domingo, 23 de noviembre de 2014

UN AÑO EN EL CONSEJO DE DIRECCION DE UPyD

Justo en estos días se cumple un año de mi incorporación al Consejo de Dirección de UPyD, partido al que me afilié a los dos meses de su constitución en 2007, al que llevo dedicándole el escaso tiempo libre que mi trabajo y mi familia me dejan.

No sé si en estos días de tribulaciones, dimes y diretes, pretendidas crisis, mi relato puede interesar a alguien, pero yo siento la necesidad de hacerlo.

Era septiembre de 2013 cuando recibí la llamada de Rosa para pedirme ver en Madrid. Me encontraba disfrutando una semana de vacaciones en Navarra, pero no dudé en acceder a ella. Me escapé la mañana convenida, dejando a mis amigos y mi esposa con los que pasaba esos días en una casa rural de Íbero y la mantuvimos. Me ofreció formar parte de su candidatura al Consejo de Direccion que pensaba presentar en el II Congreso de UPyD que se celebraría en noviembre. Sin ninguna duda le agradecí su confianza y acepté el ofrecimiento.

Tras la proclamación del nuevo Consejo de Direccion, el sábado 2 de noviembre de 2013, por la tarde, mantuvimos la primera reunión. No me la esperaba. Menos aún me esperaba que el objeto de la misma fuera preparar el acto del día siguiente, y que Rosa nos pidiera opinión a todos sobre qué cosas creíamos que debería incluir en su discurso de clausura. Le dimos algunas ideas que apuntó con atención. Me sorprendió que Rosa, a la que creía autosuficiente en materia de discursos, tuviera ese gesto de humildad y mucho más la forma en que recogió los comentarios, con tanto interés y cuidado.

Un par de semanas después se produjo la primera convocatoria a una reunión del CD. En este punto debo reconocer que me encontraba muy preocupado. No preocupado por el papel que yo pudiera representar en él, no preocupado por decepcionar a Rosa, no preocupado por decepcionar a mis compañeros de Andalucía, no preocupado por no estar a la altura del órgano... Solo me preocupaba la posibilidad de descubrir algo que me decepcionara.

Acudí a la primera reunión del CD como habría entrado en la cocina del restaurante chino al que llevo yendo toda la vida. Con un miedo atroz a descubrir manos sucias tocando la comida, poca higiene y mala calidad en los productos, con pavor a reconocer haber vivido engañado durante siete años. Me aterrorizaba la idea de descubrir malas artes, impostura... Imaginarme que la sala de máquinas, las alcantarillas de mi partido, me pudieran cambiar para siempre mi visión sobre él me quitaba el sueño.

¿Ahora tendré que decidir si me trago mi idealismo? ¿Tendré que empezar a autoconvencerme de que el fin a veces justifica los medios? ¿Que el partido y su interés es prioritario al interés general? ¿Y si todo aquello que decimos de puertas para afuera es solo de puertas para afuera? ¿Me convencerán de que puede ser aceptable mirar para otro lado en determinadas circunstancias? ¿Me autoconvenceré de que para seguir ahí, en el puente de mando, no es un sacrificio tan grande taparme los ojos o la nariz alguna vez? ¿Cuánto duraré si digo lo que pienso?

Todas estas preguntas me atormentaban en esas primeras semanas....

Ha pasado ya un año y muchas reuniones, hemos decidido abrir expedientes disciplinarios, aprobar listas electorales, convocar procesos electorales internos, cambiar portavoces que se negaban a ser nuestra voz, hemos analizado resultados electorales, fijado posiciones políticas, marcado estrategias de comunicación, reaccionado ante traiciones inesperadas, discutido en torno a las crisis sobrevenidas..., y en todas esas reuniones jamás he tenido ningún problema moral, no he ocurrido nada de lo que temía. Al contrario, lo visto y conocido ha superado con creces mi nivel de exigencia ético. He aprendido que la democracia no es una forma más de tomar decisiones, es una forma de ser, algo esencial que o forma parte de los principios y las convicciones más profundas de las personas o no es. He aprendido que en democracia las formas, las reglas, no es que sean tan importantes como el fondo, es que son el fondo.

Siempre he salido de las reuniones con un pensamiento: "ojalá esta reunión la hubieran podido ver en directo, y sin que supiéramos que se retransmitía, todos los afiliados y todos los españoles".  Los primeros se sentirían muy orgullosos de que el barco de UPyD esté en estas manos y no otras, los segundos confiarían mucho más en un partido que no hace cuentas, ni pastelea, ni mercadea, ni compra o vende voluntades, que sólo tiene un propósito, regenerar la vida pública y ofrecer una oportunidad a España.. Ni se imaginarían la calidad de la madera con la que están hechas estas personas, empezando por Rosa.

En las reuniones del CD se debate, se oyen todas las posiciones, se disiente, y se argumenta, y entre los argumentos jamás, jamás, se ha esgrimido la primera persona del singular por parte de nadie, el interés personal nunca ha formado parte de ninguna decisión. Es cierto que algún ex miembro del CD no solía debatir, no solía disentir, ni abundar demasiado en explicaciones, parcas intervenciones siempre favorables y adelante. El hombre gris pensaba para mis adentros. Menuda sorpresa. ¡La de ira que tenía guardada...!

Particularmente Rosa jamás ha apelado a su autoridad moral para que la acompañáramos en alguna decisión, y por supuesto a ningún otro tipo de autoridad. Siempre ha tratado de convencernos con argumentos, los mismos que expondría en un acto público y de la misma forma, desde sus convicciones democráticas y morales. Sí,  Rosa Díez es lo que parece, dice en privado lo que dice en público, transmite creer en privado lo que transmite creer en público. Quien pretenda ver impostura o actuación se equivoca. Algún taco se le escapa de vez en cuando, es la única diferencia. Bendita diferencia, es humana.

No sé si a alguien le servirá esto. Pero yo tenia que decirlo. Algunos pensaran que miento o exagero, los que me conocéis sabéis que nunca miento. Aunque quisiera no me sale.