía fuera más fácil que ser empleado público…

Esta campaña es el fiel reflejo del complejo congénito del pueblo andaluz, el nos obliga a justificarnos permanentemente, a caer bien forzadamente, a ser simpáticos incluso cuando las cosas no tienen gracia…, pero sobre todo es la demostración evidente de la mala conciencia del aparato socialista, que sabe perfectamente, como el estudiante mal aplicado, como el marido infiel, que lo ha hecho mal, y el ponerse a la defensiva y el disimulo es el único recurso que le queda.

Y por cierto, señor Griñán, si han sido las últimas palabras de Puigcercos o las anteriores de Esperanza Aguirre, las que le han movido a esto, ya debería saber que paletos hay en todas partes, y que esa enfermedad sólo se cura viajando.

¡Si en España pudiéramos crear un Erasmus autonómico obligatorio en secundaria, algo para lo que evidentemente no tenemos dinero, de cuantos males nos libraríamos unos y otros…!

lunes, 27 de septiembre de 2010

Farándula, cultura y política

“Yo no maldigo mi suerte, porque minero nací, aunque me ronde la muerte, no tengo miedo a morir …”, así se expresaba en 1955 Antonio Molina uno de los más grandes cantantes que ha dado este país. No se me ocurre una forma mejor y ciertamente bella de manifestación del conformismo, de la docilidad, de la resignación y de defensa de los valores del régimen político que los españoles padecíamos en 1955.

No es desde luego el único ejemplo, el poema Trigo Limpio de Rafael de León, que Pepe Pinto interpretó con enorme éxito en 1950, ha pasado a la historia como posiblemente la más brutal escenificación del machismo reinante en la España nacionalcatólica de la época.

Ni Pepe Pinto, ni Antonio Molina, ni ninguno de los grandes artistas de la copla que triunfaron en los 40, 50 o 60 sentían ninguna necesidad de denunciar las injusticias del régimen franquista. Muy al contrario, formaban parte de un sistema al que estaban perfectamente adaptados. No tiene sentido morder la mano que te da de comer, pensarían aquellos artistas españoles de mitad de siglo XX. Siempre es más fácil vivir conforme a los cánones establecidos, formar parte del rebaño y aprovechar las ventajas que inevitablemente proporciona el apego al poder.

También el Nuevo Estado (como por entonces se denominaba al régimen de Franco), sintió una inmediata preocupación por la industria cinematográfica, cuya incidencia política y social era especialmente importante. Por eso, desde 1940, se dedicó a estimularla, mediante distintos sistemas proteccionistas, que cineastas como Florián Rey, Benito Perojo, o Edgar Neville supieron aprovechar.

Al régimen de Franco le llegó su hora. Llegó un momento en el que la necesidad de libertad era tal, la atmósfera tan irrespirable, que el mundo de la cultura acabó reaccionando. Entonces aprendimos que “si yo tiro fuerte por aquí y tú tiras fuerte por allí, seguro que cae, cae, cae, y podremos liberarnos”, aprendimos que “este país no necesita palo largo y mano dura para evitar lo peor”, que "en la planta 14 el chófer del patrón se sentía desplazado, que era un hombre prudente, bien domado”… Y en el cine nombres como Luis García Berlanga, Elías Querejeta o Basilio Martin Patino supieron y quisieron denunciar lo denunciable, burlando la censura de la época y arriesgando.

A estas reflexiones me lleva el acto que ayer reunió al grupo de la ceja, esos que por excesiva extensión los medios de comunicación denominan “el mundo de la cultura”, en torno a los sindicatos convocantes de la pseudohuelga general del día 29. Cantantes y actores, que llevan varios años mostrando pública y notoriamente su apoyo a una forma de hacer política que les va bien, pues también ellos han sabido adaptarse al sistema (hasta tal punto que han colocado a una de los suyos en un Ministerio), artistas que no tienen necesidad de denunciar nada, que se consideran progresistas, aunque lo único que les preocupa es conservar lo conseguido, sin ningún interés porque nuestra democracia progrese. Siguen anclados en los viejos postulados de la lucha de clases, argumento vácuo ya superado en la Europa del siglo XXI. Lo que era necesaria rebeldía en los 70 hoy no es más que trasnochada melancolía, consignas y etiquetas. Ya no existe la canción protesta, la han sustituido por las reuniones de respaldo.

Forman parte de la cultura oficial, y permanecen impávidos entorno al pesebre de un rancio conservadurismo. Igual que la niña Marisol, el engendro del régimen franquista que Doña Carmen Polo llevaba a los jardines del Pardo a jugar con sus nietas y tomar chocolate, igual que las flamencas de los sesenta que se buscaban la vida en los saraos nocturnos ante gobernadores civiles y ministros, los actuales pastelean en los centenares de despachos del poder, contratando giras, firmando compromisos de aceptación de subvenciones o montando plataformas de apoyo a ZP. Con su sindicato vertical, la SGAE, andan por ahí, custodiando la doctrina de la fe en este sistema y en la sectaria ideologización con la que filtran la realidad.

Lo más triste es reconocer que no sienten la necesidad de denunciar, de criticar nada. Han perdido la sensibilidad, ya ningún estímulo despierta la rebeldía. Ya sabemos que la España de 2010 no es la de 1975, ni tenemos los mismos problemas, ni cabe esperar las mismas reacciones, no sería de recibo caer en esa demagogia. Pero en la España de 2010, tras más de 30 años de democracia imperfecta, hay muchas cosas por arreglar, mucho por lo que quejarse. En un país con más de cuatro millones de parados, con una tasa de paro que duplica a la media de europea, donde el voto de los ciudadanos no vale lo mismo en todas partes, donde los privilegios fiscales de determinados territorios se han consagrado, donde la justicia no es libre ni independiente del poder político, donde la educación es la peor de Europa y se ha convertido en un arma al servicio de los nacionalismos uniformadores, y donde una administración gigantesca, desproporcionada, multiplicada por 17, lastra cualquier posibilidad de progreso real, al mundo de la “cultura” no se le oye. Ni están, ni se les espera.
Si se calla el cantor, calla la vida¸ cantaba Mercedes Sosa, pero aquí hace demasiado tiempo que están callados, que sólo abren la boca para adular o para llamar delincuentes comunes a los presos de conciencia cubanos. Ya sólo les queda decirnos que no maldigamos nuestra suerte, que ciudadanos de España nacimos y que no hace falta que aspiremos a más, como hace 60 años le decían a la pobre de Maria Manuela, cuando se quería poner guapa.



jueves, 15 de julio de 2010

CARTA ABIERTA A CLARO SÁNCHEZ ALTARRIBA, PRESO DE CONCIENCIA CUBANO

Querido amigo Claro:

Ni me conoces, ni te conozco, pero te siento cerca y me permito tratarte como a un amigo.

Considera estas líneas una confesión, laica pero una confesión al fin y al cabo. Y no es que tenga un sentimiento de culpa, ni la mala conciencia del pecador redimido. Quizá sea más bien el reconocimiento postrero de una enseñanza vital, de un crecimiento personal.

Confieso que hace apenas 15 años, en el fervor veinteañero, el abajo firmante defendía con denuedo y vehemencia al régimen cubano. Esgrimía en tertulias y debates con amigos y compañeros de Facultad todas las razones que justificaran su existencia y su bondad. Argumentos me sobraban: el índice de desarrollo humano de la ONU siempre ha dado a Cuba una nada desdeñable posición, su educación, su sanidad, su esperanza de vida, con niveles objetivos muy por encima de su entorno, el bloqueo comercial norteamericano…, entre otras muchas razones me animaban a pensar que las dificultades económicas de Cuba eran un precio más que razonable por conseguir una sociedad justa y solidaria, y que a fin de cuentas, considerando la situación del resto de Centroamérica, si en Europa teníamos que preocuparnos por algo, no sería precisamente por Cuba y su gente.

Confieso que aún tengo entre mis canciones preferidas esa que cantaba Victor Jara que decía “si yo a Cuba, le cantara, le cantara una canción, tendría que ser un son, un son revolucionario…”

Quizá sea eso que dicen de que el que con dieciocho años no ha sido comunista es que no tiene corazón, y el que a los cuarenta lo sigue siendo, no tiene cerebro…. Yo creo que más bien se trata de la estúpida manía que tengo de pensar libremente, de no ser esclavo de mis propias convicciones, de analizar y razonar por defecto todas y cada una de las realidades o pararrealidades con que la vida nos enfrenta. Quizá se trate simplemente de que en aquella época me encontraba inspirado por el principio de Maquiavelo de que el fin justifica los medios: por la alimentación, la sanidad y la educación, bien se podía pagar el precio de la libertad. No lo sé, pero lo cierto es que me siento muy orgulloso de haber tenido esas convicciones, esas seguridades, esas inquietudes, cuando las tuve que tener.

Confieso que siempre me decía: “ojalá tenga la oportunidad de conocer Cuba antes de que en La Habana abran el primer Mc Donalds”. Y efectivamente tuve la oportunidad de visitar Cuba allá por el 2003. Decidí ser un viajero además de un turista, y crucé media Isla con un coche alquilado (viajero pero demasiado comodón como para probar el transporte público cubano). Entonces tuve la enorme fortuna de conocer a un pueblo ejemplar, culto y entrañable (disculpa el lapsus, me he autoimpuesto no concederle a los pueblos entidad de sujeto -si vivieras en España me entenderías-, me refiero al conjunto de seres humanos, de personas, de ciudadanos que habitan la Isla de Cuba y comparten una cultura y un pasado común), conocí el sentido real de la palabra solidaridad, base sobre la que se sustenta el sistema de transporte de viajeros en Cuba, no fueron menos de 40 personas las que pude recoger en distintos cruces de caminos en mi auto de turista rico, con aire acondicionado y depósito lleno, para ayudarlos a avanzar algunas decenas de kilómetros en su lento peregrinar, todos ellos me enseñaron algo, hablé con los dueños de los paladares en los que me alojé, admiré la dignidad con la que la Cuba rural afronta las necesidades, con esa mezcla de ingenio, trabajo y resignación, admiré los grupos de niños y niñas que uniformados iban a la escuela en cada aldea, en cada pueblo, disfruté de la fiesta sanjuanera en Trinidad, y por un momento dejé de sentirme un turista cuando conseguí que me vendieran cerveza a granel a precio de cubano, no de turista español, desde un camión de feriante con un remolque de hojalata, poniéndome en la fila como el resto de la gente, con mi más humilde camiseta y sin abrir la boca para no despertar sospecha…

Un trozo de mí se quedó en Cuba, y un trozo de Cuba me traje conmigo para siempre, y ahora puedo decir reflexiva y racionalmente, sin apasionamiento ni vehemencia febril, que el fin jamás justifica los medios, que la educación sin libertad no es más que adoctrinamiento, que la salud sin libertad no es más que control sanitario, que el trabajo sin libertad es sólo esclavitud, que la justicia sin libertad es injusta, que la vida sin libertad es triste, sombría, que hasta la comida, la gastronomía sin libertad, no es más que nutrición, y discúlpame, Claro, por esta frívola alusión a la gastronomía, pero no puedo dejar de pensar en los trasnochados defensores que el régimen castrista tiene entre ciertos cómicos, sindicalistas e intelectuales de izquierdas españoles, esos que aprovechan cualquier ocasión para defender a los Castro y te consideran un delincuente y que lo hacen sin renunciar a sus cenas en restaurantes españoles en los que se dejan en una sentada una cantidad con la que en Cuba viviría una familia durante dos meses, esos que no tienen que comer a diario arroz o frijoles, y no consideran en el pollo o el cerdo, un manjar para ocasiones especiales.

Cuba necesita la libertad como al aire para respirar, tenéis derecho a decidir, incluso a equivocaros con vuestras elecciones (en España sabemos mucho de eso), tenéis que andar ese camino, y sólo lo podéis hacer vosotros. Tengo el convencimiento absoluto de que lo haréis pacífica y serenamente, y es que aunque con el objetivo de adoctrinar, el sistema educativo del régimen cubano, inevitablemente y sin pretenderlo ha propiciado la introducción en su gente de la semilla de la cultura, el pensamiento, la razón. Si una sociedad es capaz de reflexionar, debatir, acordar, encontrar consensos, esa será una sociedad culta como la cubana, no me cabe la menor duda.

Hoy, querido Claro, tengo que animarte a ti y al resto de tus compañeros presos a que nos desfallezcáis, a que sigáis soportando ese personal sacrificio en defensa de la libertad de los cubanos. Estar preso por opinar diferente, disentir, creer en la democracia... Posiblemente no haya empresa humana que merezca más la pena. Sois un ejemplo a seguir, y no dudes que la recompensa llegará más pronto que tarde. Estás preso por lo que piensas y lo que dices, por defender pacíficamente un cambio de gobierno en tu país, algo por lo que en las sociedades democráticas y libres nadie tiene que preocuparse.

Y además os tenéis que sentir orgullosos cada día de no haber caído en la tentación de recurrir a la violencia para defender la justicia, de no olvidar que vosotros “no sois guajiros, vuestra sierra es la elección”. A ella llegaréis gracias al generoso sacrificio de hombres como tú.

Un fuerte abrazo,

lunes, 14 de junio de 2010

EL DILEMA DE LA FUNCIÓN PÚBLICA

Es un hecho que corren tiempos difíciles para los funcionarios. Los empleados públicos cargan ahora con dos cruces, la histórica, esa del saberse objeto de crítica permanente por parte de la sociedad, inspiración de 40 años de humor de Forges, lugar común de conversaciones de ciudadanos cabreados…, y la recurrente, esa que hace que cuando los dineros de la cosa pública escasean, sean el eslabón más débil, el blanco fácil del ajuste, de la congelación salarial, o cómo en esta última andanada, del tijeretazo retributivo.

Esta segunda cruz la están sobrellevando con una dignidad inusual. El rotundo fracaso de la reciente convocatoria de huelga parece una muestra de ello. Sea por anticipado derrotismo, mala conciencia ante lo que está cayendo en el mercado libre, auténtica solidaridad y sentido ciudadano o simple interés económico por no perder un día de sueldo, lo cierto es que los sindicatos se han dado de bruces con una realidad que no esperaban.

La primera cruz también la soportan estoicamente sin muchos problemas, unos porque ya tienen la herida encallada, y las críticas resbalan sobre ella como gotas de agua sobre aceitosa indiferencia, y otros porque su trabajo, nivel de compromiso y profesionalidad les permiten tener la conciencia tranquila.

Es innegable que la gestión del trabajo público no es ni comparable con la gestión del trabajo en la empresa privada. Para desarrollar las mismas tareas, en la empresa privada se requieren muchos menos recursos. Ésta no se puede permitir el continuo escaqueo de un trabajador vago, y menos aún a un gerente incompetente, pues está sujeta a las crueles reglas del mercado. El mercado autorregula la incompetencia y la ineficiencia: un inútil para un determinado puesto puede permanecer un tiempo en el mismo, pero finalmente saltarán mecanismos de ajuste, internos en empresas con gestión profesional, o externos en empresas familiares o personalistas, que desembocarán en el mismo resultado. En la gestión de lo público estas correcciones naturales jamás van a darse, sencillamente porque las reglas del juego son otras. En esas reglas palabras como rendimiento, profesionalidad, eficacia, productividad, no tienen ningún sentido. Posiblemente otras muy distintas como docilidad, mediocridad, conformismo, son las claves de la adaptación al medio. Excelentes profesionales, absolutamente capaces y trabajadores, tras unos años en ese ambiente se habrán perdido para siempre.

Que lo público no funciona como debiera es un hecho, y que hay mucho neoliberal encantado con que siga sin funcionar, también. Las causas de algo tan evidente son varias, pero la principal es la libertad y la independencia que confiere el carácter vitalicio de la función pública. La impunidad y la seguridad de que ante la ineptitud no existirán represalias ni consecuencias, la ausencia de los mecanismos de control que sí se dan en el sector privado, hacen que este mal sea endémico y de difícil solución.

Y es de muy difícil solución porque lo cierto es que no podemos renunciar al carácter vitalicio y a la impunidad del puesto del funcionario, por la sencilla razón de que detrás de ellos no hay empresarios, que tienen el único, claro y legítimo interés de ganar dinero conforme a las reglas del mercado y la ley, sino políticos que tienen casi siempre y entre otros menos confesables, el poco claro interés de medrar, ganar elecciones y mantener el tipo, al margen del interés general, conforme a las reglas de la partidocracia y en muchos casos pasando por encima de la Ley. De hecho esa libertad e independencia del funcionario, esa seguridad de saberse servidores del Estado (en cualquiera de sus formas), y no de la fuerza política que coyunturalmente tenga el poder, sigue siendo una pesadilla para muchos políticos, un contrapoder al que no podemos renunciar. Ya se han encargado los políticos de idear fórmulas -empresas públicas, cargos de confianza, asesores, interinos digitales, subcontrataciones, externalizaciones, promociones y arrinconamientos, entre otras muchas-, para salvar esta incómoda independencia. En Andalucía los inspectores urbanísticos, los agentes de medio ambiente y otros funcionarios conocen en sus carnes lo que significan estos intentos de mangonear desde el poder político la independencia del funcionario. Y es que es mucho más cómodo tener comisarios políticos elegidos a dedo que jefes de servicio puestos en el cargo por el mérito y la capacidad.

Y éste es el drama en el que nos encontramos: la misma libertad que el funcionario necesita para poder servir al Estado y no al partido que gobierna, para no estar expuesto al capricho y la arbitrariedad del que manda, la mitad de los funcionarios la aprovechan para vivir relajadamente gracias a un examen que un día aprobaron, convencidos de que con ello ya se merecen el sueldo, mientras la otra mitad hace su trabajo y el de los “otros”, digna y profesionalmente, aguantando chistes, tijeretazos e infamias, y sobre todo aguantando todos los días a sus compañeros insolidarios, en la resignación de que difícilmente nadie va a reconocer las diferencias. En la empresa privada los segundos serían recompensados y los primeros no durarían un día, porque ésta no se lo puede permitir, y el empresario debe tener, le cueste 45 o 20 días, la posibilidad de erradicar al improductivo, al flojo, al malo… Si esta misma libertad la tuviera el político ibérico, ¿alguien duda de cómo la usaría?

Como dice Concha Moliner en su desgarrador artículo “Tiempos Difíciles“ (1) “Mantener una actitud de servicio público es duro para los empleados públicos cuando sufren los desaciertos, la ignorancia y la prepotencia de muchos responsables políticos. Está a la orden del día, que se obsesionen con la caza y captura de los signos políticos de sus trabajadores, buscando infieles, rebeldes y traidores ...Es frecuente que los más competentes, entregados y cualificados tengan serias dificultades porque el conocimiento, el rigor y la lealtad con el servicio público, que poco tiene que ver con el boato, el aplauso y las luces de colores, son molestos pues no se pliegan a los caprichos del “iluminado de turno”… Los servicios públicos deberían ser más eficaces y eficientes, deberían gozar de mejor organización y calidad. La ciudadanía debería exigir a sus representantes políticos que así fuese, debería exigir cuentas y responsabilidades pues es su dinero el que los sustenta. Si lo hiciera se darían cuenta de que los empleados públicos, los más, no somos gente a denostar sino profesiones con clara vocación de buen hacer para el bien común, o sea, los ciudadanos”.

La ineficacia de lo público es una cuestión por resolver, una de las debilidades de la economía española. Medidas como auditorías externas para la valoración del desempeño, el establecimiento de mejoras del sistema retributivo mediante la incorporación de incentivos en función de objetivos de producción imparciales, que no necesariamente han de ser económicos, pues el Estado a diferencia de las empresas privadas no está para ganar dinero, sino para prestar sin despilfarros un servicio de calidad a los ciudadanos, y otras similares pueden ir en la dirección adecuada.

En cualquier caso la solución vendrá de la mano de un partido que como UPyD se considere y se sienta libre e independiente y de los funcionarios que aún tienen conciencia de ser servidores públicos, que no han perdido la vergüenza ni la moral. En ellos deben encontrarse los resortes para cambiar las cosas.


(1) http://www.upyd.es/web_medida/plantilla_general/secciones/plantilla.jsp?seccion=103¬icia=40207




jueves, 8 de octubre de 2009

Esta noche he tenido un sueño

No sé si ha sido la visión de los apretones de Gallardón a Zapatero en el brazo, cuando conocieron que la candidatura olímpica de Madrid pasaba victoriosa la segunda votación en Copenhague, o si habrán sido sus besos a Esperanza Aguirre en esos efímeros momentos de euforia. Quizá haya sido el simple hecho de ver a Rajoy y Zapatero en la misma bancada, trabajando codo a codo por un objetivo común…. Y el rey, todos en el mismo equipo.

Posiblemente ha podido influir esa sensación de unidad nacional que la atención mediática puesta en la malograda aventura olímpica de Madrid nos ha transmitido a todos sin quererlo. Tanta gente en la calle, tanto pueblo español pendiente de televisores y aparatos de radio… Un solo objetivo, y una unidad, al menos aparente, sin fisuras, que cuanto menos reconfortaba el espíritu por lo extraña.

¿O habrá sido la imagen que todavía guardo en la retina de la reunión que esta misma semana mantuvieron el Ministro de Educación, Ángel Gabilondo, con Mª Dolores de Cospedal, para explorar la posibilidad de pactar la reforma del modelo educativo?

Quizá también ha podido tener algo que ver las palabras pronunciadas por nuestro eurodiputado el profesor Sosa Wagner, anteayer en el Ateneo Gaditano, al que tuve la oportunidad de escuchar. Esa referencia a Alemania, un estado donde saben que con las cosas importantes no se juega, donde han pactado entre todas las fuerzas políticas con representación significativa los cambios constitucionales que han estimado necesarios, con perspectiva de estado, federal, pero estado, con amplitud de miras.

Tampoco descarto que el ejercicio de racionalidad, mejorable, pero racionalidad a fin de cuentas si comparamos con la situación anterior, que desde hace unos meses nos están ofreciendo en Euskadi, tanto López como Basagoiti, me haya dejado un poso que ha permitido incrementar mi confianza en el ser humano, la esperanza de que todo es posible.

Sinceramente no lo sé, pero supongo que toda esa amalgama de visiones, recuerdos y sensaciones habrá influido para que esta noche haya disfrutado de un dulce sueño reparador y alentador. He soñado que el Gobierno del PSOE decidía iniciar conversaciones con el Partido Popular para buscar soluciones de consenso a la sangría de puestos de trabajo con la que la crisis se ha cebado en España, planteando soluciones desde la unidad y la racionalidad.

Por un momento pasaban a un segundo plano los intereses partidistas y priorizaban el bien de España, mejor dicho de los españoles, que a fin de cuenta son los que sienten y padecen, España, como ente abstracto que es, no hace ni lo uno ni lo otro, y mejor dicho aún de las personas que viven en este trozo de la vieja Europa, incluyendo a los nuevos españoles llegados en los últimos años de otras parte del mundo, que tanto han contribuido a enriquecernos culturalmente, mejorar nuestra economía y el nivel de bienestar durante los no tan lejanos años de bonanza.

En los escasos minutos que ha durado el sueño, y eso es lo que tienen los sueños, ha dado tiempo a que pactaran una justicia independiente, una nueva ley electoral que tenga en el ciudadano y no en el territorio el objeto de derecho, han acordado un modelo educativo basado en el mérito y la calidad, han tomado medidas para evitar el clientelismo, las relaciones de dependencia de los políticos con sus formaciones, han acordado desarrollar un cambio en las condiciones de los funcionarios para primar el mérito, la entrega y la profesionalidad, mejorando los salarios y condiciones laborales de los eficaces, y retirando del sistema a la parte parásita. Han acordado reducir las antiguas estructuras administrativas que lastran nuestro desarrollo, Diputaciones Provinciales y otros organismos y empresas públicas ineficientes y anquilosadas. Han decidido reconducir el modelo territorial con miras a mantener una necesaria descentralización administrativa sin duplicar estructuras ni generar reinos de taifas que rompen la unidad de mercado y utilizan ese sagrado sentimiento de pertenencia cultural con fines inconfesables. Han decidido volver a dar al individuo la libertad de expresarse en la lengua que le venga en gana, sin imposiciones, coacciones ni restricciones. Han llegado incluso a pactar que si hace falta tomarán medidas impopulares en relación con el agua o la energía, si los expertos las aconsejan como únicas soluciones viables.

El sueño ha acabado, como no podía ser de otra forma, con la disolución de Unión Progreso y Democracia, porque ya no éramos necesarios. Y efectivamente ha sido un sueño, no una pesadilla, porque nada puede ser más ansiado por un militante de esta fuerza política que los objetivos marcados se consigan, y digo que se consigan, no necesariamente que seamos nosotros los que los consigamos. Ya lo decimos en el último párrafo de nuestro Manifiesto Fundacional: “UPyD sólo aspira a existir mientras sea necesario para resolver los problemas que nos preocupan”. No puedo ni imaginarme lo que la disolución de su partido significaría para cualquier profesional de la política de los partidos tradicionales, un verdadero drama, una auténtica pesadilla, un ¿y ahora a qué me dedico?.

Pues bien, efectivamente ha sido un sueño, nada de esto va a pasar, seguimos siendo tremendamente necesarios, más que nunca. El lunes Zapatero, Rajoy, Aguirre, Gallardón, Pajines, Blancos y Cospedales volverán al circo, al teatro, con perdón para los cómicos, a seguir representando ese papel que también se les da, de servidores del interés general.